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Salud

En Argentina se realiza un procedimiento cardiovascular por cateterismo cada dos minutos

La cardiología intervencionista realiza más de 250.000 procedimientos al año en Argentina y amplía el uso del cateterismo para tratar diversas enfermedades

17/09/2026
Actualizado 08:17hs

Mientras transcurren los pocos minutos que demanda leer esta nota, en algún punto de la Argentina varias personas habrán ingresado a una sala de hemodinamia para someterse a un procedimiento cardiovascular por cateterismo. Algunas pueden haber llegado con un infarto en evolución y dolor intenso en el pecho. Otras pueden estar atravesando un estudio programado para determinar el estado de sus arterias coronarias luego de una prueba que generó sospechas. También puede tratarse de pacientes que necesitan una intervención sobre una válvula cardíaca mediante un procedimiento que, hasta hace algunos años, requería una cirugía a corazón abierto.

Detrás de estas situaciones se encuentra el desarrollo de la cardioangiología intervencionista, una especialidad que incorporó nuevas técnicas, dispositivos y tecnologías para diagnosticar y tratar distintas enfermedades cardiovasculares mediante procedimientos mínimamente invasivos.

El crecimiento de estas alternativas adquirió relevancia en un contexto en el que las enfermedades cardiovasculares continúan representando una de las principales causas de muerte en la Argentina. De acuerdo con las últimas estadísticas oficiales disponibles, durante 2024 fallecieron en el país 105.130 personas por enfermedades cardiovasculares, equivalentes al 30,3% de todas las muertes por causas definidas.

Las enfermedades respiratorias provocaron durante ese mismo año 77.523 fallecimientos, el 22,3% del total, mientras que las enfermedades oncológicas registraron 62.572 muertes, equivalentes al 18,9%.

Cuántos procedimientos cardiovasculares se realizan por año

En este escenario, el Colegio Argentino de Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI) difundió una proyección nacional elaborada a partir de su Registro de Procedimientos. El relevamiento permite dimensionar el volumen de intervenciones que se realizan actualmente en las salas de hemodinamia del país.

Según los datos del CACI, cada año se realizan en la Argentina más de 250.000 procedimientos cardiovasculares por cateterismo. La cifra representa, en promedio, un procedimiento cada dos minutos.

Del total estimado, alrededor de 150.000 corresponden a estudios diagnósticos destinados a evaluar el estado de las arterias coronarias y de otras estructuras cardiovasculares. Entre 100.000 y 115.000 procedimientos anuales son intervenciones terapéuticas destinadas a tratar una enfermedad que ya fue diagnosticada.

"En este contexto, cada avance que permita diagnosticar precozmente una obstrucción arterial, restablecer rápidamente la circulación durante un infarto o tratar enfermedades complejas sin necesidad de una cirugía mayor tiene un enorme impacto sanitario. Precisamente, para poner en valor esa evolución, desde el CACI nos sumamos a la conmemoración cada 16 de septiembre del Día Internacional de la Cardiología Intervencionista, una fecha que recuerda el desarrollo de una disciplina que revolucionó la forma de diagnosticar y tratar un sinfín de enfermedades cardiovasculares", afirmó el Dr. Alfredo Bravo, presidente del CACI.

El desarrollo de la especialidad también modificó el abordaje de pacientes que requieren intervenciones sobre distintos territorios del sistema cardiovascular. La actividad actual incluye procedimientos sobre las arterias coronarias, válvulas cardíacas, aorta y arterias periféricas, además de determinadas cardiopatías congénitas.

Cómo se realiza una angioplastia coronaria

Entre los procedimientos más conocidos de la cardiología intervencionista se encuentra la angioplastia transluminal coronaria (ATC). La técnica permite tratar una arteria coronaria que presenta una obstrucción y recuperar el flujo sanguíneo hacia el músculo cardíaco.

Para realizarla, el equipo médico introduce un catéter a través de una arteria, habitualmente ubicada en la muñeca o en la ingle, y lo guía hasta el corazón. A través de ese dispositivo se identifica el sector de la arteria que presenta la obstrucción.

Una vez localizada la lesión, se utiliza un pequeño balón que permite ampliar el segmento afectado y restablecer el paso de la sangre. En la mayoría de los casos, posteriormente se coloca un stent.

El stent es una pequeña malla metálica que queda dentro de la arteria y ayuda a mantenerla abierta. Su utilización disminuye el riesgo de que el vaso vuelva a estrecharse después de la intervención.

Al realizarse mediante cateterismo, la angioplastia coronaria no requiere una apertura del tórax. De acuerdo con las características de cada caso y la evolución del paciente, el procedimiento puede permitir una recuperación más breve y una reducción del tiempo de internación respecto de una cirugía convencional.

"Los registros del CACI muestran que cada año se realizan en la Argentina entre 65.000 y 75.000 angioplastias coronarias. Como en promedio se implantan 1,38 stents por procedimiento, se estima que anualmente se colocan en nuestro país alrededor de 105.000 stents, el equivalente a uno cada cinco minutos", indicó el Dr. Omar Santaera, cardioangiólogo intervencionista y expresidente del CACI.

El origen del stent que desarrolló un médico argentino

La evolución de la angioplastia coronaria estuvo acompañada por el desarrollo de diferentes generaciones de stents. Uno de los antecedentes centrales de esta tecnología se encuentra en el trabajo del médico argentino Julio Palmaz.

Palmaz patentó en Estados Unidos en 1988, junto con el médico Richard Schatz, un modelo de stent destinado a mantener abiertas las arterias después de una angioplastia. El dispositivo se convirtió posteriormente en una de las herramientas utilizadas en los procedimientos cardiovasculares.

Con el paso de los años surgieron nuevas generaciones de stents. Entre ellas se encuentran los stents liberadores de drogas, diseñados para liberar de manera progresiva una medicación específica en la zona tratada y reducir el riesgo de que la arteria vuelva a estrecharse.

Desde la aparición de esta tecnología, se estima que casi 50 millones de personas en todo el mundo recibieron un stent en sus arterias.

El papel del cateterismo durante un infarto

La angioplastia también tiene un papel central en la atención de los pacientes que atraviesan un infarto agudo de miocardio. En estos casos, una arteria coronaria puede encontrarse obstruida y limitar el suministro de sangre al músculo cardíaco.

El tiempo transcurrido desde el comienzo de los síntomas hasta la recuperación del flujo sanguíneo constituye uno de los factores relevantes en la atención del infarto.

"El mejor tratamiento para un infarto sigue siendo evitar que ocurra. Sin embargo, cuando el evento ya se produjo, el tiempo pasa a ser el factor más importante. Cuanto antes logremos restablecer la circulación de la arteria obstruida, mayores serán las posibilidades de preservar el músculo cardíaco y reducir las secuelas. Por eso insistimos tanto en reconocer los síntomas y consultar de inmediato", explicó el Dr. Alejandro Palacios, médico cardioangiólogo intervencionista y expresidente del CACI.

El concepto suele sintetizarse en una expresión utilizada en cardiología: "el tiempo es músculo". Una obstrucción prolongada puede provocar una pérdida progresiva de tejido cardíaco debido a la falta de irrigación.

Por este motivo, la atención de los infartos requiere sistemas preparados para identificar los casos, trasladar a los pacientes y realizar una angioplastia de urgencia cuando está indicada. La disponibilidad de equipos capacitados durante las 24 horas forma parte de la organización necesaria para responder ante estas emergencias.

"En cardiología existe una frase que resume esa realidad: 'el tiempo es músculo'. Cada minuto durante el cual una arteria permanece obstruida significa una mayor pérdida de tejido cardíaco. Esa es una de las razones por las que la organización de redes asistenciales, los sistemas de derivación y la disponibilidad de equipos entrenados para realizar angioplastias de urgencia durante las 24 horas tienen un impacto directo sobre la supervivencia de los pacientes", señaló el Dr. David Vetcher, expresidente del CACI.

Qué enfermedades se pueden tratar mediante cateterismo

El campo de acción de la cardioangiología intervencionista se amplió durante las últimas décadas. La actividad de las salas de hemodinamia ya no se limita al diagnóstico de las arterias coronarias o a la realización de angioplastias.

Entre las intervenciones que actualmente pueden realizarse mediante cateterismo se encuentran determinados procedimientos destinados al tratamiento de enfermedades estructurales del corazón. También existen técnicas para intervenir sobre válvulas cardíacas, tratar algunas patologías de la aorta, abordar arterias periféricas y corregir determinadas cardiopatías congénitas.

El reemplazo de válvulas mediante procedimientos por catéter constituye uno de los desarrollos que modificaron las alternativas disponibles para determinados pacientes. Estas técnicas permiten acceder al corazón mediante un catéter y colocar una nueva válvula sin recurrir, en determinados casos, a una cirugía cardíaca convencional.

La incorporación de estos procedimientos estuvo acompañada por avances en las imágenes utilizadas durante las intervenciones, nuevos dispositivos y capacitación específica de los equipos médicos.

La evolución de la cardiología intervencionista

La expansión de la especialidad también modificó el perfil de los procedimientos realizados en las salas de hemodinamia. La intervención sobre las arterias coronarias continúa representando una parte importante de la actividad, pero se sumaron tratamientos para enfermedades cardiovasculares que afectan otras estructuras.

"Muchas veces se piensa en la cardioangiología intervencionista únicamente cuando una persona sufre un infarto. Sin embargo, la realidad es que, además de la atención del infarto, hoy nuestra especialidad participa del diagnóstico y del tratamiento de un número cada vez mayor de enfermedades cardiovasculares. Esa evolución fue posible gracias a la investigación científica, al desarrollo tecnológico y al compromiso permanente de los equipos de salud con la capacitación y la mejora continua", sostuvo el Dr. Diego Grinfeld, cardioangiólogo intervencionista y expresidente del CACI.

La evolución tecnológica también permitió desarrollar dispositivos destinados a intervenir sobre anatomías y enfermedades que anteriormente requerían procedimientos quirúrgicos de mayor complejidad. En cada caso, la indicación depende de las características clínicas del paciente, del tipo de enfermedad y de la evaluación realizada por el equipo médico.

"La expansión de la especialidad no estuvo dada solamente por el crecimiento de las angioplastias, sino fundamentalmente por la posibilidad de ofrecer tratamientos mínimamente invasivos para enfermedades cada vez más complejas en diferentes territorios vasculares, más allá del corazón. Hoy podemos intervenir no sólo sobre las arterias coronarias, sino también sobre válvulas cardíacas, la aorta y otros territorios vasculares, ofreciendo alternativas terapéuticas a pacientes que antes tenían opciones mucho más limitadas", explicó la Dra. Amalia Descalzo, vicepresidenta del CACI.

La especialista agregó que los procedimientos intervencionistas permiten abordar determinadas patologías mediante técnicas menos invasivas, con recuperación más rápida y menor tiempo de internación en los casos en los que estas alternativas resultan indicadas.

El desarrollo de la cardioangiología intervencionista continúa vinculado a la incorporación de nuevas tecnologías, dispositivos y técnicas para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades cardiovasculares. En la Argentina, el volumen anual registrado por el CACI refleja la incorporación de estos procedimientos a la atención habitual de miles de pacientes.