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La tragedia de Melania Trump: la primera dama que nunca quiso serlo

La esposa del magnate sólo quería ser modelo y vivir sin obligaciones. Pero ahora que su marido es presidente de EE.UU. debe cumplir un rol importante

08/11/2017
Actualizado 16:34hs

Pobre Melania. Ella sólo querí­a ser modelo en uno de los paí­ses más importantes del mundo, Estados Unidos. Y esa situación la llevó a conquistar nada menos que al magnate Donald Trump. Mientras su marido fue empresario su vida marchaba tal como lo habí­a imaginado: un piso en la Quinta Avenida de Nueva York y escasas responsabilidades. Hasta que al marido se le ocurrió candidatearse para ser presidente, el pueblo norteamericano lo eligió y ella se convirtió en Primera Dama de Estados Unidos, un cargo mucho más pesado que pasar la vida entre cócteles y compras sofisticadas.

Ella no querí­a ese rol. Y lo demostró durante varios momentos de la campaña. Ni siquiera se esforzó por mostrarse simpática. A tal punto que ha sido Ivanka, la hija del presidente, la que ha asumido más fuertemente ese rol de primera dama. Es ella la que lo acompaña a la mayorí­a de las obligaciones de su padre, de quien defiende además ideas y propuestas.

La cosa cambió un poco en junio pasado, cuando debieron mudarse a Washington. A partir de ese momento Melania se transformó en algo más parecido a la primera dama tradicional. Aunque contrató, hasta ahora, a la mitad de personal que Michelle Obama, su antecesora, sí­ definió una cartera de asuntos a tratar.

Entre las causas que pareciera estar planteando Melania se encuentran el ciberacoso a menores, y la lucha contra los opiáceos que provoca la muerte de 90 personas por dí­a. Antes, Obama promocionó las dietas saludables y la educación de las niñas, y Hillary se concentró en el diseño de un sistema sanitario universal.

"Creo que el tema del ciberacoso será para ella más difí­cil de abordar por el uso de Twitter de su marido. El de los opiáceos será el asunto en que se enfoque más porque es algo alejado de la polí­tica, una causa unificadora, que es lo que necesita ya que Trump es uno de los presidentes más divisivos", consideró Kate Andersen Brower, periodista y autora del libro Primeras Mujeres, donde analiza los papeles de las últimas diez primeras damas.

Pero el trabajo parece ir lento. Melania no habla inglés. O, mejor, no es su lengua nativa. Y quienes viven en Washington son casi todos demócratas. El 93% de los votos de esa ciudad fue para Hillary Clinton. Lo que demuestra que viven en una ciudad que les muestra bastante hostilidad.

"Brilla más cuando está fuera de Washington, conecta mejor con la gente, mientras que cuando está en la capital se siente bajo ataque. No sale tanto como Michelle. No va de compras ni a cenar en restaurantes. No está feliz", aseveró Brower.

Pero hay esperanza. Pese a las crí­ticas de la prensa, muy duras, le va tomando gustito al puesto. Ya hizo varios viajes con el presidente, a Europa y a Asia, y hasta viajó sola a Canadá.

En Estados Unidos visitó hospitales, organizó eventos en la Casa Blanca y hasta celebró Halloween en el jardí­n de la residencia oficial con los hijos de los empleados.

Todo esto mientras, en los actos oficiales seguidos por la televisión, también se ven miradas serias, casi de enojo y malestar, gestos inmóviles, otros simbólicos y hasta irreverentes, como cuando se atreve a retirarle la mano a Trump.