El turrón de maní Arcor se vende como snack fit, pero esconde una trampa nutricional
El turrón de maní Arcor se instaló hace décadas en las dietas argentinas como una colación aparentemente inofensiva. Muchos lo consumen convencidos de que cuidan su línea.
La realidad es muy diferente. Este producto ultraprocesado esconde una composición nutricional que de saludable no tiene nada.
La historia del turrón Arcor arranca a fines de los años 80. Tal como señala la periodista Natalia Kiako en el sitio EconomiaSustentable.com, en esa época, Georgalos dominaba el mercado con su turrón Namur, un éxito rotundo de ventas.
El Namur era una adaptación criolla de recetas europeas. Junto al Mantecol, formaban la dupla más emblemática de Georgalos. Ambos reemplazaban almendras caras por maní cordobés, mucho más accesible.
Arcor vio el negocio y creó su propia versión automatizada del turrón. El Namur, de elaboración artesanal, no pudo competir en precio y desapareció del mercado a fines de los ochenta.
Georgalos relanzó el Namur en 2019 ante el furor de ventas. Pero su circulación no se compara con el producto de Arcor, que tiene distribución masiva.
Cómo una golosina se transformó en snack fit
El turrón de maní Arcor no cambió prácticamente nada en décadas, indicaron en EconomiaSustentable.com. Ni su fórmula, ni su nombre, ni siquiera el color del envoltorio.
Como golosina, siempre funcionó bien: económica, accesible y de distribución masiva. Pero algo cambió en los últimos años.
El producto multiplicó sus ventas gracias a un factor inesperado. Su inclusión en dietas para adelgazar y planes nutricionales armados por profesionales de la salud.
Muchos consumidores orientados a un estilo de vida saludable dejaron de verlo como golosina. Ahora lo consideran un snack estratégico dentro de una dieta limitada en calorías.
La lógica detrás de esta recomendación es simple. Aporta saciedad y recompensa sin sumar demasiadas calorías al día. Personal trainers y ciertos nutricionistas lo sugieren como colación.
Alrededor de 2017 la popularidad explotó. Se vendía aproximadamente un millón de turrones diarios.
Qué dicen los expertos sobre su valor nutricional real
El Dr. Carlos Sabagh, médico especialista en nutrición (MP 15230), es contundente. "No. El turrón no es saludable, y no ayuda en nada pensar únicamente en sus kilocalorías", señaló al sitio EconomiaSustentable.com.
Según Sabagh, hay un ejército de profesionales que son serviles a la industria alimentaria, consciente o inconscientemente. "Estos son productos ultraprocesados, con un montón de harina y un montón de azúcar."
Un alimento es por definición un comestible nutritivo. El turrón de maní Arcor no cumple esa definición: solo aporta harina blanca, azúcar y 98 calorías con casi nada de nutrientes.
Sus ingredientes delatan su naturaleza de golosina. Jarabe de glucosa como el de los caramelos, harina blanca, azúcar, aceite. Para amalgamar: lecitina de soja, gelatina bovina, aromatizante.
Apenas lleva 10% de maní: 2,5 gramos, el equivalente a 2 o 3 maníes por unidad.
El tamaño de la oblea es engañoso. Las obleas livianas y voluminosas dan sensación de merienda completa. La consistencia densa y chiclosa del relleno de glucosa impide consumirlo rápido.
Pero cada 100 gramos de producto aportan 410 calorías. Imposible considerarlo un alimento de bajo valor energético.
Por qué las calorías no son el único dato relevante
"Una cosa son las calorías y otra cosa es la densidad nutricional de un alimento, que es lo realmente importante", explica Sabagh al portal EconomiaSustentable.com.
"En medicina, como criterio de salud, las calorías no existen más", sentencia el especialista.
La comparación con maní natural es demoledora:
- El turrón tiene 100 calorías cada 25g, el maní 140 calorías
- El turrón tiene 10 gramos de azúcar, el maní apenas 1g
- El turrón aporta 0,4g de fibra, el maní 2g
- El maní natural ofrece proteínas, grasas saludables y micronutrientes que el turrón no tiene
La misma cantidad de maní resulta una colación mucho más nutritiva. Sin las desventajas del azúcar, la harina blanca y la grasa industrial.
En noviembre de 2019 Arcor lanzó una versión verde del turrón. La promocionó como fuente de fibra y libre de colesterol. Nunca obtuvo un éxito ni remotamente cercano.
Todos estos productos son libres de colesterol por su propia naturaleza. Ni la versión original ni la verde pueden considerarse fuentes significativas de fibra.
La estrategia de la porción justa que convenció al mercado
Hoy el turrón cuesta $450 en supermercados como Coto. Apuntalado por la pérdida de poder adquisitivo y con el aval de cierto campo de expertos, es imbatible en góndolas.
La seducción del turrón ante consumidores que habitualmente no comerían golosinas reside en el concepto de "porción justa" que Arcor promociona: golosinas de pequeño formato que lograron el respaldo de algunos médicos bajo el argumento de que, a discreción, ningún producto sería dañino.
El concepto de porción justa es heredero de los "permitidos" que en los años 90 acuñó el Dr. Cormillot. Además, construyen un modelo alimentario a favor del snackeo cotidiano.
Una práctica que la mayoría de los profesionales actualizados encuentra más cercana a los intereses de la industria que de la salud pública.
Como "porción justa", Arcor ofrece junto a su turrón paquetes pequeños de Saladix, gomitas Mogul, Bon o bon y Tofi. Comestibles difícilmente asociados a una alimentación saludable.
Productos que la industria logra colocar incluso en dietas cuidadosas con gran astucia. El turrón de maní es el caso más exitoso de todos.