Los secretos del edificio más emblemático de Mar del Plata: cuánto cuesta un departamento en "el Havanna"
En Mar del Plata, pocas construcciones logran condensar historia urbana, ambición privada y mercado inmobiliario como el edificio Demetrio Elíades, conocido popularmente como el Havanna. A 56 años de su inauguración, mantiene un récord que nadie logró destronar: continúa como la torre más alta del skyline marplatense y una de los más fotografiadas de la Argentina.
Ubicado sobre la avenida Patricio Peralta Ramos al 2800, frente al mar y a metros de las playas Las Toscas y La Bristol, el rascacielos se transformó en una referencia visual permanente. Su altura, su emplazamiento sobre la primera línea costera y su asociación con la marca Havanna lo convirtieron en un símbolo que trasciende lo arquitectónico y se integra al imaginario colectivo de la ciudad.
Con sus 125 metros de altura y 39 pisos, la torre domina el paisaje urbano desde hace más de medio siglo. Visible desde la costa, las avenidas principales e incluso desde embarcaciones, su silueta vertical recortada contra el Atlántico explica por qué figura entre los edificios más fotografiados del país y por qué sigue ocupando un lugar central en la identidad marplatense.
El visionario detrás de la torre
Detrás de esta obra monumental aparece la figura de Demetrio Elíades, empresario nacido en Creta a comienzos del siglo XX, cuya biografía mezcla épica migrante, visión comercial y ambición urbana. Instalado en Mar del Plata durante la década del 30, inició su camino como vendedor ambulante y luego avanzó en distintos rubros: bares, restaurantes y farmacias. Uno de esos locales llevó el nombre Havanna, una marca que más tarde alcanzó proyección internacional gracias a la producción de alfajores.
Las reseñas periodísticas reconstruyen una trayectoria marcada por decisiones audaces. Elíades reinvirtió sistemáticamente sus ganancias y consolidó una estructura empresarial que le permitió expandirse más allá de la gastronomía. A partir de esa base, canalizó su crecimiento hacia el desarrollo inmobiliario mediante la firma Delco.
Su idea urbana resultó clara desde el inicio: replicar en Mar del Plata una imagen de ciudad vertical, con torres que dialogaran con el mar y ofrecieran vistas privilegiadas desde todos los niveles. En una ciudad acostumbrada a la horizontalidad, Elíades propuso altura y densidad como signos de modernidad.
En 1966 comenzó la construcción del edificio que cambiaría para siempre la fisonomía costera. El proyecto arquitectónico llevó la firma de Juan Antonio Dompé, mientras que la ingeniería estructural quedó a cargo del polaco Jan Josef Ruszkowski. La obra demandó casi tres años y exigió soluciones técnicas inéditas para la época, especialmente por su cercanía al mar y la altura proyectada.
El planteo estructural recurrió a un sistema tradicional de hormigón armado, con una platea de doble armadura apoyada directamente sobre el sustrato rocoso, una condición indispensable para garantizar estabilidad. Columnas, vigas y tabiques se diseñaron para resistir vientos costeros constantes y un ambiente agresivo desde el punto de vista climático.
Una de las innovaciones más destacadas fue el uso de carpinterías de aluminio anodizado natural, poco habituales en la construcción tradicional de los años 60. A pedido expreso de Elíades, el equipo incorporó aditivos especiales que aceleraron el fraguado del hormigón. Esa decisión permitió un ritmo de obra excepcional: un piso cada diez días laborables, una marca notable para la época.
El edificio se inauguró en 1969, poco después del fallecimiento de su impulsor, que no llegó a ver concluida su obra más ambiciosa. La torre llevó su nombre como reconocimiento y como síntesis de una visión que desafió los límites técnicos y urbanos de aquel momento.
Un edificio que también hizo historia social
El Havanna no solo se consolidó como ícono arquitectónico, sino también como escenario de vida social y cultural. Entre sus residentes históricos figuran Carlitos Balá, Bruno Gelber y Mónica Gonzaga. A lo largo de distintas temporadas, también alquilaron departamentos figuras del teatro y la televisión que trabajaron en Mar del Plata durante el verano.
El vínculo con Carlitos Balá ocupa un lugar especial. El humorista fue propietario de un departamento durante años y mantuvo una relación cotidiana con el edificio. Vecinos y trabajadores recuerdan su presencia habitual, su trato cercano y su identificación con el lugar, al punto de integrarse a la memoria colectiva del consorcio.
Ese lazo motivó una iniciativa reciente: el consorcio presentó ante el Honorable Concejo Deliberante marplatense un proyecto para instalar un monumento de Balá en la vereda del edificio, sobre la avenida Peralta Ramos. La propuesta busca consolidar el vínculo entre el rascacielos y una de las figuras más queridas de la cultura popular argentina.
La puesta en valor del gigante
En los últimos años, el edificio inició un proceso profundo de restauración exterior. Carlos Julián Santillán, administrador del consorcio, detalló que desde agosto de 2022 se ejecuta un plan integral de recuperación de toda la envolvente edilicia, una obra largamente esperada tanto por los propietarios como por el Municipio de General Pueyrredón.
Las tareas incluyeron la reparación completa de revestimientos, la rectificación de revoques y el tratamiento de los hierros de las armaduras mediante cepillado y arenado, con el objetivo de eliminar focos de corrosión. Los anclajes de balcones que presentaban deterioro se retiraron y reemplazaron por piezas de acero inoxidable.
El plan contempló además el recambio total de las salidas de calefones, adquiridas directamente en fábrica para garantizar calidad y durabilidad, y la aplicación de cuatro manos de pintura de primera marca, seleccionada especialmente para resistir las condiciones de la primera línea de mar.
Santillán señaló que el contrafrente que da a la avenida Colón y la calle Alsina quedó finalizado hace aproximadamente un año y medio. En la actualidad, los trabajos avanzan sobre el frente principal, en particular en las líneas de balcones C y D, las más visibles desde el Boulevard Marítimo. Según el administrador, el edificio Havanna presenta un buen estado estructural general y existe consenso entre los propietarios para continuar con las mejoras. Las expensas ordinarias se consideran acordes a las prestaciones del inmueble, que incluye seguridad nocturna, múltiples ascensores y personal permanente. Las expensas extraordinarias vinculadas a obras de gran escala se financian en gran parte con recursos propios del consorcio, como el alquiler del espacio aéreo en la azotea.
Cómo se vive hoy
Puertas adentro, el Demetrio Elíades funciona como un termómetro del mercado inmobiliario marplatense. El edificio alberga alrededor de 273 unidades, con siete departamentos por piso, y ofrece una variedad de tipologías que responde a distintos perfiles de demanda.
Las unidades se distribuyen de la siguiente manera:
- Línea A: departamentos de 2 ambientes, 45 m2.
- Línea B: monoambientes, 32 m2.
- Líneas C y G: 3 ambientes con dependencia y dos baños, 75 m2.
- Línea D: 2 ambientes al frente, 50 m2.
- Líneas E y F: 2 ambientes con dependencia y dos baños, 65 m2.
Valores y lógica de inversión
Rodrigo Sanz, martillero y corredor público de Sanz y Ordoqui Propiedades, describió el escenario actual del edificio. Señaló que conviven dos mercados bien definidos: unidades en estado original y departamentos reciclados a nuevo. Según sus registros, un departamento original en pisos intermedios ronda los u$s80.000. Tras una inversión cercana a los u$s20.000 en un reciclado de calidad, esa misma unidad alcanza valores de mercado en torno a los 125.000 dólares.
En los pisos superiores, especialmente en los últimos niveles, los valores trepan hasta los u$s155.000, impulsados por la vista panorámica y la altura.
Matías Nicolás Ruger, de Ruger Negocios Inmobiliarios, indicó que muchos compradores priorizan hoy la modernización integral de las unidades. Los reciclados suelen incluir porcelanatos de gran formato, cocinas integradas al living comedor, mesadas de silestone o granito y baños con pediluvio y mamparas de vidrio.
"En varios casos, las antiguas dependencias de servicio se reconvierten en escritorios o dormitorios adicionales. En varias unidades la principal modificación es la unificación de la cocina y el lavadero al sector del living comedor para lograr el concepto de espacio abierto, dando mayor visibilidad y amplitud a todo el departamento", amplió Ruger.
Desde Rosi Rodrigues ex Cross, el asesor Julio César Miño Barrios aportó ejemplos del segmento premium. Señaló que un departamento de 2 ambientes en el piso 39, con 40 m2 totales, se tasó en u$s149.900. La unidad se vendió amueblada, con reciclado integral, cañerías y electricidad renovadas y calefacción por radiadores.
Miño Barrios destacó que la altura, la vista directa al mar y la dinámica del edificio, con conserjería y vigilancia las 24 horas, resultan determinantes. En alquiler temporario, un departamento reciclado en piso alto alcanza valores de hasta u$s180 por noche en temporada, con adicionales por cochera.