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Economía

Cómo fue la "crisis de los tulipanes", la primera gran burbuja financiera de la historia mundial

Cómo fue la "crisis de los tulipanes", la primera gran burbuja financiera de la historia mundial

Es considerada la primera gran burbuja especulativa y hoy son varios los expertos que remiten a ese ejemplo para advertir sobre los peligros del bitcoin

20.05.2018 11.16hs Economía

En la secuela de la pelí­cula "Wall Street" que se estrenó en 2010, el personaje del inescrupuloso financista Gordon Gekko -famosamente interpretado por Michael Douglas- advierte sobre los peligros de la especulación financiera, usando como ejemplo "la peor burbuja de todos los tiempos".

"En los años 1600 los holandeses tuvieron fiebre especulativa hasta el punto de que se podí­a comprar una hermosa casa en el canal de ímsterdam por el precio de un bulbo", afirma Gekko, apuntando a unos tulipanes.

"Lo llamaron tulipomaní­a. Luego colapsó", agrega. "La gente fue aniquilada".

El personaje se estaba refiriendo a lo que también se conoció como la "crisis de los tulipanes", un fenómeno que se produjo en los Paí­ses Bajos en la primera mitad del siglo XVII.

Es ampliamente considerada la primera gran burbuja especulativa de todos los tiempos y hoy son varios los expertos que remiten a ese ejemplo para advertir sobre los peligros del bitcoin, la criptomoneda que más ha crecido en todo el mundo.

En noviembre pasado esta moneda virtual alcanzó valores récord, llegando a aumentar su precio en más de 1.200 por ciento.

Desde entonces, su valor ha fluctuado. Pero los más escépticos creen que ese repentino aumento de precio en un producto que no tiene valor intrí­nseco tiene todas las caracterí­sticas de una tulipomaní­a.

Aunque muchos usen ese ejemplo histórico lo cierto es que no hay un consenso sobre lo que realmente ocurrió durante la crisis de los tulipanes.

Algunas de las anécdotas más llamatias de la época señalan lo que dijo Gekko: que en las décadas de 1620 y 1630 los bulbos de esta flor llegaron a costar lo mismo que una casa.

En su libro de 1999 "Tulipomaní­a: La historia de la flor más codiciada del mundo y las pasiones extraordinarias que despertó", el historiador Mike Dash confirma este hecho.

Dash detalla que para 1637 un solo bulbo de una variedad llamada Semper Augustus llegó a costar 10.000 florines.

"Eso era suficiente para alimentar, vestir y alojar a toda una familia holandesa por media vida o para comprar una de las mejores casas en el canal más de moda de ímsterdam", señala el autor.

En cambio, otra de las anécdotas más coloridas de la crisis -que muchos quedaron en bancarrota y se lanzaron a los canales en desesperación cuando la burbuja de los tulipanes explotó- no parece tener tanto asidero.

El programa sobre economí­a "More or Less" de la BBC Radio 4, analizó la tulipomaní­a y llegó a la conclusión de que en realidad "hemos malinterpretado el comercio de los tulipanes", reseña BBC Mundo.

Según los periodistas Lizzy McNeill y Sachin Croker las investigaciones más recientes sugieren que "no fue una fiebre especulativa sino factores culturales los que hicieron que la gente valorara estas flores".

El programa entrevistó a la profesora de historia europea temprana Anne Goldgar, del King's College de Londres, quien explicó por qué se pusieron de moda algunos tipos de tulipanes.

"Después de cultivar un tulipán blanco durante nueve años, más o menos, de repente se verá rayado o moteado", explicó Goldgar. "Esto se debe a una enfermedad, pero la gente no sabí­a eso en ese momento".

"Realmente no sabí­as lo que iba a pasar con tus tulipanes y la gente amaba el hecho de que constantemente cambiaban".

En el siglo XVII los tulipanes -originalmente cultivados en el Imperio Otomano- eran algo nuevo en los Paí­ses Bajos y sus colores cambiantes los convirtieron en un producto codiciado por quienes valoraban lo estético y la moda.

Por otra parte, en un artí­culo escrito para la BBC, el crí­tico de arte del diario británico Daily Telegraph Alastair Sooke remarcó que "el creciente interés por los tulipanes coincidió con un perí­odo especialmente próspero en la historia de los Paí­ses Bajos".

"En el siglo XVII (Holanda) dominaba el comercio mundial y se convirtió en el paí­s más rico de Europa".

"Como resultado, no solo los ciudadanos aristocráticos, sino también los adinerados comerciantes e incluso los artesanos y comerciantes de la clase media de repente descubrieron que tení­an dinero extra para gastar en lujos como flores caras".

Goldgar mantiene que fue un interés cultural y una cuestión de status social -y no una especulación económica- lo que llevó a algunos a gastar fortunas en tulipanes.

Pero relativiza aquello de los precios alocados que se pagaron durante la tulipomaní­a.

"Solo encontré 37 personas que gastaron más de 400 florines en flores en esa época", contó, poniendo en contexto los 10.000 florines que llegaron a costar los tulipanes, según recogió Dash.

Además, la experta explicó que quienes pagaron las sumas más grandes eran coleccionistas de arte con mucho dinero para gastar.

"Las personas que compraban pinturas tendí­an a ser las mismas que compraban tulipanes".

Eso explica por qué uno de los principales mitos sobre esta burbuja financiera no es verdad: según Goldgar, nadie se arrojó a un canal por las pérdidas sufridas cuando se desplomó el precio de los tulipanes.

"De hecho, no pude encontrar a nadie que estuviera en bancarrota debido a la tulipomaní­a", señaló.

Lo que sí­ es cierto es que después de alcanzar niveles récord en 1636, el valor de los tulipanes cayó estrepitosamente en febrero de 1637.

Las causas, según esta profesora, fueron los temores de una sobredemanda y lo insostenible de un mercado que habí­a empezado como un hobby entre unos pocos amantes de la horticultura.

No obstante, Goldgar asegura que la explosión de la burbuja no afectó la economí­a de los Paí­ses Bajos, como sostienen otros expertos.

¿Por qué entonces se hizo tan famosa la supuesta fiebre especulativa del tulipán?

El responsable -o uno de ellos- parece haber sido un historiador escocés del siglo XIX llamado Charles Mackay, a quien le encantaban las historias sensacionalistas. Fue él quien popularizó el relato sobre la tulipomaní­a.

A Mackay no se lo tomó muy en serio como historiador. Sin embargo, sus coloridas crónicas han perdurado.

Irónicamente, el propio Mackay se vio envuelto en una verdadera maní­a especulativa: la burbuja ferroviaria británica de la década de 1840, que algunos estudiosos consideran la mayor burbuja tecnológica de la historia y uno de los mayores fracasos financieros.

Sin dudas, la historia de Mackay es una lección para todos: es muy fácil burlarse de las burbujas especulativas del pasado e incluso mofarse de la estupidez de quienes quedaron atrapados en ellas.

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