5 curiosidades sobre la vida de Napoleón Bonaparte que seguro no sabías

5 curiosidades sobre la vida de Napoleón Bonaparte que seguro no sabías
Napoléon Bonaparte pasó a la Historia por haberse coronado a sí mismo como emperador, hecho que tuvo lugar el 28 de mayo del año 1804
Por iProfesional
02.05.2021 11.06hs Recreo

Napoleón Bonaparte pasó a la Historia por haberse autoproclamado emperador, algo pocas veces registrado.

Si bien es una figura conocida y célebre, tantto en Francia como en el resto del mundo, hay algunos detalles de su vida que se desconocen. 

1. "Mi muerte es prematura. Me han asesinado el oligopolio inglés y su asesino a sueldo"

Estas fueron las palabras rencorosas de Napoleón Bonaparte cuando dictó su última voluntad y testamento en abril de 1821.

Al día siguiente de su muerte bajo custodia británica, el 5 de mayo, 16 observadores asistieron a la autopsia, siete médicos entre ellos. Fueron unánimes en su conclusión: Napoleón había muerto de cáncer de estómago.

No obstante, las dudas que había fomentado Napoleón sobre lo que sucedió "realmente" nunca han desaparecido del todo. ¿Aceleró el gobierno británico su muerte? ¿fue envenenado? ¿Fue realmente Napoleón quien murió en Longwood House en mayo de 1821?

Por mucho tiempo estas dudas quedaron en el imaginario popular e incluso los historiadores se han dedicado a zanjarlas.

2. Estuvo preso en Santa Elena

Luego de haber sido derrotado en 1814, Napoleón Bonaparte se había escapado de la isla mediterránea de Elba donde había sido exiliado. Cuando llegó el momento de encarcelar después de la batalla de Waterloo, sus enemigos eligieron uno de los lugares más remotos del planeta: Santa Elena, una isla de 121 kms² a más de 1.900 kilómetros de la tierra más cercana en el Atlántico Sur, un océano que estaba controlado por la Royal Navy británica.

A pesar de tal precaución y de que Napoleón estaba bajo vigilancia armada, hubo planes para rescatarlo, incluido uno tramado por un grupo de exsoldados franceses que vivían en Texas (entonces una provincia de México), que querían resucitar el Imperio Napoleónico en América del Norte.

Napoleón estuvo preso en Santa Elena
Napoleón estuvo preso en Santa Elena

3. Una muerte lenta

Durante meses, Napoleón sufrió dolores abdominales, náuseas, sudores nocturnos y fiebre. Cuando no estaba estreñido, tenía diarrea, lo cual le hizo perder mucho peso. Se quejaba de dolores de cabeza, piernas débiles y malestar por la luz. Su habla se volvió confusa. Los sudores nocturnos lo dejaron empapado. Sus encías, labios y uñas eran incoloras.

Si bien en un principio pensó que podía estar siendo envenenado, luego se dio cuenta de que podía tener el mismo cáncer que había matado a su padre. El 4 de mato de 1821 perdió el conocimiento, falleció, y el 5 de mayo la noticia se  hizo pública. 

El primer teórico de la conspiración fue el médico irlandés Barry O'Meara, que había sido cirujano del buque HMS Bellerophon cuando Napoleón se rindió a su capitán después de Waterloo y se convirtió en el médico personal de líder francés.

O'Meara atendió al exemperador durante tres años, hasta que hizo la explosiva afirmación de que el gobernador británico de Santa Elena, Sir Hudson Lowe, le había ordenado "acortar la vida de Napoleón". Como era de esperar, fue despedido.

El villano perfecto, Hudson Lowe, en una imagen que miles conocieron pues ilustra "El memorial de Santa Elena", de Emmanuel de Las Cases, de 1823, una obra tremendamente exitosa y texto fundacional de la ideología del bonapartismo.

Lowe era el sujeto perfecto para jugar el rol de villano británico burlón, que es la versión que ha pasado a la historia y, no por casualidad, la versión que Napoleón quería que el mundo creyera.

Napoleón tenía un plan astuto para escapar de Santa Elena alegando que su clima insalubre lo estaba debilitando fatalmente y usando la autoridad médica del doctor O'Meara como apoyo.

O'Meara se enamoró del famoso encanto de su paciente y respaldó obedientemente sus afirmaciones: en 1818, acusó al gobernador Lowe de intentar acelerar la muerte de Napoleón, y en 1822, publicó un libro en el que afirmaba que el gobierno británico estaba decidido a eliminar toda posibilidad de otro regreso napoleónico.

Mucha gente sospechaba que O'Meara tenía razón, pero nadie pudo probarlo. Aún no existía ningún método para demostrar la presencia de arsénico en un cadáver y, en cualquier caso, Napoleón estaba enterrado en cuatro ataúdes y debajo de una gran losa de roca.

Si Napoleón había sido asesinado, parecía que el asesino se había salido con la suya, hasta que un dentista sueco se encontró con la historia unos 100 años después y continuó donde O'Meara la había dejado.

4. ¿Era tan bajito?

Uno de los apodos más conocidos de Napoleón era "el pequeño corso" y uno de los más grandes mitos es precisamente ese: que era bajito.

La imagen de Napoleón como un líder militar enojado y bajito estaba tan extendida en el siglo XX que hasta hay un complejo psicológico que lleva su nombre.

Napoleón aparece en esta obra del francés Paul Delaroche (1797-1859) en Fontainbleau durante la primera abdicación, en 1814... enojado, con razón, y aparentemente bajito.

A su muerte, el clavo en el ataúd vino con el informe de su médico de que su cuerpo medía "cinco pies, dos pulgadas y cuatro líneas, desde la parte superior de la cabeza hasta los talones". Eso equivaldría a 1,57 metros... de no ser porque la medida había sido tomada en el "pied métrique", un sistema métrico establecido por el propio Bonaparte en 1812 que equivalía a una tercera parte de un metro.

La medida ajustada es 1,68 metros, una altura algo mayor que la promedio de la época.

Napoleón Bonaparte
Napoleón Bonaparte

5. Su carta al rey Jorge IV

El 13 de julio de 1815, 25 días después de su derrota en Waterloo, Napoleón le escribió una carta al rey Jorge IV de Reino Unido, quien entonces era Príncipe Regente, rogando clemencia.

Firmada por el propio emperador, la carta aboga por la "hospitalidad del pueblo británico" y le hace un llamado al príncipe -"el más poderoso, el más constante y el más generoso de mis enemigos"- para que lo proteja. 

Al recibir la carta, el príncipe declaró: "Caramba, una carta muy adecuada, mucho más, debo decir, que cualquiera de las que he recibido de Luis XVIII".

No obstante, la solicitud de protección de Napoleón fue rechazada.

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