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Exportación de carne argentina a EE.UU.: por qué Trump amplió el cupo por fuera del acuerdo

El presidente de Estados Unidos anunció el incremento de la cuota para importar carne argentina por decreto, ya que no figuraba en el acuerdo comercial
06/02/2026 - 20:07hs
Exportación de carne argentina a EE.UU.: por qué Trump amplió el cupo por fuera del acuerdo

La exportación de carne argentina a Estados Unidos, tal como fue anunciada por el gobierno de Javier Milei, no figura en el Acuerdo de Comercio e Inversión entre Argentina y EE.UU. Lo que sí está, blanco sobre negro, es exactamente lo contrario: la cuota de 80.000 toneladas es para que ingrese la carne de Estados Unidos en nuestro país, pero el presidente Donald Trump firmó este viernes una proclamación que permite ese mismo cupo a la carne argentina.

El presidente Donald Trump finalmente publicó una "Proclamación", que equivale a un decreto, equiparando la oferta y que fue publicado por la Casa Blanca.

Señala que para el año 2026, la cantidad agregada dentro del cupo para carne "se incrementará en 80 000 toneladas métricas" y que "esta proclamación se aplicará únicamente a los recortes de carne magra". También señala que "las 80.000 toneladas métricas adicionales de esta proclamación se asignan en su totalidad a la Argentina".

El primer tramo de 20.000 toneladas se abrirá el 13 de febrero de 2026 y cerrará el 31 de marzo de 2026. El segundo tramo de 20.000 toneladas se abrirá el 1 de abril de 2026 y cerrará el 30 de junio de 2026. El tercero se abrirá el 1 de julio de 2026 y cerrará el 30 de septiembre, y el cuarto se abrirá el 1 de octubre de 2026 y cerrará el 31 de diciembre de 2026.

El presidente Trump fundamentó esta Proclamación en la sequía y la baja de producción de carne de los productores norteamericanos y en la alta demanda de ese producto.

¿Por qué no lo plasmaron en el acuerdo? Porque Trump no tiene competencias administrativas para fijar cupos y aranceles y eso está discutido en el Congreso y en la Corte Suprema. Es decir, no podía ponerlo en un acuerdo bilateral de comercio e inversiones, pero si mediante un decreto.

Por qué Donald Trump amplió el cupo para la carne argentina por decreto

El problema, según las fuentes oficiales, consiste en que, si la Corte Suprma le deniega en febrero o marzo la competencia para fijar cupos y aranceles, se caería la exportación de carne argentina, pero igualmente quedaría en pie la importación de los bifes norteamericanos.

El anuncio del gobierno fue inexacto y bien podría ser desmentido por la nueva Oficina de Respuesta Oficial (ORO) que creó Javier Milei para "desmentir las operaciones y mentiras de los periodistas ensobrados". El cupo no figuró en el Acuerdo sino en un decreto de Trump.

En rigor, esa fue la información que dio este jueves el canciller Pablo Quirno y difundió la Casa Rosada, con lo cual fue publicada de ese modo por todos los medios, confiados en que era la información oficial.

El célebre cupo de 80.000 toneladas de carne no es para que la Argentina exporte a EE.UU., sino para que Estados Unidos exporte carne a la Argentina, libre de aranceles, durante 2026, en cuatro tramos trimestrales de 20.000 toneladas. Eso surge del Anexo I, dedicado exclusivamente a los aranceles y contingentes que Argentina concede a productos originarios de Estados Unidos.

Carne con hormonas y un déjà vu europeo

El problema se agrava: Estados Unidos exporta carne con hormonas, prohibidas en Argentina y en la Unión Europea. Bruselas ya litigó este tema en la OMC, ganó y terminó compensando a EE.UU. con otros beneficios comerciales.

Ahora, Argentina abre el mercado sin red sanitaria equivalente, aceptando certificados y autoridades estadounidenses como válidas.

El mismo esquema se replica con los 10.000 vehículos anuales que Argentina habilita a ingresar desde EE.UU., también en el Anexo I. A eso se suma una lista extensa: quesos, almendras, pistachos, fructosas, confitería, papas, vinos y más. Todo entra con cupo, cronograma y arancel reducido o cero. Todo concedido por Argentina, que hizo más concesiones que logros propios.

En Cancillería hicieron el conteo que nadie quiso difundir:

  • 104 "shall" obligatorios para Argentina
  • 10 para Estados Unidos

Y no solo son más: son más profundos, más intrusivos y más estratégicos. En materia de aranceles existe una asimetría brutal. En los documentos del USTR (United States Trade Representative), de Jamieson Greer, el balance es demoledor:

  • Argentina concede 5.600 posiciones arancelarias, con 82% a arancel cero. El listado de esas posiciones ocupa las primeras 415 páginas del Schedule que se puede leer en la web de la USTR.
  • EE.UU. concede 950, con solo 36% en cero. Ese listado ocupa 77 páginas del documento alojado en la web del USTR.

Por añadidura, no se tocaron los aranceles al acero y al aluminio, que siguen pagando 50% para entrar en los Estados Unidos. Uno de los grandes objetivos de Milei quedó afuera, directamente no se abordó en el acuerdo. El Gobierno señaló que Estados Unidos se comprometía a analizarlo para más adelante. No es lo que dice el Acuerdo.

Regulaciones "americanizadas"

Argentina acepta, por otra parte, un conjunto de normas y regulaciones impuestas por Trump y Greer:

  • Normas técnicas, reglamentos, certificaciones y evaluaciones de EE.UU.
  • Organismos certificadores estadounidenses con trato nacional.
  • Eliminación de controles propios si Washington los considera "barreras".

Argentina acepta todo el sistema regulatorio de EE.UU. sin poner ningún reparo. EE.UU. no acepta el argentino. Fin del principio de reciprocidad.

Las medidas sanitarias deberán basarse en "ciencia", es decir, en la ciencia validada por EE.UU. La Argentina se compromete a eliminar barreras que Washington considere injustificadas y no podrá firmar acuerdos con terceros que contradigan estas reglas.

También la Argentina se comprometió a un respeto a rajatabla por las patentes y la Propiedad intelectual de los medicamentos y agroquímicos de laboratorios extranjeros. El acuerdo protegerá a las Patentes, marcas, derechos de autor, sanciones civiles, penales y en frontera.

Tal como anticipó iProfesional, esto obligará a la Argentina a ratificar acuerdos internacionales de patentes y derogar resoluciones de 2012 para que los laboratorios o empresas nacionales no puedan copiar inventos extranjeros.

Servicios, IVA y aduanas

En otros capítulos se fijó que la Argentina no podrá discriminar proveedores de servicios estadounidenses, ni aplicar IVA "en la práctica" de forma diferenciada, ni mantener trabas aduaneras, licencias ni controles previos. Todo debe ser rápido, digital y amigable para el exportador estadounidense.

En materia de Comercio digital, existirá un blindaje total a las empresas norteamericanas. La Argentina se auto-prohíbe:

  • Crear impuestos digitales presentes o futuros.
  • Exigir código fuente, algoritmos o transferencia tecnológica.
  • Cobrar aranceles a transmisiones electrónicas.

También se les dará claros beneficios a todas las empresas "tech" norteamericanas y al mundo de Silicon Valley (Alphabet (Google), Amazon, Apple, Meta (Facebook) y Microsoft, X, Tesla, Starlink) con impuestos diferenciales y exenciones tributarias, o sea entran sin peaje y sin auditoría estructural. La soberanía digital queda archivada.

Seguridad económica: alineamiento automático. El Acuerdo deja de ser comercial y pasa a ser estratégico: la Argentina replica medidas de EE.UU. por "seguridad nacional", coordina sanciones, controles de exportación y revisiones de inversiones, no compra insumos nucleares a "ciertos países" (China, Rusia o Irán), y coopera en defensa, ciberseguridad y control tecnológico.

Más que un tratado de libre comercio, el Acuerdo es un alineamiento automático y geopolítico explícito. Inversiones y empresas estatales de otros países quedan afuera del alcance de la Argentina, se prohíbe a la Argentina hacer negocios o importar insumos de países que tengan trabajo forzoso. Esto podría convalidar el reclamo de Techint por dumping al quedar afuera de la licitación de Southern Energy (SESA) para un gasoducto de 500 kilómetros desde Vaca Muerta por haber sido superada en precio por la empresa india Welspun, que importa chapa de China, que tiene normas laborales flexibles.

El acuerdo consagra una apertura total de las inversiones norteamericanas en minería, minerales críticos, tierras raras, energía, telecomunicaciones e infraestructura. Las empresas estatales deben operar "como privadas". Subsidios se permiten solo si están en proceso de privatización y bajo vigilancia.

El acuerdo no tendrá un tribunal, sino que se manejará con poder unilateral, donde no hay arbitraje y cada parte evalúa incumplimientos según su propia ley. Los EE.UU. tiene más herramientas. Los grandes ganadores son las Big Tech, la energía, minería y defensa de EE.UU, y Washington, que logra alineamiento sin tratado formal.

Los perdedores son la autonomía regulatoria argentina, la política industrial y digital futura, la flexibilidad geopolítica.

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