Goleada, festejos y lágrimas: el estudio que explica por qué los argentinos no hacemos nada a medias
El 18 de diciembre de 2022, un país entero salió a la calle, literalmente, a llorar con desconocidos. Gente que no se había visto nunca en la vida se abrazó, gritó, cantó y lloró en el Obelisco, en las plazas del interior, en los balcones, en los bares. Anoche, cuando la Selección goleó 3 a 0 a Argelia en su debut en el Mundial de fútbol, quedó claro que la maquinaria no se enfrío, solo estaba expectante. La intensidad argentina solo necesita una pelota, una camiseta celeste y blanca, y 90 minutos. El Estudio de Intensidad de Fratelli Branca, realizado por la consultora UGrow Insight con 300 argentinos y 116 extranjeros residentes en el país, midió exactamente eso. Y lo que encontró no tiene mucho margen para la modestia ni para la negación.
En casi todas las frases evaluadas, el nivel de acuerdo supera el 90% tanto entre argentinos como entre extranjeros. El 93,7% de los locales y el 93% de los de afuera coinciden en que "los argentinos no vivimos: sentimos todo intensamente". El 92,3% de ambos grupos acuerda con que "el resto nos dice exagerados, nosotros decimos pasión". Y el 95% de los argentinos —junto al 92% de los extranjeros— cree que "con tal de ganar somos capaces de cualquier promesa o esfuerzo increíble". ¿y cómo no? Si los argentinos nos hemos rapado la cabeza, nos hemos casado vistiendo la camiseta de la selección, nos hemos dejado la barba hasta el pecho y hemos caminado hasta Luján.
Hay un detalle que el estudio registra y que vale la pena marcar. En la frase "nada más lejos de un argentino que la moderación", el acuerdo es mayor entre los extranjeros que entre los propios argentinos. El mundo nos ve más extremos de lo que nosotros mismos nos reconocemos. Y cuando se les pregunta qué valoran de los argentinos pese a todo —pese al volumen, pese al exceso, pese a la intensidad permanente— el 88% de los extranjeros encuestados responde que es precisamente eso: la cercanía y la hospitalidad.
Los números más altos del relevamiento aparecen en los festejos. El 96,3% de los argentinos afirma que "nos reconocen por cómo festejamos y gritamos desde el alma", y ese mismo porcentaje acuerda con que "en diez minutos se armó la fiesta". Los extranjeros llegan al 91% en esos mismos ítems. Nueve de cada diez personas que vinieron de otro país a vivir acá certifican que la maquinaria festiva argentina es algo que no se aprende ni se importa.
La generación que vio a Argentina campeón por primera vez
Dentro de ese retrato general, el estudio recorta un grupo que merece atención aparte. Los jóvenes de 18 a 24 años. Son los que el 18 de diciembre de 2022 salieron a la calle por primera vez en su vida a festejar un título mundial. Los que lloraron con desconocidos. Los que durante cuatro años convirtieron "segundo, Francia" en la gastada más usada del país. Y los números los retratan con una precisión casi poética.
El 82,5% de esa franja etaria afirma que "nuestros festejos son de otro planeta", frente al 64,9% de los mayores de 50. El 74,6% dice que "nos reconocen por cómo festejamos y gritamos desde el alma", contra el 63,2% de los mayores. Ese mismo 74,6% sostiene que "los argentinos nos abrazamos y lloramos con desconocidos", experiencia que los más grandes validan en un 54,4%.
Los que vivieron Qatar como su primer título llevan esa huella tatuada de una manera que los que ya habían visto el 78 o el 86 procesan distinto. No es que los mayores sean menos intensos. Es que para estos jóvenes la intensidad tiene una fecha fundacional muy concreta y muy reciente, y todo lo que vino después, incluido el Mundial 2026, lo procesan desde ese lugar.
El estudio también cruza por género y lo que aparece refuerza la idea de que la intensidad argentina tiene hoy cara joven y femenina. Las mujeres acuerdan más en los ítems emocionales con brechas que en algunos casos superan los 25 puntos. El 73,7% coincide con "sentimos todo intensamente", frente al 52,8% de los varones. En "el argentino nace sabiendo discutir", la diferencia es todavía mayor: 64,1% contra 38,9%.
Lo que el Estudio de Intensidad de Fratelli Branca termina instalando, más allá de los porcentajes, es algo que los argentinos saben de memoria pero que pocas veces encuentran tan bien documentado: la intensidad no es un problema para corregir ni un rasgo a disculpar. Es el idioma en el que este país habla, festeja, discute y se reconoce. El grito desde el fondo del alma cuando llega el Mundial de fútbol y la pelota entra al arco. El abrazo con el desconocido que, en diez minutos, ya dejó de serlo.