La relación entre el yogur y la microbiota intestinal que estudia la ciencia para prevenir enfermedades
Durante décadas, la prevención de las enfermedades crónicas estuvo vinculada principalmente con el control de factores de riesgo como el tabaquismo, el sedentarismo, la hipertensión arterial y el exceso de peso. En los últimos años, la microbiota intestinal comenzó a ocupar un lugar central dentro de las investigaciones sobre nutrición y salud debido a su participación en distintos procesos del organismo.
Los billones de microorganismos que habitan el intestino intervienen en funciones relacionadas con la regulación del sistema inmunológico y el metabolismo. A partir de estos conocimientos, distintos grupos de investigación comenzaron a estudiar si una mayor diversidad de la microbiota intestinal, favorecida por el consumo habitual de alimentos que contienen microorganismos vivos, podría asociarse con una menor probabilidad de desarrollar determinadas enfermedades crónicas.
Los estudios publicados en los últimos años encontraron asociaciones entre el consumo de alimentos fermentados y cambios en la composición de la microbiota. La diversidad microbiana es considerada uno de los indicadores utilizados para evaluar el estado de la salud intestinal y su relación con procesos metabólicos. También se analizaron posibles vínculos entre la ingesta de estos alimentos y diferentes indicadores relacionados con la salud cardiovascular y metabólica.
Entre los alimentos fermentados, el yogur ocupa un lugar destacado. Se trata de un alimento elaborado mediante la fermentación de la leche con bacterias vivas, principalmente Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Algunos productos incorporan además cepas probióticas específicas, entre ellas determinadas variedades de Lactobacillus casei o Bifidobacterium lactis.
Además de aportar calcio, proteínas de alto valor biológico y otros nutrientes, el yogur constituye una de las alternativas alimentarias para incorporar microorganismos vivos. En estudios observacionales, las personas que consumen yogur de manera habitual presentaron perfiles metabólicos asociados con menor obesidad abdominal y modificaciones en la composición de la microbiota intestinal.
"Durante mucho tiempo hablamos de nutrientes aislados. Hoy la ciencia está avanzando hacia una mirada más integral, que contempla cómo los alimentos interactúan con la microbiota intestinal y cómo esa relación puede influir sobre la salud a largo plazo. Los alimentos fermentados están ocupando un lugar cada vez más relevante dentro de esa nueva perspectiva", señaló la Dra. Andrea González, integrante de PROFENI y jefa del Departamento de Alimentación del Hospital de Gastroenterología Dr. C. Bonorino Udaondo.
Qué es la dosis diaria de microorganismos vivos
Uno de los conceptos que comenzó a ser estudiado en este campo es el de "dosis diaria de microorganismos vivos". La propuesta consiste en analizar si, además de considerar la cantidad de determinados nutrientes que aporta una alimentación, puede resultar relevante la incorporación regular de microorganismos vivos mediante alimentos.
La hipótesis todavía se encuentra en investigación, pero distintos trabajos aportaron datos sobre la relación entre el consumo de alimentos con microorganismos vivos y determinados indicadores de salud. Uno de los análisis realizados sobre más de 27.000 participantes encontró que una mayor ingesta de estos alimentos estaba asociada con indicadores cardiometabólicos más favorables.
Entre los parámetros analizados se incluyeron:
- La presión arterial
- La glucemia
- La insulina
- Los triglicéridos
- El colesterol HDL
- El perímetro de cintura
Estos resultados forman parte de una línea de investigación que busca determinar de qué manera la alimentación y la microbiota pueden relacionarse con procesos metabólicos que intervienen en el desarrollo de enfermedades crónicas.
Otro trabajo evaluó específicamente la relación entre el consumo de yogur y la diabetes tipo 2. Un metaanálisis que reunió 14 estudios realizados en Estados Unidos, Reino Unido, Países Bajos, España, Australia y Japón incluyó a 483.090 personas. De acuerdo con sus resultados, cada incremento de 50 gramos diarios en el consumo de yogur se asoció con una reducción del 7% en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
La asociación observada en este tipo de investigaciones no permite establecer por sí misma una relación de causa y efecto. Sin embargo, los resultados contribuyen al estudio de los mecanismos mediante los cuales los alimentos fermentados podrían relacionarse con la salud metabólica.
"Lo interesante es que los beneficios observados no parecen explicarse únicamente por los nutrientes presentes en estos alimentos, sino también por la presencia de microorganismos vivos y por su interacción con la microbiota intestinal. Esto abre una línea de investigación muy prometedora para comprender mejor cómo prevenir enfermedades crónicas desde etapas tempranas de la vida", explicó María Elena Torresani, doctora en Nutrición, directora de la Carrera de Especialistas en Nutrición con orientación en Obesidad de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA) e integrante de PROFENI.
El vínculo entre el yogur y la microbiota intestinal
Una de las explicaciones estudiadas sobre la relación entre el consumo de yogur y determinados indicadores de salud se encuentra en su posible interacción con la microbiota intestinal. La composición y actividad de las comunidades de microorganismos del intestino intervienen en diferentes procesos vinculados con la digestión, el metabolismo y la respuesta inmunológica.
Entre los productos generados por la actividad de determinadas bacterias intestinales se encuentran los ácidos grasos de cadena corta, entre ellos el butirato. Este compuesto participa en el mantenimiento de la barrera intestinal y se relaciona con procesos vinculados con la respuesta inflamatoria y el funcionamiento del sistema inmunológico.
Por este motivo, una parte de las investigaciones actuales busca determinar si una alimentación que favorece determinadas características de la microbiota puede influir en procesos relacionados con enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad y otras enfermedades crónicas no transmisibles.
"La relación entre la microbiota y las enfermedades crónicas es hoy uno de los campos más dinámicos de investigación en nutrición. Se sabe que una microbiota intestinal diversa y saludable se asocia con una mejor regulación de procesos inflamatorios, inmunológicos y metabólicos, factores estrechamente vinculados con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otras condiciones crónicas no transmisibles", manifestó la Dra. Mónica Katz, médica especialista en Nutrición, expresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición e integrante de PROFENI.
El interés científico por los alimentos fermentados también comenzó a incorporarse en recomendaciones alimentarias internacionales. Las Guías Alimentarias de los Estados Unidos, recientemente actualizadas, incluyen referencias específicas relacionadas con estos alimentos y sus posibles beneficios dentro de una alimentación saludable.
Qué lugar ocupa el yogur en la alimentación
En Argentina, el análisis de los alimentos fermentados también se vincula con otros aspectos de la alimentación. Una proporción importante de la población no alcanza las recomendaciones de consumo de calcio y vitamina D, nutrientes que pueden obtenerse a través de diferentes alimentos y que cumplen funciones relevantes para el organismo.
El yogur aporta calcio y proteínas, además de contener microorganismos vivos cuando las características del producto permiten conservarlos. Por ese motivo, su incorporación habitual puede contribuir al consumo de determinados nutrientes y, al mismo tiempo, formar parte de una alimentación que incluya alimentos fermentados.
La investigación sobre microbiota no se limita al yogur. También contempla otros alimentos obtenidos mediante procesos de fermentación. Sin embargo, las características de cada producto son diferentes, al igual que los microorganismos involucrados, las cantidades consumidas y la evidencia disponible sobre sus efectos.
En el caso de la infancia, el consumo de kombucha y kéfir requiere consideraciones específicas. El proceso de fermentación puede generar trazas de alcohol en estos productos y, de acuerdo con el planteo presentado por PROFENI, no existe un límite seguro de ingesta establecido en Pediatría para esas cantidades. Por ese motivo, se desaconseja su consumo durante la infancia.
La presencia de microorganismos vivos tampoco significa que todos los alimentos fermentados tengan los mismos efectos. Las características de las cepas, la cantidad de microorganismos, el proceso de elaboración, la conservación y la composición general del alimento son variables que deben considerarse al analizar los resultados de las investigaciones.
Qué dice la evidencia sobre las enfermedades crónicas
La relación entre alimentación, microbiota y enfermedades crónicas constituye actualmente un área de investigación que busca integrar información nutricional, metabólica e inmunológica. El objetivo es comprender cómo determinados patrones alimentarios pueden modificar las condiciones del entorno intestinal y cómo esos cambios pueden relacionarse con la salud.
Los trabajos disponibles encontraron asociaciones entre una mayor ingesta de alimentos fermentados y determinados indicadores metabólicos. También existen investigaciones específicas sobre yogur y diabetes tipo 2, además de estudios que analizaron la relación con el peso corporal, la composición de la microbiota y parámetros cardiovasculares.
No obstante, los especialistas señalan que estos resultados deben interpretarse dentro del conjunto de la alimentación. El consumo de un alimento en particular no permite, por sí solo, prevenir una enfermedad. La calidad global de la dieta, la actividad física y otros factores relacionados con el estilo de vida continúan formando parte de las estrategias de prevención de enfermedades crónicas.
Desde PROFENI plantearon que los nuevos conocimientos sobre la microbiota intestinal permiten ampliar el enfoque tradicional de la nutrición. En lugar de analizar únicamente los nutrientes individuales, las investigaciones actuales también estudian las interacciones entre los alimentos, los microorganismos intestinales y las funciones metabólicas e inmunológicas.
"No existe un único alimento capaz de prevenir enfermedades. Lo que muestran las investigaciones es que ciertos alimentos pueden contribuir, dentro de una alimentación equilibrada y un estilo de vida saludable, a generar condiciones más favorables para la salud. Los alimentos fermentados y, particularmente, el yogur, son uno de los ejemplos más interesantes sobre los que cada vez más se investiga", concluyeron desde PROFENI.
De esta manera, el estudio de los alimentos fermentados y la microbiota intestinal suma una nueva dimensión a la investigación sobre prevención de enfermedades crónicas. El yogur, por su aporte nutricional y la presencia de bacterias vivas, concentra una parte importante de la evidencia disponible, mientras que otros alimentos fermentados continúan siendo evaluados para determinar sus efectos y las condiciones bajo las cuales pueden formar parte de una alimentación adecuada.