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La interna del Gobierno, al rojo vivo: las claves que definen las próximas medidas y el acuerdo con el FMI

La Casa Rosada dio señales sobre la ruta que tomará para llegar a un entendimiento con el Fondo, lo que disparó forcejeos y peleas internas
Por Claudio Zlotnik
07/12/2021 - 07,00hs
La interna del Gobierno, al rojo vivo: las claves que definen las próximas medidas y el acuerdo con el FMI

La historia es conocida, pero la mención ayuda a comprender el contexto y a analizar lo que viene.

"La lapicera no la tiene Cristina… siempre la tuvo, la tiene y la tendrá el Presidente de la Nación", escribió la vicepresidenta para dar cuenta del espacio que ocupa desde lo formal (lo que ordena la Constitución) pero, sobre todo, para explicitar el lugar que pretende ocupar en el ejercicio del poder después de las elecciones de medio término, que le dieron el triunfo a la oposición.

En efecto, Alberto Fernández siente que esa carta pública fue una concesión de la ex presidenta a su figura, dejándole espacio para gobernar sin mayores condicionamientos que los que impone la compleja realidad.

El jefe de Gabinete Juan Manzur, en la intimidad de su despacho, dice que -efectivamente-, el escenario político en la interna de la coalición gobernante cambió: "Alberto va a demostrar que tiene la lapicera; van a ver", afirma para que no queden dudas.

En lo inmediato, el Gobierno necesita fortaleza para encarar la parte final de la negociación con el Fondo Monetario. En eso estuvo la misión de funcionarios de Economía y del Banco Central que viajaron a Washington.

Pero no todo es el FMI. Los funcionarios más cercanos al Presidente -y el propio jefe de Estado- interpretan que el poder se ejerce con medidas y decisiones concretas. Que convenzan del camino elegido a propios y extraños.

En eso está Alberto F. y los funcionarios que más le responden políticamente. Aunque nadie dice -ni siquiera la carta de CFK- que el camino está allanado.

En los últimos días hubo distintas señales de la Casa Rosada sobre esa ruta. Lo que deparó en forcejeos y peleas internas que aún están en plena disputa.

Algunas de esas reyertas fueron públicas y ya desembocaron en renuncias. La más visible: la puja que mantiene el ministro Matías Kulfas con Roberto Feletti. El secretario de Comercio está por debajo del escalafón pero se mueve con libertad, con el respaldo del ala kirchnerista de la administración.

Kulfas, y también su colega de Agricultura, Julián Domínguez, cuentan con el apoyo pleno del Presidente. Ambos resisten la idea de elevar las retenciones a las exportaciones de carne, que Feletti sigue defendiendo a pesar del cruce público del ministro de Desarrollo Productivo.

La renuncia de Débora Giorgi, que llegó a Comercio junto con Feletti, forma parte de la pelea entre el kirchnerismo y el "albertismo" por la gestión del día a día en el principal conflicto que hoy tiene el Gobierno: la inflación, especialmente en los alimentos.

La desautorización de la titular de la ANSES, Fernanda Raverta, a la vocera presidencial, Gabriel Cerruti, por un bono a los jubilados se inscribe en esa misma pelea interna.

La entrada de Feletti generó cortocircuitos en el gabinete económico.
La "independencia" de Feletti generó cortocircuitos en el gabinete económico.

Empresarios y gremios, detrás de Alberto Fernández

Los tironeos, lejos de la anécdota, dan cuenta de una cuestión estructural: ¿qué señales pretende dar el Gobierno? ¿Va hacia un ordenamiento fiscal llevado de la mano por el Fondo Monetario? ¿O, más bien, a un complejo diagrama en donde nadie sabe a ciencia cierta cuál es el rumbo de la economía?

Los industriales y la CGT juegan a favor de la Casa Rosada en esa interna. Empresarios y sindicalistas coinciden en que el Gobierno debe apurar las negociaciones con Washington y mostrar convicción para marcar el rumbo.

Primero fue la central obrera, y a través de dos gestos: uno -el más relevante- cuando los gremialistas recibieron a Martín Guzmán en la sede de la CGT.

Para tener en cuenta: fue la primera vez en 45 años que un ministro de Economía pisa ese edificio. El último había sido Emilio Mondelli, ministro de Isabel Martínez de Perón en 1976.

La otra señal fue del propio Daer, quien durante la semana se reunió con distintos representantes de fondos de inversión de Wall Street, para demostrar el alineamiento de los gremialistas con la intención oficial de encaminar un acuerdo con el Fondo Monetario.

Se trata de un gesto inédito: que la CGT, en lugar de salir al cruce de un acercamiento al organismo con los típicos argumentos en contra del ajuste, vaya y cierre filas con la Casa Rosada frente a un grupo de financistas de Wall Street.

El otro gran gesto fue de los empresarios, que la semana pasada escucharon a Fernández al participar del cierre de la 27º Conferencia organizada por la Unión Industrial Argentina (UIA).

Daniel Funes de Rioja, titular de la UIA, manifestó su respaldo a las negociaciones del Gobierno con el FMI para resolver el tema de la deuda y dijo que la solución de este problema permitirá al sector productivo tener acceso al crédito internacional.

El acercamiento de Alberto Fernández a los ejecutivos y a los gremialistas tiene una inevitable doble lectura: una hacia el FMI -de cohesión con los factores de poder locales- y otra hacia la interna con el kirchnerismo. El año pasado, Cristina K. criticó abiertamente la foto que el Presidente se sacó con las cámaras empresarias y la CGT en Olivos por el 9 de julio.

El acercamiento de las últimas horas es visto como indispensable por los empresarios. Necesitan que el Gobierno logre una estabilización económica. Es la única forma de conseguir dólares que aseguren el crecimiento para el próximo año.

Daer, en charlas entre delegados gremiales, también da su punto de vista: "Acá hay que hacer esfuerzos y no se sale sin pagar costos políticos. Todos los tenemos que pagar", asume.

El jefe de la CGT sabe lo obvio: una explosión cambiaria llevaría al país a un escenario de boicot, con una llamarada inflacionaria en la cual ningún salario podrá salir indemne.

Acuerdo con el FMI: Guzmán cosechó el apoyo de la CGT.
Acuerdo con el FMI: Guzmán cosechó el apoyo de la CGT.

Máximo, la plaza y la votación

La convocatoria de Máximo Kirchner a la Plaza de Mayo para este viernes, llamando a "reventar la Plaza en serio", pone de manifiesto la tensión que existe hacia la interna.

Será más que interesante prestar atención a la manera en que se zanjan esos tironeos en el espacio público.

Pero más determinante será -qué duda cabe- la forma en que Máximo (y el bloque kirchnerista) votará cuando en las próximas semanas vaya al Congreso el acuerdo con el Fondo Monetario.

¿Habrá manos alzadas en general pero críticas en lo particular de la ley? ¿O habrá que esperar un tironeo por los números del presupuesto plurianual hasta último momento? ¿Hasta qué punto puede darse el lujo el país en crisis que la interna política ponga en riesgo la delicadísima estabilidad cambiaria?

Hechos, no palabras. Hacia ese escenario se dirige la Argentina en las próximas semanas claves, desde todo punto de vista.

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