Compró una casa modular china y contó su experiencia de traerla e instalarla en Argentina
En medio de un mercado inmobiliario complejo y con costos de construcción tradicional que se vuelven prohibitivos para la clase media, las soluciones habitacionales alternativas van ganando un terreno impensado en el país. El sueño de la casa propia, históricamente ligado a los ladrillos, los largos meses de obra y los presupuestos inestables, está viviendo una profunda transformación digital y global. Cada vez son más los argentinos que se animan a romper las estructuras tradicionales y a explorar los catálogos internacionales para encontrar una respuesta rápida, eficiente y económica a sus necesidades de vivienda.
Este cambio de paradigma suele chocar de frente con diversos prejuicios vinculados a la calidad de los materiales, la seguridad de las transacciones o la complejidad logística que implica importar una edificación completa desde el otro lado del planeta. Para desmitificar el proceso y conocer de primera mano cómo funciona este sistema, el programa radial de Radio 2 de Rosario dialogó con María Leticia Leites, una vecina de la provincia de Santa Fe que se convirtió en una de las pioneras en el país al adquirir e instalar con éxito una vivienda modular prefabricada fabricada íntegramente en China.
La odisea habitacional de la familia santafesina comenzó a mediados del año pasado, cuando les comunicaron que debían dejar el inmueble que alquilaban porque lo iban a vender y contaban con apenas seis meses para resolver su situación. "Salimos a buscar y, por lo menos acá en nuestra ciudad, no se encuentra mucho", explicó Leticia sobre la escasez de ofertas amplias para el grupo familiar. Ante este panorama y los elevados precios, la opción de mudarse a un terreno propio que poseían cobró fuerza de una manera muy particular: "Mi marido empezó con la idea de 'bueno, nos vamos al terreno, en carpa, en colectivo o lo que sea'", rememoró entre risas la entrevistada. Fue esa urgencia la que disparó una exhaustiva investigación que los llevó a descubrir el universo de las estructuras modulares de comercio exterior.
Cuánto cuesta comprar una casa prefabricada en China y ponerla en Argentina
Al momento de evaluar las opciones de construcción, la familia comparó minuciosamente los presupuestos locales con las alternativas importadas, encontrando una brecha de valores que terminó por definir la operación:
- Construcción tradicional: El valor del metro cuadrado edificado bajo el sistema clásico se posicionaba en torno a los 1.400 dólares.
- Casas modulares nacionales: Las cotizaciones de las empresas prefabricadas dentro de la Argentina oscilaban entre los 1.000 y 1.200 dólares por metro cuadrado.
- La opción china: El costo final de la vivienda importada, incluyendo la totalidad de los fletes marítimos, tasas aduaneras, grúas y trámites de autorización, se consolidó en apenas 700 dólares el metro cuadrado.
La familia optó por adquirir el modelo de mayores dimensiones del catálogo, una vivienda de 72 metros cuadrados con tres habitaciones y un baño. Uno de los mayores temores iniciales radicaba en la seguridad del pago y en las trabas cambiarias cruzadas: "Argentina no te deja girar todo el dinero si la casa no está ya en el barco, y el comercio exterior chino no te deja subir la casa al barco si no está todo el dinero puesto", explicó Leticia. "La desconfianza estaba, obviamente, porque no es lo mismo comprar una campera que, literalmente, una casa". Para sortear este obstáculo, recurrieron a un importador local de Santa Fe que se encargó de realizar las gestiones logísticas de forma segura.
Casas modulares de China: el insólito armado "a pulmón" y los detalles de la casa
Uno de los momentos más llamativos de la experiencia relatada en Radio 2 de Rosario fue el proceso de desembarque y despliegue de la estructura. Aunque estas viviendas están diseñadas para abrirse velozmente con grúas mecánicas, el terreno de la familia ya estaba enrejado y carecían de un portón apto para el ingreso de maquinaria pesada. Ante esta complicación, Leticia reveló que debieron apelar a la solidaridad comunitaria: "No quedó otra que llamar a mis familiares, amigos, hermanos, tíos y todo, y la abrimos entre habrán sido 15 personas más o menos". Con la ayuda de un amigo especializado en el montaje de escenarios, el grupo logró desplegarla. "La verdad que se abre en una hora, que es una locura también ver ese proceso. Las vas abriendo y se van desarmando todas las partes para que vos después las puedas ensamblar", describió con asombro.
El ensamble final de las terminaciones demandó una semana de trabajo y obligó a los propietarios a lidiar con un manual de instrucciones cuyas traducciones del chino al inglés y luego al castellano dejaban mucho que desear: "Las palabras son muy difíciles de entender por ahí. Nos decían 'el tornillo feliz', una cosa así, y era un tornillo específico que tuvimos que ir viendo". Asimismo, el extenso viaje de dos meses en el barco provocó que una traba se soltara y una de las paredes terminara girándose: "Si pueden ver en el video, hizo un surco en el piso de madera. Bueno, a eso le mandamos la foto y nos reconocen el piso, así que hicimos todo el descargo y ellos después te envían", destacó sobre la seriedad de la garantía de fábrica.
Actualmente, la vivienda ya se encuentra completamente funcional. La estructura viene provista con todas las conexiones internas y desagües listos: "Lo único que tenés que hacer es, donde tenés la luz vos, llevar un cable hasta el cable de alimentación que tienen ellos, que ya te lo dejan listo. Hicimos eso, prendimos y ya había luz". Al ser una edificación de naturaleza 100% eléctrica, Leticia aclaró que "en cuanto a servicio de gas, no tiene, y yo creo que no nos van a habilitar eso", pero aclaró que cuenta con todo lo necesario para instalar aire acondicionado, consolidándose como una opción real, tecnológica y económica para el acceso a la vivienda en el país.