Asuntos internos: la crisis por el "Olivos Gate" dejó al descubierto los problemas que arrastra Alberto
El escándalo que desató la foto del cumpleaños de Fabiola dejó en evidencia algunas de las dificultades que arrastra el mandatario
"El equipo prepara el rodaje, pero el cámara es el primero en darse cuenta del desenfoque. El set está listo, pero no pueden dar crédito a lo que está pasando: las lentes del objetivo están bien, lo que está fuera de foco es el actor. Completamente borroso: "No sé cómo decírtelo, pero no das la imagen". "Oh, he ganado un poco de peso…", responde el actor al director. Pero no es eso, así que le manda a casa, a descansar, "y a ver si te aclaras".
En 1997 Woody Allen dirigió y protagonizó una película que en Estados Unidos se tituló "Deconstructing Harry" y que en nuestro país se tradujo como "Los secretos de Harry", de la cual proviene esta escena.
En ella, uno de sus personajes, Mel, (Robin Williams) está desenfocado. Simplemente no se reconoce. Está fuera de foco frente a sí mismo y los demás. Atraviesa por una crisis en la que ha perdido el control, atrapado por su propio ego.
Se convirtió en un ser sin definición. Los críticos señalaron que esa vida borrosa era una magnífica metáfora del consagrado cineasta neoyorquino para reflejar la inadaptación de aquellos que se preguntan sobre el sentido de su existencia.
Quizás el presidente Alberto Fernández esté representando la versión argentina de aquel filme. Hace rato que le cuesta enfocar. El episodio conocido como Olivos Gate solo evidenció algunas de las dificultades que el mandatario arrastra hace un tiempo.
En distintas oportunidades la falta de nitidez en los objetivos lo ha llevado a concatenar respuestas confusas y contradictorias frente a cuestiones de índole diversa (Vicentín, política exterior, cuarentena, tarifas, etc.) dejando al descubierto por parte de él y sus allegados más próximos una importante dosis de amateurismo en el proceso de toma de decisiones.
Si el primer año de gestión siempre supone un plazo de gracia para que los mandatarios encuentren su "velocidad de crucero" y la pandemia amplió ese margen por su carácter extraordinario, promediando el mandato, y como consecuencia precisamente de las fatigas y tragedias que desató el COVID 19, el crédito se fue consumiendo. Y en un contexto electoral los errores se pagan más caros. Un elemento adicional y de carácter estructural le da más relieve a la situación: Cristina Fernández.
La imagen de la vicepresidenta es tan nítida y su capacidad de enfocar con precisión sobre los temas que le interesan es tan destacada que el contraste con su presidente se hace imposible de ignorar. Cada una de sus intervenciones es quirúrgica. Cuando aparece su perfil es concreto, su palabra contundente y su estética cuidada. Atributos en los que su exjefe de Gabinete no logra emularla.
Quizás precisamente por qué ella es como es, el actúa como actúa. De alguna manera, y siguiendo nuestro ejemplo cinematográfico, Alberto aún no encuentra su papel en esta película cuya dirección y libreto corresponden a CFK. En su defensa cabe decir que se trata de una experiencia novedosa, sin manuales, guías ni GPS que sirvan para orientarlo. Debe hacer camino al andar.
Se le debe reconocer el mérito de haber llegado hasta aquí manteniendo la coalición y el gobierno en condiciones de competir en circunstancias muy adversas. Pero, más allá del resultado de las próximas elecciones, el Presidente deberá concentrarse en enfocar mejor para la segunda mitad de su mandato. En esta época donde las percepciones son tan importantes, la que el presidente tenga de sí mismo resulta fundamental.
Porque luego de los votos de noviembre aguarda una agenda de temas exigente, que requiere claridad en el diagnóstico y en la ejecución de las medidas. Las decisiones que hoy se postergan, pronto serán ineludibles. Cuando el fin de año nos recuerde el otro listado de asistentes a las reuniones de Olivos que saldrán en las fotos (FMI, Club de París, política monetaria, tarifas, tipo de cambio, inflación y reformas de programas sociales) no quedará espacio para dilaciones y señales difusas.
Habrá que enfocar, volver a ser nítidos. En la obra de Woody Allen, Robin Williams lo termina logrando. Esperemos que aquí Alberto también.