Milei pide a México que compren más alimentos argentinos para reabrir el mercado de autos sin aranceles
Mientras la relación política entre Javier Milei y el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, atraviesa su punto de máxima tensión, la administración libertaria enfrenta otro frente diplomático y geopolítico de alto voltaje en América Latina: una compleja negociación comercial con México que amenaza con afectar al mercado automotor argentino y que, al mismo tiempo, busca abrir nuevas oportunidades para las exportaciones agroindustriales nacionales.
Según pudo saber iProfesional de altas fuentes oficiales, el Gobierno decidió condicionar la renovación del Acuerdo de Complementación Económica N° 55 (ACE 55) —que regula el comercio automotor bilateral— a que México acepte ampliar el acceso de productos agroindustriales argentinos en el marco del ACE 6, vigente desde hace décadas para el intercambio de alimentos y bienes primarios.
La negociación es seguida personalmente por el presidente Milei; el ministro de Economía, Luis Caputo; el canciller Pablo Quirno; el secretario de Producción, Pablo Lavigne; y el embajador argentino en México, Leandro Fernández Suárez, quien convirtió el tema en su principal prioridad diplomática.
"El Gobierno le reclama a México que abra su mercado a productos agrícolas a cambio de continuar con la importación de autos mexicanos sin aranceles. Es una negociación estrictamente comercial", señalaron cerca de la Cancillería. Buscaron así quitarle condimento político, aunque existe un trasfondo geopolítico insoslayable: Milei es el principal aliado del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
En cambio, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, no milita en la ultraderecha trumpista, sino que se ubica en el progresismo y mantiene tensiones comerciales con Washington. De ese modo, también se complica destrabar las rigideces mexicanas para habilitar el ingreso de alimentos, productos agroindustriales y materias primas de la Argentina.
El objetivo de Milei y de Caputo es equilibrar la balanza comercial con México, la cual hoy resulta completamente favorable al país norteamericano debido al impacto de sus exportaciones de autos hacia el mercado argentino, donde son más competitivos en precios.
Distintas fuentes reafirman que el contexto político tampoco ayuda. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, mantiene una estrecha relación con los gobiernos progresistas de la región, particularmente con Lula, mientras que Milei ha sido uno de sus principales críticos. De hecho, tras los reiterados y persistentes insultos de Milei hacia Lula, Itamaraty decidió retirar al embajador brasileño en Buenos Aires, Julio Bitelli, y le solicitó al embajador argentino, Daniel Raimundi, que regresara a Buenos Aires.
"Si Milei tuviera relaciones más amigables con todos, sería más sencillo pedir una mayor apertura para los alimentos argentinos. Cuando todo se transforma en una discusión ideológica, las posiciones se endurecen", resumió un experimentado analista de la relación bilateral con profundos contactos en la Cancillería.
Acuerdo ACE 55 y ACE 6: la clave de la negociación entre Argentina y México
El punto central del conflicto radica en que el ACE 55 -que permite el ingreso de vehículos mexicanos sin pagar el arancel extrazona del 35%- venció el 18 de marzo pasado y aún no ha sido renovado por la Argentina, precisamente para presionar por el ingreso de alimentos nacionales a México.
México pretende restablecer cuanto antes ese beneficio porque su industria automotriz tiene una fuerte presencia en el mercado argentino. Sin acuerdo, cada vehículo debería ingresar pagando un arancel del 35%, lo que elevaría considerablemente su precio final.
La Argentina, en cambio, aprovechó el vencimiento del convenio para intentar destrabar una vieja demanda: mejorar las condiciones de acceso de los alimentos argentinos al mercado mexicano mediante una ampliación del ACE 6. Este convenio continúa vigente, pero establece preferencias arancelarias acotadas para numerosos productos.
En la Casa Rosada sostienen que el comercio bilateral presenta un fuerte desequilibrio y que es momento de corregirlo. "La balanza está claramente descompensada en favor de México. Argentina quiere discutir efectivamente productos agrícolas y mejorar el acceso de toda su oferta exportable", señalaron fuentes del área de Producción.
En Cancillería mantienen absoluta reserva sobre los productos específicos que integran la negociación, aunque admiten que el objetivo es que "toda la oferta exportable argentina compita en igualdad de condiciones con el resto de los países del mundo".
Balanza comercial e intercambio agroalimentario entre Argentina y México
Las estadísticas oficiales respaldan el planteo argentino. Durante 2024, el intercambio bilateral alcanzó los u$s2.220 millones, con exportaciones argentinas por u$s796 millones e importaciones desde México por u$s1.424 millones, lo que dejó un déficit de u$s628 millones para la Argentina.
La situación se agravó durante 2025. Las compras argentinas crecieron otro 21% hasta alcanzar los u$s1.723 millones, impulsadas principalmente por automóviles, camionetas, vehículos comerciales y autopartes. Si bien no existen datos disponibles sobre las exportaciones argentinas de alimentos, el desequilibrio resulta preocupante.
Es un problema de larga data. La ex canciller Diana Mondino quiso abordar este desbalance desde que asumió hasta que fue desplazada del Palacio San Martín. El rojo comercial con México se mantiene prácticamente sin interrupciones desde hace más de una década.
La estructura del intercambio explica gran parte de este desfasaje. Argentina exporta principalmente aceites vegetales, aluminio, medicamentos, vinos, maíz, arroz y otros productos agroindustriales; mientras que México vende manufacturas de alto valor agregado, especialmente vehículos y autopartes.
En el rubro servicios ocurre exactamente lo contrario: la Argentina mantiene un saldo favorable gracias a las exportaciones de servicios empresariales, informática y telecomunicaciones.
La disputa central es por el mercado agroalimentario. La discusión sobre el acceso de alimentos argentinos al mercado mexicano no es nueva: desde hace casi treinta años, distintos gobiernos intentan mejorar las condiciones del ACE 6 sin resultados significativos. Actualmente, los productos alimenticios representan poco más del 20% de las exportaciones argentinas hacia México.
Entre los principales envíos figuran los siguientes productos:
- Aceite de girasol y aceite de soja
- Vinos, maíz y arroz
- Frutas frescas, semillas y lácteos
- Preparaciones alimenticias, ajo y yerba mate
- Aceitunas, limones, dulces y cerveza
- Aceite de oliva y numerosos productos regionales
Uno de los casos emblemáticos es el vino. Mientras los vinos chilenos, franceses o estadounidenses ingresan al mercado mexicano sin aranceles, los etiquetados argentinos continúan pagando un gravamen cercano al 8%. Ese tipo de asimetrías es precisamente el que busca corregir la administración Milei.
"La intención del Gobierno es avanzar hacia un acuerdo de libre comercio con México que elimine esas asimetrías", explicaron fuentes oficiales. La estrategia forma parte de una política más amplia de apertura comercial impulsada por el Gobierno luego del entendimiento Mercosur-Unión Europea y de las negociaciones comerciales iniciadas con Estados Unidos.
Resistencia diplomática y alerta en el sector automotor por los aranceles
Del otro lado de la mesa, la negociación tampoco resulta sencilla. Fuentes diplomáticas reconocen que la administración de Claudia Sheinbaum enfrenta fuertes presiones internas para no ampliar el ingreso de productos agropecuarios importados, especialmente por parte de sectores rurales mexicanos.
A ello se suma que la prioridad comercial de México continúa siendo la relación con Estados Unidos, especialmente en el sector automotor, cuyo volumen es muy superior al intercambio con Argentina.
La distancia política entre ambos gobiernos también dificulta el clima de las conversaciones. Pese a ello, hace pocas semanas se produjo el primer avance concreto desde marzo: el embajador argentino Leandro Fernández Suárez mantuvo una reunión con el secretario de Economía mexicano, Luis Rosendo Gutiérrez, en la que ambas partes retomaron oficialmente las negociaciones. Si bien no hubo acuerdos, coincidieron en mantener abierto el diálogo.
Mientras continúan las negociaciones diplomáticas, las terminales automotrices observan con creciente preocupación la demora. Desde hace cuatro meses el acuerdo permanece sin renovación y varias empresas comenzaron a administrar cuidadosamente sus stocks.
Modelos importados desde México ya registran restricciones comerciales en algunos canales de venta y las compañías advierten que, si no aparece una solución durante septiembre, podrían discontinuar temporalmente numerosos vehículos.
Entre los modelos potencialmente afectados figuran:
- Volkswagen Taos, Tiguan y Vento
- Ford Maverick y Bronco Sport
- Nissan Frontier, Sentra y Versa
- Chevrolet Silverado y RAM 2500
- Honda ZR-V y BMW Serie 3
- Kia K3 y K4, entre otros
Si el ACE 55 no se renueva, todos ellos deberían ingresar pagando el arancel extrazona del 35%, lo que podría traducirse en aumentos cercanos al 20% en los precios finales, dependiendo del valor FOB de cada unidad.
En un mercado automotor cada vez más competitivo y con una demanda todavía débil, las propias terminales consideran difícil trasladar íntegramente ese costo al consumidor. La alternativa sería reducir la oferta disponible en el mercado argentino hasta que ambos gobiernos alcancen un entendimiento.
En la Casa Rosada consideran que la discusión excede al mercado automotor. La apuesta oficial consiste en utilizar la necesidad mexicana de renovar el acuerdo automotor como una herramienta para corregir un déficit comercial histórico y abrir mayores oportunidades para las economías regionales argentinas.
El objetivo de máxima consiste en lograr que productos agroindustriales, alimentos, vinos y manufacturas de origen agropecuario ingresen al mercado mexicano en igualdad de condiciones con los principales competidores internacionales.
Por ahora, sin embargo, la negociación continúa abierta y sin definiciones. Con septiembre como plazo crítico para las automotrices y con ambos gobiernos sosteniendo posiciones firmes, el futuro del comercio bilateral dependerá de la capacidad de alcanzar un equilibrio entre los intereses de la poderosa industria automotriz mexicana y la histórica aspiración argentina de ampliar el acceso de sus alimentos a uno de los mercados más importantes de América Latina.