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ALERTA

Aseguran que Santiago Caputo quedó "re caliente" con Adorni porque en la conferencia no siguió el plan pactado

El malestar interno crece tras una presentación fallida que evidenció tensiones en el equipo y dejó en offside la estrategia comunicacional oficial
25/03/2026 - 18:40hs
Aseguran que Santiago Caputo quedó "re caliente" con Adorni porque en la conferencia no siguió el plan pactado

El gobierno de Javier Milei intentó mostrar fotos festivas y sonrientes junto a Manuel Adorni después de la convulsionada conferencia de prensa donde debía aclarar el pago de sus viajes y su patrimonio. Pero en la sala de máquinas Santiago Caputo bramaba porque Adorni se salió del libreto y quedó ofuscado y en un enfrentamiento abierto con los periodistas, justo lo contrario a lo que le había aconsejado el propagandista estrella del Gobierno.

Según pudo saber iProfesional, Santiago Caputo se había reunido en reiteradas ocasiones con el jefe del Gabinete ahora acorralado por pagos de viajes que no pudo explicar y patrimonios que no quiso exhibir. El autodenominado "Mago del Kremlin" le dijo a Adorni que tenía que "mostrarse tranquilo, relajado, y tratar bien a los periodistas" para exhibir aplomo en lugar de ofuscación.

Pero la personalidad y el nerviosismo de Adorni le jugó una mala pasada. "Santiago Caputo estaba re caliente porque en la conferencia nada salió acorde al plan", dijo con cierta ironía a iProfesional un funcionario que conoce las entretelas detrás de las bambalinas.

Lo peor es que Caputo quiere ayudar a Adorni porque quiere que permanezca como jefe de Gabinete, porque a través de María Ibarzabal Murphy, secretaria Legal y Técnica, Caputo maneja la administración legal de muchas de las empresas del Estado, como YPF, Banco Nación, Aysa, Nucleoeléctrica, Enarsa, Aerolíneas, Arsat, Sofse, Adif y tantas otras.

Pero Adorni decidió ser Milei. El Presidente increpa a sus interlocutores cuando le toca intercambiar opiniones, aunque en toda su gestión nunca hizo una conferencia de prensa, como las que hace Adorni.

"En el Gobierno quedaron conformes con la primera parte, donde Adorni hizo anuncios como los 60 pliegos de jueces que enviará y otros proyectos de ley, pero estaban enojados o disgustados por el enfrentamiento con los periodistas que le jugó en contra", señalaron las fuentes que circulan por la Casa Rosada.

"Quedó disconforme Caputo por tantas chicanas que le generó a los periodistas", señalaron en la intimidad presidencial. Para colmo, Adorni no pudo aclarar el pago de sus viajes en un avión privado hacia y desde Punta del Este ni su patrimonio. Volvió a decir que él pagó el vuelo de ida y vuelta, aunque las facturas están a nombre de Imhouse, productora de Marcelo Grandío, y a nombre del propio Grandío, íntimo amigo de Adorni y periodista que trabaja en la TV Pública.

Por qué Adorni no pudo mostrar ninguna factura de sus viajes

No pudo exhibir una factura o instrumento que certificara en todo caso cómo él mismo le pagó a Grandío los viajes de marras. Sobre sus bienes inmuebles, ratificó que vive en el barrio de Caballito y que tiene otro inmueble por una donación de "una persona de 95 años que falleció", su abuela.

No explicó por qué no asentó en su declaración jurada la casa en el country Indio Cuá, aunque dijo que "todo lo que se tenía que declarar se declaró" y dio a entender que ese último inmueble podría ser declarado en la declaración jurada de 2025 que se presenta en 2026. También negó que viviera una casa en Martínez, aunque trascendió por vecinos de ese barrio de San Isidro que Adorni habita o habitó la casa ubicada en Vieytes 1287, donde incluso existe una consigna policial de la Policía Federal.

La conferencia de prensa que Manuel Adorni había preparado durante días terminó desbordada y el jefe de Gabinete se retiró en medio de un cruce con periodistas, visiblemente ofuscado. Quedó la sensación de que fue una oportunidad perdida o una conferencia fallida.

Muchos lamentaron el clima que, puertas adentro, todos querían evitar: nerviosismo, cruces con periodistas y más interrogantes que certezas sobre su patrimonio y el financiamiento de sus viajes. Si Adorni quería aclarar el pago de sus viajes y sus bienes, terminó oscureciendo.

Santiago Caputo, el asesor más influyente del Presidente, había trabajado personalmente en la previa. Le pidió una puesta en escena simple: bajar el tono, mostrarse calmo, no confrontar y responder con precisión. Incluso, según reconstruyen en Balcarce 50, se había acordado un esquema acotado de cinco preguntas para ordenar el intercambio.

Las cinco preguntas fueron sorteadas: cuatro entre los periodistas acreditados de la Casa Rosada más asiduos, y una entre los más infrecuentes.

El momento en que Adorni perdió el control frente a los periodistas

Desde el inicio, Adorni se mostró tenso. Con los ministros en primera fila y la mirada atenta del propio Caputo desde un costado —inusual presencia en la sala—, el jefe de Gabinete arrancó leyendo, intentando llevar la conversación hacia anuncios de gestión. Pero el eje se corrió rápidamente hacia las denuncias judiciales, su patrimonio y el polémico viaje a Punta del Este en avión privado.

Ahí empezó el descontrol. Lejos de la calma sugerida, Adorni reaccionó con incomodidad creciente. Interrumpió preguntas, cuestionó a periodistas por sus publicaciones en redes sociales y hasta le exigió a uno de ellos "que pidiera disculpas". "Sos apenas un periodista, no un juez", lanzó, en una frase que sintetizó el tono general cuando un cronista le preguntó por el comprobante del pago de los vuelos.

El momento más incómodo llegó cuando intentó justificar la falta de precisiones: "Dar detalles puede interferir en investigaciones judiciales y no lo voy a hacer". La explicación no convenció ni ordenó el cuadro. No lució consistente esa respuesta: aclarar situaciones podría ayudar a su situación judicial y no al revés.

En la Casa Rosada admiten que el resultado fue el opuesto al buscado. "La evaluación de Santiago fue que fue muy mala y no aclaró nada", resumieron cerca del asesor.

El punto más débil fue el que detonó la crisis: el financiamiento de sus viajes. Adorni insistió en que pagó su parte —"yo pagué mi proporcional"—, pero no pudo explicar cómo, ni mostrar facturas, ni despejar contradicciones. Si bien en la realidad el costo total fue de unos u$s7.800, Adorni había mencionado una cifra cercana a los u$s3.800 en una entrevista en LN+ con Luis Majul. Tampoco aclaró por qué la documentación conocida está a nombre de terceros, como Marcelo Grandío, que pagó u$s4.800 de ida y u$s3.000 de vuelta.

Las contradicciones que Adorni no pudo explicar sobre su patrimonio

El argumento se repitió como un mantra defensivo: es un tema privado o está bajo investigación judicial. Pero dejó más dudas que respuestas. Ni el monto exacto, ni el mecanismo de pago, ni la trazabilidad del dinero quedaron claros. Se suponía que eso venía a aclarar Adorni, pero fue a la conferencia a decir en primer término que "para no interferir en la justicia no iba a dar detalles". ¿A qué fue? Silencio.

La tensión también se trasladó al terreno patrimonial. Adorni afirmó vivir en Caballito, negó otras propiedades y sostuvo que "todo lo que tiene que estar declarado está declarado", aunque evitó precisar sobre inmuebles en la mira pública, como la casa en Martínez o el country en Exaltación de la Cruz. "Lo que no está declarado es porque la declaración jurada no está vencida", se escudó y así dio a entender que en 2026 se podrían conocer otras declaraciones juradas, como la de la casa en Indio Cuá a nombre de su esposa, Bettina Angeletti.

Cada definición, lejos de cerrar, abría un nuevo frente. El detrás de escena fue igual de elocuente. Hubo risas nerviosas, silencios incómodos y gestos de fastidio. Caputo, según testigos, alternó sonrisas y gestos adustos mientras el guion se deshilachaba. En su entorno intentaron relativizar: "Se reía de las preguntas, no de las respuestas". Pero el diagnóstico interno fue otro.

Paradójicamente, pese al mal resultado, Caputo sigue siendo un aliado táctico de Adorni porque la continuidad del jefe de Gabinete le garantiza influencia directa sobre áreas clave del Estado a través de la secretaria Legal y Técnica, María Ibarzabal Murphy, una pieza central del engranaje caputista.

Desde allí se administran resortes sensibles: empresas públicas como YPF, Banco Nación, Enarsa, AySA, Nucleoeléctrica, Aerolíneas, Correo Argentino, Télam —hoy reconvertida en Apesau— y una larga lista de organismos estratégicos que dependen de la Jefatura de Gabinete: Adif, de infraestructura de trenes, Sofse, de operación de trenes, Corredores Viales, Educ.Ar, Anmac (armas), Aabe (bienes del Estado), Intercargo, Belgrano Cargas, Nación Seguros, Casa de la Moneda, Astillero Río Santiago, Tandanor o Coviara.

La ecuación política que explica por qué Caputo defiende a Adorni

Ese control, que antes orbitaba más en torno a Guillermo Francos, hoy está reconfigurado. Existe un acuerdo tácito entre Adorni y el asesor presidencial y muchos funcionarios que hacen de nexo en esa relación.

Por eso, en la lógica del asesor presidencial, la ecuación es clara: un Adorni debilitado pero en funciones es preferible a un reemplazo que altere el equilibrio interno, porque desconfía de la llegada de otro jefe de Gabinete como podría ser Pablo Quirno, Diego Santilli o Sandra Pettovello.

En paralelo, Caputo trabajó durante el fin de semana para bajar la tensión con el karinismo, con intermediarios de ambos lados y una tregua frágil sellada en la cumbre de Olivos entre Milei, Karina y Adorni. También buscó despegarse de la difusión del video del avión privado, un episodio que agravó la crisis. Le echaron la culpa a Victoria Correa, una trabajadora de la ANAC (Aviación Civil) que milita en el Partido Socialista de Trabajadores y es sindicalista, blanco perfecto para los libertarios.

El Gobierno ensayó luego un cierre político: respaldo en redes, foto tardía de Karina Milei y silencio estratégico de los voceros. Pero la conferencia dejó una marca. Adorni no logró ordenar su defensa, expuso fisuras en la estrategia comunicacional y, sobre todo, no respondió las preguntas clave. En un Gobierno obsesionado con el control del mensaje, el episodio encendió una señal de alerta: cuando el libreto se rompe, el poder también queda a la intemperie y cuando se quiere aclarar, oscurece.