Del estrés adolescente al burnout adulto: la importancia de intervenir antes de la crisis
Cada 2 de marzo se conmemora el Día Mundial del Bienestar Mental para Adolescentes, una fecha destinada a visibilizar la importancia de la salud emocional durante una etapa marcada por cambios físicos, sociales e identitarios. En este contexto, especialistas advierten que los desafíos vinculados a la salud mental no se limitan únicamente a la adolescencia, sino que atraviesan distintas etapas de la vida.
Diversos estudios señalan que muchos trastornos psicológicos comienzan antes de los 25 años y, si no se detectan de manera temprana, pueden continuar durante la adultez. Por este motivo, organismos internacionales, profesionales de la salud y entidades vinculadas al bienestar promueven la detección temprana, el acceso a la información y la generación de espacios de acompañamiento.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada cinco adolescentes presenta algún trastorno mental antes de cumplir 18 años. En paralelo, informes elaborados por UNICEF indican que el 9% de los adolescentes de entre 13 y 17 años manifiesta sentirse deprimido, mientras que el 13% reporta experimentar angustia.
Estos indicadores se analizan en el marco de transformaciones sociales, tecnológicas y culturales que impactan en la vida cotidiana de las nuevas generaciones.
Factores que influyen en la salud emocional durante la adolescencia
La adolescencia es una etapa del desarrollo caracterizada por cambios en la identidad personal, la construcción de vínculos sociales y la incorporación de nuevas responsabilidades. En ese proceso, diversos factores pueden incidir en el bienestar emocional.
El licenciado Emiliano Ghietto (MP 2962), psicólogo de Prevención Salud, señala que se trata de un período especialmente sensible desde el punto de vista psicológico.
"La adolescencia es un período crítico. No solo por los cambios propios de la edad, sino porque hoy los jóvenes enfrentan factores de estrés más intensos, constantes y difíciles de gestionar", explica el profesional.
Entre los elementos que influyen en la salud mental de los adolescentes se encuentran la presión académica, las dinámicas sociales y el impacto de los entornos digitales. Según especialistas, el uso intensivo de redes sociales puede favorecer procesos de comparación permanente, exposición pública y búsqueda de validación externa.
"Vivimos en una era de inmediatez, donde la presión social, académica y digital se multiplica. Las redes sociales amplifican la comparación permanente y la exposición pública, lo que incrementa la vulnerabilidad emocional", agrega Ghietto.
Estos factores pueden interactuar con otros aspectos del desarrollo, como la construcción de la autoestima, la gestión de emociones y la adaptación a los cambios propios de la etapa.
Estrés laboral y salud mental en adultos
Los desafíos vinculados al bienestar mental no se restringen a las edades tempranas. En el ámbito laboral también se registran indicadores que reflejan niveles elevados de estrés.
Un estudio reciente realizado por la plataforma de empleo Bumeran indica que nueve de cada diez trabajadores argentinos manifiestan experimentar algún síntoma de estrés relacionado con el trabajo. El relevamiento señala que esta situación es más frecuente entre personas de entre 26 y 50 años.
Dentro de ese grupo etario, el 47% de los encuestados identifica el estrés laboral como el principal factor de deterioro de su bienestar emocional.
En este escenario, especialistas advierten sobre la presencia de dinámicas laborales asociadas a la hiperconectividad, en las que los límites entre el tiempo de trabajo y el tiempo personal se vuelven menos definidos.
Heacleff Gutierrez, Director de Asuntos Médicos en Opella, señala que el acceso permanente a herramientas digitales puede generar una continuidad de las demandas laborales más allá de la jornada formal.
"La hiperconectividad también llega a los adultos con una presión constante que no se detiene al finalizar la jornada de trabajo y que dificulta la posibilidad de tener espacios de descanso, ocio y recuperación física y mental", explica.
El especialista agrega que el autocuidado y la construcción de límites en la rutina diaria aparecen como elementos que contribuyen a la prevención del estrés crónico.
Motivos de consulta en salud mental según la etapa de la vida
Desde la experiencia clínica, los motivos de consulta en salud mental varían de acuerdo con la etapa vital de las personas.
En adolescentes y jóvenes, los profesionales de la salud registran con mayor frecuencia cuadros de ansiedad, dificultades en la regulación emocional, problemas vinculados al sueño, baja autoestima y dificultades para gestionar la presión escolar o social.
En el caso de los adultos, distintos estudios muestran un incremento en las consultas asociadas al estrés prolongado y al síndrome de burnout.
Datos recientes indican que el 24% de los trabajadores afirma que la mayor parte de los días no logra relajarse después de la jornada laboral y que experimenta dificultades para iniciar una nueva jornada de trabajo.
En este contexto, el burnout se describe como un conjunto de síntomas relacionados con el agotamiento físico y emocional vinculado al ámbito laboral.
"El burnout suele manifestarse con agotamiento físico y emocional constante, sensación de ineficacia, dificultad para desconectarse del trabajo e irritabilidad. Identificar estas señales tempranamente permite intervenir antes de que el impacto sea mayor", señala Gutierrez.
Investigaciones de la Universidad Siglo 21 también analizan la distribución de estos indicadores según la edad. Los niveles más bajos de burnout se registran entre jóvenes de 18 a 29 años, mientras que los descensos más marcados en bienestar laboral aparecen en personas de entre 30 y 49 años.
De acuerdo con especialistas, síntomas como irritabilidad persistente, estallidos emocionales o enfriamiento afectivo pueden ser señales de alerta en la población adulta.
Ghietto explica que en muchos casos las personas desarrollan rutinas marcadas por una respuesta permanente a demandas externas.
"Notamos que hay un modo de emergencia constante que hace que las personas estén permanentemente en estado de alerta. En muchos casos se produce una naturalización del estrés", señala el profesional.
Señales de alerta en la adolescencia
Durante la adolescencia, los cambios emocionales forman parte del desarrollo. Sin embargo, especialistas indican que algunas conductas pueden transformarse en señales de alerta cuando se sostienen en el tiempo o generan dificultades en la vida cotidiana.
Entre los principales indicadores mencionados por profesionales de la salud se encuentran:
- Alteraciones sostenidas en los patrones de sueño
- Irritabilidad frecuente
- Aislamiento social
- Descenso en el rendimiento escolar
- Pérdida de interés en actividades que anteriormente generaban interés
Ante estas situaciones, especialistas recomiendan promover espacios de diálogo en los que los adolescentes puedan expresar lo que están atravesando.
La generación de conversaciones abiertas dentro del entorno familiar o educativo puede facilitar la detección temprana de dificultades emocionales.
Desde Prevención Salud señalan que cuando estos cambios persisten en el tiempo y afectan la vida cotidiana del adolescente, es recomendable consultar con profesionales de la salud mental.
Estrategias de autocuidado y hábitos cotidianos
En paralelo a la detección de señales de alerta, especialistas destacan la importancia de incorporar prácticas de autocuidado en la vida diaria. Estas estrategias se relacionan con la construcción de rutinas que permitan sostener espacios de descanso, desconexión y regulación del estrés. Desde Opella señalan que los hábitos cotidianos pueden contribuir a establecer límites saludables entre las distintas áreas de la vida.
"La clave es la constancia. El autocuidado implica pequeños hábitos sostenidos en el tiempo que pueden integrarse en la rutina diaria, como establecer límites con el trabajo y desconectarse digitalmente al finalizar el día", explican desde la organización.
Entre las recomendaciones mencionadas por especialistas se incluyen realizar pausas breves durante la jornada laboral cada dos o tres horas, incorporar momentos de movimiento físico, mantener una hidratación adecuada y evitar saltear comidas.
Asimismo, se destaca la importancia de respetar horarios regulares de descanso y promover actividades de ocio que permitan reducir la acumulación de estrés.