Milei activa un operativo blindaje para salvar a Adorni y presiona a gobernadores en el Congreso
El presidente Javier Milei puso en marcha un operativo "blindaje" para sostener a Manuel Adorni contra la ofensiva opositora en el Congreso por las investigaciones judiciales sobre su patrimonio. La estrategia incluyó el despido de Javier Lanari para "oxigenar" la Secretaría de Comunicación, el nombramiento de Adrian Ravier como vocero y fuerte presión sobre gobernadores y legisladores aliados para una compleja maniobra parlamentaria que frene el avance una interpelación del jefe de Gabinete.
La primera señal de ese reordenamiento fue la salida de Javier Lanari de la Secretaría de Comunicación y Prensa. La decisión sorprendió en la Casa Rosada y fue interpretada como parte de una reestructuración más amplia destinada a fortalecer el entorno político y comunicacional de Adorni.
En lugar de Lanari, el Gobierno confirmó este lunes por la tarde a Fabián Fernández como nuevo secretario de Comunicación y Prensa oficial. "Especialista en comunicación pública, relaciones institucionales y prensa, durante más de una década Fernández integró y acompañó distintos equipos de gestión, y desde 2023 se desempeñó exitosamente al frente del área de prensa, medios y comunicación institucional de YPF", detallaron desde la Vocería Presidencial.
Lanari confirmó su alejamiento y lo atribuyó a un desgaste natural de la función por los recientes acontecimientos. Cerca del ahora exfuncionario sostuvieron que la salida fue acordada y que existía la necesidad de "oxigenar" el área después de meses de alta tensión política.
Sin embargo, dentro del Gobierno reconocen que la modificación apunta a "rodear mejor a Adorni en momentos en que atraviesa la etapa más delicada desde su llegada al gabinete nacional".
La batalla en el Congreso por Adorni, la otra cara del recambio en el Gobierno
En paralelo al reordenamiento comunicacional, la Casa Rosada desplegó una intensa operación política para evitar que prosperen los intentos de interpelación impulsados por la oposición. Según fuentes oficiales, el ministro del Interior, Diego Santilli, junto con el subsecretario de la Presidencia, Eduardo "Lule" Menem, mano derecha de Karina Milei, encabezan contactos permanentes con gobernadores aliados para contener votos tanto en Diputados como en el Senado.
La preocupación central del Gobierno es impedir que se consoliden las mayorías necesarias para avanzar con la convocatoria de Adorni al Congreso.
"Se hará todo lo necesario para evitarlo", resumió una fuente oficial. El argumento que transmiten desde la Casa Rosada a gobernadores y bloques aliados es que una eventual destitución o censura del jefe de Gabinete sería interpretada por el oficialismo como un intento de "desestabilización política" contra la administración Milei y una maniobra "funcional a los kirchneristas".
Esa posición encontró receptividad en sectores dialoguistas del radicalismo, el PRO y algunos bloques provinciales que mantienen la postura de que Adorni debe alejarse, pero no quieren quedar "pegados" con la estrategia del kirchnerismo. Con ese argumento los corre Milei.
Los gobernadores más vulnerables a esas presiones son Gustavo Sáenz, de Salta; Alfredo Cornejo, de Mendoza; Juan Pablo Valdes, de Corrientes; Leandro Zdero, de Chaco, y Carlos Sadir, de Jujuy. Todos ellos manejan diputados y senadores que retrocedieron en su ofensiva contra Adorni.
La disputa por las mayorías
La principal controversia se concentra ahora en la interpretación de los mecanismos parlamentarios para habilitar una interpelación.
La oposición sostiene que el artículo 101 de la Constitución Nacional es claro al establecer que el jefe de Gabinete puede ser interpelado mediante mayoría absoluta de los miembros de cualquiera de las cámaras. Bajo esa interpretación, en el Senado serían necesarios 37 votos para aprobar la convocatoria y en Diputados 129.
Sin embargo, el oficialismo impulsa una lectura distinta. Argumenta que, al no existir un dictamen previo de comisión, la habilitación del debate requiere una mayoría agravada de dos tercios de los presentes, es decir, 48 votos. La diferencia jurídica es determinante.
Mientras la oposición asegura contar con los números suficientes para avanzar con una mayoría absoluta en una sesión acordada en el Senado para el jueves próximo, el Gobierno considera mucho más difícil alcanzar los dos tercios y apuesta a esa interpretación para bloquear el proceso.
La tensión escaló luego de que la Casa Rosada resolviera desconocer el criterio que había surgido en acuerdos previos de la reunión de Labor Parlamentaria, donde distintos bloques habían dado por sentado que la interpelación podía aprobarse con mayoría absoluta este jueves en el recinto, o sea 37 miembros.
Tal como adelantó iProfesional, Milei desconoció ese acuerdo y el bloque de La Libertad Avanza pidió a la presidenta del Senado, Victoria Villarruel, una nueva reunion de Labor Parlamentaria para revisar ese acuerdo. Lo más llamativo es que Victoria Villarruel convocó a una nueva reunión de Labor para este martes a las 18.
Sorprendió porque Villarruel dijo en Rosario el sábado último que Adorni es "quien está más peleado con los valores de Manuel Belgrano" y había certificado el acuerdo del miércoles último en voz alta ante todos los presidentes de bloque.
Diputados: la maniobra para ganar tiempo
La estrategia oficialista también se desplegó en la Cámara de Diputados. Ante la convocatoria opositora para debatir la interpelación de Adorni, este martes en sesión especial, La Libertad Avanza impulsó el tratamiento del tema en la Comisión de Asuntos Constitucionales.
La maniobra busca trasladar la discusión desde el recinto hacia las comisiones y, de ese modo, reducir las posibilidades de que la oposición reúna el quórum de 129 diputados necesario para iniciar la sesión especial.
El oficialismo volvió a apoyarse en sus socios parlamentarios, especialmente el PRO y sectores de la UCR, para evitar que la ofensiva opositora alcance masa crítica. "Finalmente Milei dobló al PRO y la UCR, los falsos republicanos, finalmente nos entregaron a todos, es una vergüenza institucional. Los que dicen defender la transparencia nos entregan a los que ponemos el lomo y las denuncias y ratificación de denuncias", señaló a iProfesional la diputada Marcela Pagano.
El factor judicial
El trasfondo de la crisis sigue siendo el impacto político de las investigaciones judiciales vinculadas al patrimonio de Adorni. La oposición insiste en reclamar explicaciones sobre distintos movimientos patrimoniales, inversiones, inmuebles y gastos atribuidos al jefe de Gabinete, mientras que en el Gobierno consideran que las denuncias forman parte de una ofensiva política destinada a erosionar a una de las principales figuras de la administración Milei.
En la Casa Rosada sostienen que el Presidente no evalúa en ningún escenario pedirle la renuncia. Por el contrario, aseguran que Milei considera que una eventual caída de Adorni sería interpretada como una derrota política del propio Presidente. "Si cae Adorni, después van por Milei", repiten cerca del mandatario como un mantra.
Esa convicción explica el despliegue simultáneo de cambios en la comunicación, presión parlamentaria y negociaciones con gobernadores. Milei está convencido de que existe un operativo de destitución en marcha por el peronismo.
Un conflicto institucional en ciernes
La disputa amenaza con derivar en un conflicto institucional de mayor envergadura. Si el Senado avanza con la interpretación de la mayoría absoluta y aprueba la interpelación con 37 votos, mientras el Gobierno sostiene que eran necesarios dos tercios, podría abrirse una controversia sobre la validez misma de la decisión parlamentaria.
En ese escenario, surgiría una pregunta de enorme trascendencia política: ¿estaría obligado Adorni a concurrir al Congreso si la Casa Rosada considera inválida la votación? Por ahora, ninguna de las partes parece dispuesta a ceder.
La oposición, cada vez más acotada en Senado y Diputados, insiste en que la Constitución habilita la interpelación por mayoría absoluta. El oficialismo apuesta a bloquearla mediante una interpretación reglamentaria más restrictiva.
Mientras tanto, Milei profundiza el operativo blindaje sobre su jefe de Gabinete, empecinado en que la batalla no se limita al futuro político de Adorni, sino que involucra directamente la estabilidad de su propio gobierno.