Una científica argentina gana un premio internacional pero su trigo transgénico desata críticas
El 11 de junio, Raquel Lia Chan recibirá en París el Premio Internacional L'Oréal-UNESCO a las Mujeres en la Ciencia 2026. La distinción reconoce su descubrimiento de genes que mejoran la tolerancia de las plantas a cambios ambientales.
Chan es investigadora y profesora de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). También dirige el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (CONICET-UNL) en Argentina. Su especialidad: desarrollar variedades de trigo, maíz, arroz y soja resistentes a la sequía. Pero el premio volvió a encender un debate que lleva años. En el centro de la polémica está el trigo HB4, uno de sus desarrollos más promocionados, indica la periodista Karina Ocampo en una nota publicada en el sitio EconomiaSustentable.com.
El trigo HB4 fue presentado como resistente a la sequía, pero especialistas cuestionan tanto su efectividad real como los riesgos ambientales y sanitarios que genera. Entre las críticas principales: la posible contaminación cruzada al trigo convencional y su tolerancia al glufosinato de amonio, un herbicida más tóxico que el glifosato y prohibido en la Unión Europea.
El comunicado de prensa de L'Oréal-UNESCO destaca a Chan como "una líder visionaria y mentora dedicada". Menciona que en la 28° edición del premio, las cinco galardonadas fueron seleccionadas entre 504 candidaturas de 89 países.
Habla de su "contribución a la seguridad alimentaria mundial". Pero esa contribución resulta difícil de evaluar después de seis años de aprobación comercial del trigo HB4.
Desde el sector ambiental denuncian falta de datos sobre su producción y comercialización en Argentina.
Cómo empezó la polémica pública del trigo transgénico
En diciembre de 2018, el periodista Darío Aranda publicó en PáginaI12 un artículo titulado "Peligro en las mesas argentinas". El texto alertaba sobre la aprobación de papa y trigo transgénicos. Dos alimentos de consumo masivo en el país.
La empresa Bioceres había organizado un evento en Pergamino para presentar el trigo HB4 ante 200 personas. Lo llamaron "el evento del año".
Raquel Chan ejerció su derecho a réplica en enero de 2019. Publicó un artículo titulado "Por qué la palabra transgénico no debería ser una mala palabra".
Allí aclaraba que había mejorado las propiedades del trigo con un gen de girasol agregado. El objetivo: hacerlo más tolerante a la sequía.
Chan sostuvo que no necesariamente un transgénico estaba asociado al mayor uso de agrotóxicos. Y que el trigo HB4 aún no había sido liberado comercialmente.
Debía pasar por numerosas pruebas de inocuidad para determinar que no afectara al ambiente.
El ingeniero agrónomo Fernando Frank respondió en el mismo medio. Denunció que las afirmaciones de Chan estaban alejadas de la realidad.
Frank apuntó a conflictos de interés en los mecanismos de fiscalización y control. Señaló a la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (Conabia) y al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).
Según Frank, esos organismos favorecían a las empresas transnacionales. Tampoco se había consultado a los consumidores, añade el artículo publicado en el sitio EconomiaSustentable.com.
Su crítica fue contundente: "La opción de disminuir el consumo de agrotóxicos mediante la liberación de transgénicos de resistencia a herbicidas lleva más de 20 años, y es un fracaso ambiental y sanitario, pero a su vez una fuente exorbitante de ganancias para quienes venden venenos".
Frente a la degradación creciente de los suelos, Frank acusaba a "la ciencia adicta a las transnacionales del agro". Según él, repetían falsas soluciones que omitían prácticas agroecológicas.
La campaña "No se metan con nuestro pan" y la movilización contra el HB4
En 2020, en plena pandemia y bajo el gobierno de Alberto Fernández, llegó la primera aprobación comercial del trigo HB4. Venía con una condición: solo podía exportarse a países que lo autorizaran, principalmente Brasil.
La respuesta fue inmediata. Más de 1.300 organizaciones socioambientales y personas formaron la campaña "No al trigo transgénico. No se metan con nuestro pan". Hubo movilizaciones en varias ciudades del país.
Pero antes incluso de su aprobación formal, en 2016, ya había evidencias de problemas. Corea del Sur rechazó un cargamento de trigo argentino por contener trigo transgénico ilegal.
Eso demostraba que el HB4 ya se cultivaba de manera no autorizada y estaba afectando al ambiente, remarca el sitio EconomiaSustentable.com.
Fernando Frank, en diálogo con Economía Sustentable, recordó cómo se definieron 10 motivos para decirle NO al trigo transgénico.
"En mi rol de ingeniero agrónomo me tocó en varios momentos aclarar sobre la contaminación cruzada", explica.
El trigo tiene autofecundación, pero siempre existe un porcentaje de fecundación cruzada. Las plantas lo hacen como mecanismo para aumentar la variabilidad genética.
Trabajos científicos registraban hasta 15% de fecundación cruzada, irónicamente en situaciones de sequía. Es decir: el trigo HB4 podía contaminar genéticamente por cruzamiento a los trigos no transgénicos, que son la gran mayoría.
Frank agrega: "Ahora hay novedades con respecto a la caída de la productividad, que no compite para nada con el resto de las variedades de trigo".
Se conformó entonces un colectivo de científicos y referentes ambientales llamado Trigo Limpio. Fernando Frank fue parte.
Participó de manifestaciones frente a la empresa Havanna cuando anunció que usaría harina de trigo HB4 para sus alfajores.
La campaña de boicot "Chau Havanna" funcionó. La empresa dio marcha atrás.
En 2023, Bioceres dio a conocer que al menos 25 industrias molineras argentinas usaban trigo HB4 sin ningún tipo de restricción.
No tenían la obligación de informarlo a los consumidores. Hubo reacciones y causas judiciales.
El colapso de Bioceres y las dudas sobre la efectividad del trigo HB4
En junio de 2025, Bioceres S.A., del grupo biotecnológico rosarino, se declaró en default.
En enero de 2026 resolvió presentarse en concurso preventivo de acreedores.
Finalmente decidió continuar solo con Bioceres Semillas, como desarrollador de tecnologías. La gestión del negocio de las semillas pasó a la empresa Horus.
La venta del trigo HB4 quedó a cargo de Natal Seeds.
Fernando Frank es tajante: "Lo que nosotros decimos es que en realidad lo que hicieron fue un fracaso tecnológico y comercial derivado del fracaso productivo de que el trigo HB4, como suponíamos, no es resistente a la sequía".
En artículos para una revista brasileña de agroecología y en la Agencia Tierra Viva, Frank expone las razones por las que considera falsas las ventajas de tolerancia a la sequía.
Incluso en estudios presentados por Bioceres sobre ensayos con variedades "testigo", los datos contradicen las conclusiones.
"Las variedades no transgénicas, en promedio, produjeron más que el transgénico en condiciones de estrés hídrico", señala Frank. Por eso lo considera una mentira productiva.
Con respecto a la resistencia al glufosinato de amonio, Frank se refiere a otra discusión.
Raquel Chan decía que no era un objetivo tecnológico. Que se trataba de un residuo del proceso de desarrollo tecnológico.
Los científicos en oposición lo desmintieron con dichos de la propia empresa Bioceres.
"No podemos saber si se está utilizando, sabemos que no lo están sembrando así masivamente como ellos pretendían pero no podemos saber dónde se está sembrando", explica Frank.
En Argentina no hay registro de qué cultivos transgénicos se cultivan, dónde, en qué cantidades de semilla.
No hay voluntad de generar ese registro que sí existe en Uruguay y otros países.
Frank agrega que incluso dentro del agronegocio hubo voces críticas al trigo HB4, por motivos comerciales.
Hace unas semanas en Europa detuvieron el ingreso de cargamento de harina de soja porque se detectó el gen HB4. La biotecnología no está aprobada en el continente.
La situación con Raquel Chan es compleja, explica Frank. Ella habla a favor de la ciencia nacional, participa en la defensa de la universidad pública, la investigación científica y el desarrollo tecnológico público.
"Pero en realidad la patente fue desarrollada por la ciencia pública y se la quedó Bioceres, una empresa privada transnacional de origen argentino".
Bioceres cotiza en Nueva York. Tiene capitales de Siemens, Biogenesis Bagó, Grobocopatel y otros fondos de diversos orígenes.
Las preguntas que nadie responde sobre el impacto real del HB4
Guillermo Folguera es filósofo y biólogo. Integra colectivos socioambientales y comparte sus reflexiones en medios y redes.
Formula preguntas sobre las consecuencias generadas a partir de la ausencia de datos, tanto en términos sanitarios y sociales, como ambientales.
La primera tiene que ver con qué tipo de balance se hace de la tecnología HB4.
"Una tecnología que promueve la deforestación y el desmonte. Una tecnología de corrimiento de la agricultura, sobre todo dirigida al noroeste de nuestro país", describe Folguera.
Pregunta qué ha pasado con esa tecnología HB4 y qué implicó la sojización en zonas que sufrían estrés hídrico.
"¿Qué ha pasado con esa tecnología HB4 en zonas que en dos o tres generaciones terminaron de destruir al suelo?", cuestiona. La ausencia de datos es algo muy grave y muy difícil de proyectar, pero no es casualidad: es programada.
La siguiente pregunta apunta al aumento del uso del glufosinato de amonio, herbicida promovido por la misma empresa.
En tercera instancia, Folguera plantea: ¿qué tipo de efecto generó en la pirámide alimentaria? ¿Qué modificaciones en la alimentación de la población argentina implicó la ingesta de este trigo?
Trigo que había despertado muchísima polémica en otros lugares del mundo.
La cuarta pregunta tiene que ver con los convenios público-privado en el ámbito de la ciencia.
CONICET, Universidad Nacional del Litoral y Bioceres. Un proyecto que, según Folguera, tiende a la privatización del conocimiento y a la pérdida de lo público.
El investigador de CONICET y profesor de la Universidad de Buenos Aires habla desde la perspectiva de la propia lógica académica.
Su última pregunta, y la más general, tiene que ver con los balances mientras Bioceres estuvo al borde de la quiebra y tuvo que ceder sus operaciones a otras empresas.
"¿Qué tipo de balance se hace con algo que involucra la salud del pueblo argentino, el territorio, el ambiente, la alimentación con una empresa que ya dio sus rindes para un sector que está siendo modificado estructuralmente?"
Una empresa comida por otras, pero que en lo más mínimo se ha proyectado. "Parece mucho más cerca de lo que se puede entender como especulación a corto plazo, que verdaderamente una revolución que tiende a beneficiar la salud, el ambiente y la alimentación del pueblo argentino", concluye Folguera.
La agroecología como alternativa frente al fracaso del modelo transgénico
En 2020, la creación de la Secretaría de Agroecología dentro del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca fue celebrada.
Un porcentaje de productores apostaba a dejar de utilizar cultivos transgénicos dependientes de agroquímicos. O buscaban crecer en un paradigma natural.
Eduardo Cerdá fue su presidente. Se desempeñó en la función pública hasta que el gobierno actual de Javier Milei cerró la secretaría en 2024.
Desde su rol de director, trató con su equipo de impedir la aprobación del trigo HB4. Les resultó imposible por la presión del lobby.
Explicaron que esa tecnología no traería soluciones para el campo.
Hoy Cerdá volvió a su trabajo como asesor privado. Es presidente de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología (RENAMA).
El ingeniero agrónomo cuenta que no conoce gente que haya sembrado trigo HB4 porque se distribuyó de manera encubierta.
Sus productores conocidos no entraron en el debate ni en la preocupación de la contaminación. Aunque reconoce que sí era para preocuparse.
"Dentro de los grupos de agroecología, tratan de tener su propia semilla, una semilla que esté identificada con el campo, que la conocen y por lo tanto no depende mucho de semillas de criaderos", comenta.
Están mucho más independientes. No compran tan fácilmente estos espejitos de colores.
Eduardo Cerdá considera que si bien Bioceres intentó agilizar su logística, aun en épocas de sequía, no pudieron mostrar buenos resultados.
Porque no los obtuvieron.
Por su parte, sin tanta visibilidad, la agroecología continúa creciendo en los campos argentinos y en el continente.
"Los productores a los que nosotros estamos vinculados no se fueron de la agroecología, sienten que el haber avanzado en ella les permitió estar desendeudados".
Hubo lugares que tuvieron sequías, ocurrencias climáticas muy severas. De alguna manera pudieron pasarlo por estar bien.
"Cuando ha llovido los campos se han repuesto rápidamente porque estaban con mayor fertilidad que si estuvieran en producciones convencionales, dependiendo tanto de los químicos", concluye Cerdá.