Wait and see: crece el debate sobre hasta dónde llegará la oposición de CFK a Macri en el Congreso
Wait and see: crece el debate sobre hasta dónde llegará la "vocación opositora" de CFK a Macri en el Congreso
Inmersos en las discusiones sobre cuáles son las encuestas más confiables y cuántos votos puede sacar cada candidato, los políticos y analistas dejaron en un segundo plano otro tema.
Uno que, posiblemente, sea el más relevante para los próximos dos años: qué hará Cristina Kirchner cuando ocupe su banca de senadora.
Porque si hay algo que nadie pone en duda es que, sea cual fuere el resultado de las elecciones -tanto las primarias de agosto como las legislativas de octubre- es que la líder del kirchnerismo volverá a estar en el Senado a partir de diciembre.El sistema electoral argentino asigna, en cada provincia, dos bancas al ganador y una a la primera minoría. Fue un sistema pactado en 1994 por Raúl Alfonsín con el entonces presidente Carlos Menem, que garantizaba que la Unión Cívica Radical no perdiera relevancia y pudiera controlar, al menos, un tercio de la cámara alta.Dado que las encuestas la ubican disputando el primer puesto con las listas oficialistas, Cristina tiene segura su banca. Por eso la incógnita pasa ahora a ser cómo será su "nueva versión" como senadora, en un contexto tan diferente del que regía durante sus primeros años de parlamentaria.Tras ocho años como presidenta y ostentando una influencia política que contradice todos los pronósticos de decadencia, está llamada a jugar un rol relevante en el tramo final de la gestión macrista.Pero nadie logra imaginar cuál es el plan que la propia expresidenta tiene sobre su futura actuación parlamentaria. Para empezar, está el interrogante de si irá todos los días o si hará como su fallecido esposo, Néstor Kirchner, que sólo pisó el Congreso dos veces: el día que juró como diputado y la sesión en que se aprobó el matrimonio gay.En todo caso, lo que es seguro es que su presencia, ya sea permanente o esporádica, cambiará el panorama legislativo, que pasará a tener el principal foco de atención política.
De acuerdo con los resultados más probables, Cristina pasará a dirigir en forma directa un bloque de 10 senadores y 70 diputados del "kirchnerismo puro".Aunque no es una fuerza que, por sí sola, pueda imponer su voluntad, sí es lo suficientemente relevante como para influir en la discusión, al punto de poder trabar iniciativas del Gobierno mediante alianzas con otros bloques opositores.Después de todo, el macrismo y sus aliados no contarían con más de 16 senadores y 100 diputados.Es ahí donde aparece la mayor incertidumbre post electoral: cuál será la actitud de Cristina y cómo su presencia podrá incidir sobre el capital que más aprecia todo presidente no peronista: la gobernabilidad. Conflicto de interesesCon Cristina en el Senado, la primera cuestión a dilucidar es la del relacionamiento intrapartidario: ¿mantendrá Cristina su discurso tolerante y amplio que mostró en la campaña electoral o se refugiará en los leales?O, dicho más directamente: ¿tratará de convertirse en un factor de unidad peronista o acelerará la ruptura con los gobernadores?Hasta ahora, la Cámara Alta fue la "garantía de gobernabilidad" de Mauricio Macri. Allí, más motivados por la billetera del Gobierno que por convicción política, los senadores peronistas -la mayoría de los cuales responde directamente a provincias con serios problemas financieros- dieron sus votos para impulsar la agenda oficial.Fue así que el macrismo logró aprobar por ley el acuerdo con los "fondos buitres", o como obtuvo apoyo para las leyes de presupuesto y también gracias a los senadores peronistas se frenó un intento kirchnerista de reducir el impuesto a las Ganancias.Gracias a ese pacto de gobernabilidad es que el macrismo se asegura que, aun en su situación de minoría parlamentaria, puede llevar adelante su agenda de reformas con chances de éxito relativamente altas.La misma incluye temas de fondo, que van a despertar resistencia en varios sectores sociales. Por lo pronto, los cambios laborales que se pretenden introducir anticipan duras negociaciones con los sindicatos.En paralelo, ya de cara a 2018, habrá discusiones sobre la reforma del sistema tributario. Si bien en principio todas las facciones aplauden los discursos a favor del alivio impositivo, la cosa deja de ser tan unánime cuando llega la hora de dilucidar cuál de las "cajas" se sacrificará más que otras.En ese contexto, una Cristina abiertamente opositora al Gobierno podría chocar con los gobernadores, que tienen responsabilidades de gestión y no pueden darse el lujo de confrontar con Macri al mismo tiempo que le piden asistencia económica.
La propia cuñada de la expresidenta, que sufre las penurias financieras de Santa Cruz, puede dar cuenta de ello.Pero, en el otro extremo, una postura negociadora con el macrismo sería totalmente contradictoria con su discurso, lo cual pone a Cristina en un dilema complicado. Una agenda "revisionista"Por lo pronto, lejos de apoyar las iniciativas macristas, Cristina esbozó la confección de una agenda parlamentaria propia que choca de frente con la política económica oficial.A juzgar por sus declaraciones preelectorales, la expresidenta se propone liderar desde el Congreso una resistencia a ajustes de precios que impacten en la canasta familiar. Por caso, el reciente incremento en combustibles y en la medicina prepaga.Sus declaraciones periodísticas fueron algo ambiguas, pero dio a entender que impulsaría una investigación parlamentaria respecto de la deuda soberana emitida por el Gobierno para financiarse en el exterior.
También insinuó que buscaría la manera de poner un límite a la política del Banco Central para generar deuda cuasi-fiscal vía la emisión de Lebacs.No aclaró Cristina cómo llevaría adelante estas propuestas sin violentar la carta orgánica del BCRA y sin que una revisión de deuda pueda incrementar el nivel de riesgo país, pero lo cierto es que el tema quedó planteado por quien será la principal líder opositora en el Congreso.Además, la candidata a diputada Fernanda Vallejos adelantó la idea de impulsar una ley que congele los despidos por un año. Esta iniciativa, muy parecida a la que ya votó el Congreso en 2016 e inmediatamente Macri vetó, va en sentido absolutamente opuesto a la filosofía de la reforma laboral en ciernes.Después de haber hecho del tema laboral uno de los ejes de su campaña -al punto que su acto de lanzamiento fue en una asamblea de trabajadores despedidos de Atucha en Zárate-, todo hace suponer que la actitud del bloque K bajo la conducción de Cristina será una férrea oposición a cualquier intento macrista por la flexibilización de los términos de contratación.Y es en este punto donde surge la otra gran duda para después del 10 de diciembre: ¿cuál será la actitud de Sergio Massa en el Congreso?El tigrense tiene también un dilema importante: una postura de oposición parlamentaria férrea que lo lleve a una alianza -o al menos una coincidencia- con Cristina puede jugarle en contra.
Primero, porque diluye el peso de su figura bajo la presencia dominante de la expresidenta y segundo, porque su imagen de presidenciable puede afectarse si abandona una postura que le aporte gobernabilidad a Macri.Pero es claro que tampoco permitirá Massa que Cristina tenga el protagonismo absoluto en el arco opositor, de manera que buscará también imponer una agenda propia que se diferencie tanto del oficialismo como del kirchnerismo. El Senado como plataforma y refugioPor otra parte, claro, está la cuestión electoral. El Senado podría ser para Cristina el escenario desde el cual lanzar su candidatura para un eventual regreso al poder en 2019.
Esto hace suponer que cada una de sus intervenciones estarán pensadas para que alcancen un máximo de repercusión en la opinión pública.Por cierto, también está la posibilidad opuesta: que la sobreexposición provoque un desgaste en su influencia y liderazgo.
A fin de cuentas, hasta ahora le resultó útil la estrategia de realizar apariciones dosificadas y dejar asentadas sus opiniones a través de comentarios en Twitter. Esto le garantizó siempre un fuerte impacto mediático, sin el riesgo de que un legislador macrista le pueda contestar.Lo cierto es que no eran pocos, en el propio kirchnerismo, los que creían que no era una buena idea su vuelta al Congreso.
Sostenían que, después de haber sido presidenta dos períodos y de haberse ganado su lugar en los libros de historia, no debía "rebajarse" a ocupar una banca y volver al debate con quienes le pueden enrostrar problemas de su gobierno y recordarle en la cara que las acusaciones de corrupción durante su gestión. Tampoco faltarán quienes le digan que el motivo de fondo por el cual quiso sentarse allí fue para tener fueros ante su situación judicial con sus tres procesos, más otras tres causas en las que está imputada.
De hecho, ese tema ya es uno de los argumentos electorales favoritos entre los candidatos macristas y hasta se ha llegado a insinuar que los mismos argumentos por los cuales se planteó el desafuero de Julio De Vido podrían replicarse con la expresidenta, que está procesada en tres causas por corrupción.En todo caso, lo que está garantizado es que los debates en el Senado volverán a ocupar el centro de la atención mediática.
Cristina no ha cultivado nunca el "bajo perfil" y resulta imposible imaginarla como uno de esos legisladores que asisten pasivamente a las sesiones sin intervenir ni contestar alusiones.Más bien al contrario, su sola presencia garantiza polémica tanto en las comisiones como en el recinto.
No sólo está asegurado el seguimiento mediático a cada una de sus intervenciones, sino que hasta puede preverse que en las barras haya presencia de la militancia, que como antes hicieron en los "patios militantes" de la Casa Rosada, expresen ahora en el Senado con cánticos y consignas su apoyo al "proyecto nacional y popular".