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Ojo seco y menopausia: por qué los cambios hormonales afectan la lágrima y cómo tratarlo

Ardor, picazón o sensación de arenilla en los ojos pueden tener origen hormonal. Una especialista explica qué es el ojo seco y cómo identificarlo
14/06/2026 - 12:01hs
Qué tiene que ver la menopausia con esa molestia persistente en los ojos

La menopausia suele asociarse con sofocos, alteraciones del sueño o cambios de humor. No obstante, existe otro síntoma frecuente del que se habla mucho menos y que impacta directamente sobre la calidad de vida. Se trata del ojo seco, una enfermedad multifactorial que afecta hasta al 79% de las mujeres posmenopáusicas, mientras que cerca del 37% experimenta síntomas moderados o severos. No se trata de cansancio visual ni de pasar demasiadas horas frente a la pantalla, aunque esos factores lo agravan. Es una enfermedad ocular cuya causa de fondo está en el sistema hormonal, y cuando no se trata, puede cronificarse.

"El ojo seco es una enfermedad multifactorial que se produce cuando hay una alteración en la cantidad o calidad de la lágrima. Esto genera inestabilidad en la superficie ocular, inflamación y, en algunos casos, daño", explica Paula Albera (M.N. 130273), jefa del servicio de Superficie Ocular de Charles Centro Oftalmológico.

Los síntomas más frecuentes son ardor, irritación, sensación de arenilla o cuerpo extraño, sensibilidad a la luz, visión borrosa, cansancio visual y lagrimeo excesivo como respuesta refleja a la inflamación. Lo paradójico de ese último punto —llorar más cuando el ojo está seco— genera confusión en muchas pacientes, que descartan el diagnóstico justamente por ese motivo.

Albera asegura que en los últimos años las consultas por ojo seco crecieron de forma sostenida. Según explica, detrás de esa tendencia aparecen factores como el mayor uso de pantallas, cuestiones ambientales, cambios hormonales y una mayor difusión de la enfermedad, que permite que más personas identifiquen los síntomas y consulten tempranamente.

Por qué la menopausia favorece el ojo seco y cuáles son los tratamientos disponibles

La relación con la menopausia tiene una explicación hormonal directa. "Durante esta etapa disminuyen los niveles de estrógenos y andrógenos, fundamentales para el correcto funcionamiento de las glándulas que producen la lágrima. Las glándulas lagrimales generan el componente acuoso que lubrica el ojo; las de Meibomio producen la capa lipídica que evita que esa lágrima se evapore rápidamente. Cuando este sistema se desregula, la lágrima se vuelve inestable y permanece menos tiempo en la superficie ocular, dejando los tejidos expuestos y favoreciendo la inflamación", explica la especialista.

Una de las particularidades de esta enfermedad es que suele comenzar de manera gradual. "En muchos casos los síntomas aparecen durante la perimenopausia, la etapa de transición previa a la menopausia que habitualmente comienza entre los 40 y los 50 años. Aunque pueden iniciarse en ese período, suelen volverse más notorios o severos una vez instalada la menopausia", detalla Albera.

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Los síntomas suelen comenzar en la perimenopausia, entre los 40 y los 50 años

A esto se suman factores externos que pueden empeorar el cuadro. El uso prolongado de pantallas, la exposición al aire acondicionado o la calefacción, el viento, la contaminación ambiental, el uso de lentes de contacto y algunos medicamentos figuran entre los principales desencadenantes.

Para muchas mujeres, diferenciar el ojo seco de una irritación pasajera no resulta sencillo. "Los síntomas pueden ser intermitentes, pero suelen persistir en el tiempo. Muchas veces comienzan como una irritación ocasional, aunque no desaparecen completamente o reaparecen con frecuencia. La evaluación por parte de un oftalmólogo es fundamental para diferenciar el ojo seco de otras afecciones", explica la médica.

La alimentación también puede incidir. "Existen patologías digestivas, como la celiaquía, la enfermedad inflamatoria intestinal o el SIBO, que pueden asociarse a síntomas de ojo seco. En algunos casos, el diagnóstico oftalmológico permite detectar estos problemas de base y, al tratarlos adecuadamente, también mejoran los síntomas oculares", explica Albera. A eso se suma la evidencia sobre el omega 3: "Diversos estudios han demostrado que los suplementos de omega 3 pueden contribuir a mejorar los síntomas del ojo seco, especialmente en aquellos casos relacionados con una evaporación excesiva de la lágrima."

Para el diagnóstico, en la mayoría de los casos no hacen falta equipos sofisticados. "Un examen oftalmológico completo con lámpara de hendidura y una historia clínica detallada son suficientes para arribar al diagnóstico. ", sostiene la médica.

En cuanto al tratamiento, las opciones disponibles van desde lágrimas artificiales sin conservantes, geles lubricantes y antiinflamatorios tópicos hasta tapones lagrimales y procedimientos como la Luz Pulsada Intensa, que Albera indica como especialmente útil "en pacientes con rosácea ocular, blefaritis, orzuelos recurrentes y ojo seco de tipo evaporativo."

Para quienes pasan muchas horas frente a pantallas, Albera recomienda una herramienta concreta: "Lo ideal es realizar pausas frecuentes. Una recomendación muy utilizada es la regla 20-20-20: cada 20 minutos, parpadear 20 veces y mirar durante unos segundos un punto ubicado a 20 pies —aproximadamente 6 metros— de distancia. También es importante recordar parpadear conscientemente para evitar la evaporación excesiva de la lágrima."

En cuanto al pronóstico, la oftalmóloga remarca que "En los casos asociados a la menopausia, los tratamientos disponibles actualmente suelen ofrecer una mejoría significativa de los síntomas y de la calidad de vida." Y aclara que el objetivo no siempre es la cura total: "El ojo seco genera un círculo vicioso en el que la inflamación y la sequedad se potencian mutuamente. Los tratamientos actuales buscan interrumpir ese proceso. En algunos pacientes se logra un control completo de los síntomas, mientras que en otros la mejoría es parcial, aunque igualmente significativa."

El error más común que Albera ve en el consultorio es la automedicación: "Muchas personas utilizan gotas por recomendación de familiares o conocidos y demoran la consulta con el especialista. Esto puede retrasar el diagnóstico correcto y el inicio del tratamiento adecuado, favoreciendo la cronificación de la enfermedad y aumentando el riesgo de complicaciones." También advierte sobre los mitos: "Uno de los más frecuentes es que los tratamientos indicados por el médico pueden resultar perjudiciales o generar toxicidad a largo plazo. Como consecuencia, algunas personas recurren a remedios caseros sin evidencia científica, como gotas de limón, preparados con zanahoria o lavados oculares con té, que incluso pueden resultar dañinos para la superficie ocular."

"La menopausia es una etapa de cambios importantes y es fundamental escuchar al cuerpo y consultar ante síntomas persistentes. El ojo seco tiene tratamiento y, cuando se diagnostica a tiempo, el pronóstico suele ser favorable. Lo más importante es no normalizar las molestias y buscar atención médica temprana para evitar que el problema avance.", concluye la médica.