Compraste Cerealitas creyendo que eran sanas pero la tabla nutricional esconde una verdad incómoda sobre tu salud
Las galletitas que se venden como saludables tienen más grasa y más azúcar que las comunes. Un análisis detallado de las tablas nutricionales de Cerealitas y Hogareñas revela que estas marcas populares no solo no cumplen la promesa de ser más sanas, sino que su perfil nutricional es peor que el de galletitas de agua tradicionales como Criollitas o Express.
Según publcó la periodista Natalia Kiako en el sitio EconomiaSustentable.com, el dato sorprende porque contradice décadas de marketing. Estas galletitas se posicionaron en la mente del consumidor como la opción inteligente para quienes buscan cuidarse.
Los argentinos consumen en promedio 11 kilos de galletitas por persona al año. De ese total, unos 8 kg son dulces y 3 kg saladas. El país ocupa el segundo puesto mundial en consumo, muy por encima del resto de la región.
Dentro de ese volumen gigante de consumo, las galletitas que prometen algún tipo de virtud saludable ganan terreno año a año frente a las clásicas de agua: salvado, multicereales, harina integral.
¿Pero se logra, así, comer mejor? La respuesta es no.
Qué es realmente la harina integral y por qué importa
Andrea Graciano es nutricionista (MN 2598) y coordina la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Escuela de Nutrición de la UBA. Explica que la recomendación nutricional es aumentar el consumo de fibra mediante frutas, vegetales, legumbres y cereales integrales.
El problema aparece cuando la industria manipula esa noción, según publicó EconomiaSustentable.com.
"Muchas galletitas se promocionan como integrales y en realidad no lo son", advierte Graciano. "Dentro de las estrategias de marketing que despliega la industria alimentaria, está la manipulación de las nociones que tenemos sobre sus productos y sus asociaciones."
El Código Alimentario Argentino (CAA) permite que la "harina integral" del rótulo sea una categoría demasiado amplia. Bajo ese nombre puede encontrarse auténtica harina integral o también harina blanca refinada con salvado añadido.
Esta práctica industrial se llama "integralización". Produce un resultado nutricionalmente inferior a la harina integral verdadera.
Manuela Schedlbauer y su hijo Benjamín están al frente de Molino Mayal. Producen harinas integrales y orgánicas de alta calidad que usan las mejores panaderías de Buenos Aires, como Atelier Fuerza o los locales de Narda Lepes y Donato Di Santis.
"La harina blanca es solamente almidón", explican. "En nuestros molinos, se muele todo el grano entero y luego vamos tamizando para alcanzar distintos grados de refinamiento."
Las harinas integrales verdaderas se obtienen moliendo el grano completo: el endospermo (donde está el almidón), el salvado (que aporta fibra) y el germen (donde se concentran los nutrientes más significativos que pueden ofrecer los cereales).
"Cuanto más refinás, más vas perdiendo del grano", señala Benjamín. "Una harina 0000, ultra refinada, blanca, tiene solo el centro del grano. No hay salvado y el germen prácticamente no está."
Mucho de lo que se vende como harina integral a nivel industrial es harina reconstituida con salvado. Solo tienen harina blanca y una cantidad indeterminable de salvado añadido.
Se recupera así cierta cantidad de fibra. Nunca la misma que tendría el grano originalmente. También algo de vitaminas del grupo B y hierro.
Pero no los antioxidantes, vitamina E y otros minerales que se encuentran en el germen, según publicó EconomiaSustentable.com.
Los procesos industriales de producción pueden obtener una tonelada por hora. En un molino a piedra como Mayal, donde se muele de forma artesanal, producen hoy unos 600 kg en 8 hs.
Esa no es la única ventaja de la industria. Cuanto más blanca y refinada la harina, más fácil es conservarla en perfecto estado a largo plazo. El grano integral molido tiene mayor propensión a oxidarse y deteriorarse con el tiempo.
Qué dice la ley sobre las galletitas integrales
En 2025, mediante la Resolución Conjunta N°18/2025, se actualizó el CAA estableciendo una nueva definición de pan integral. Del contenido total de harinas usadas en su elaboración, al menos el 50% deberá ser del tipo integral.
Es un avance modesto. Significa que un pan puede llamarse "integral" con solo la mitad de su harina siendo realmente integral.
La norma regula el porcentaje mínimo de harina integral en el pan. Pero no define con precisión qué cuenta como "harina integral" a los fines del etiquetado de ingredientes.
En el rubro galletitas, ni siquiera establece un porcentaje mínimo para considerarlas integrales.
¿Qué harina tiene realmente el producto en góndola? ¿Es integral o solo harina blanca con salvado? ¿Cuán integral es?
El consumidor no tiene forma de acceder a información certera. Ni siquiera leyendo la letra chica o la lista de ingredientes.
El público se deja guiar por factores engañosos. Expresiones vagas en el frente del paquete como "multicereal", "integral" o "alto en fibra". El color oscuro o el aspecto "rústico" del producto tampoco garantizan nada. Muchas veces se logra con melaza u otras harinas más oscuras.
"Podríamos pensar en una especie de 'índice de saludabilidad' imaginario que la industria busca instalar", reflexiona Graciano. "Elementos como los envoltorios verdes, las referencias a cereales o granos, y ciertas palabras asociadas al bienestar construyen una percepción de producto saludable."
Sin embargo, cuando se aprende a leer detenidamente las etiquetas y la información nutricional, muchas veces se descubre que esa imagen no se corresponde con la composición real del producto, según publicó EconomiaSustentable.com.
Qué tienen realmente las Cerealitas y las Hogareñas
Las marcas más exitosas en ventas del rubro galletitas que se promocionan con algún elemento "saludable" son las Cerealitas y las Hogareñas. Son ejemplos cabales de un marketing que exalta las virtudes de las harinas integrales, los múltiples cereales incorporados o el salvado extra.
Mirando con lupa, la diferencia con una galletita común es baja. O peor aún: el perfil nutricional de las Cerealitas y las Hogareñas es bastante peor.
Las Cerealitas tienen un valor energético de 146 calorías por porción. Cada 5 galletitas (34 g de producto) se ingieren:
- 1,9 g de azúcar
- 4,8 g de grasa
- 192 mg de sodio
Los macronutrientes de las Cerealitas en versión salvado son prácticamente los mismos, con un poco más de fibra.
La porción de galletitas Hogareñas de salvado se parece mucho:
- 123 calorías
- 4,6 g de grasa
- 0,7 g de azúcar
Si esos números se comparan con galletitas de agua comunes, como las Criollitas clásicas, se encuentra que tienen:
- Menos grasas totales: 3,9 g
- Menos azúcares: 0 g
- Menos sodio: 167 mg
- Prácticamente las mismas calorías: 127
Las Express tienen aún menos grasas (3,7 g), menos sodio (138 g) y 130 calorías.
La variación entre las galletitas vendidas como "saludables" y las comunes es inversa a las expectativas que genera el marketing. Hay apenas algo extra de fibra, a cambio de más grasas y azúcar, según publicó EconomiaSustentable.com.
El cuadro queda más claro cuando estas galletitas "sanas" se comparan con un snack como las Saladix. Un producto que nadie elegiría para cuidarse, sino para darse un gusto.
Una porción de igual peso del snack sabor jamón aporta menos calorías (130) y menos grasa (3,9 g) que las Hogareñas y las Cerealitas.
Una relación inversamente proporcional entre tabla de nutrientes y estrategias publicitarias.