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iProfesional | Salud

ACV: recibir atención a tiempo puede cambiar todo lo que viene después

Los tiempos de atención marcan la diferencia en la recuperación y las posibilidades de autonomía tras sufrir un episodio cerebrovascular grave

29/10/2026
Actualizado 12:52hs

Un accidente cerebrovascular (ACV) puede cambiar una vida en minutos. Volver a caminar, compartir una comida en familia, trabajar o simplemente desenvolverse sin ayuda en lo cotidiano: todo eso puede quedar comprometido.

Pero la historia también puede ser diferente. Recibir atención especializada durante las primeras horas desde que aparecen los síntomas puede marcar la diferencia entre recuperar la autonomía o vivir con secuelas permanentes.

En Argentina ocurren alrededor de 60.000 ACV por año. Esta enfermedad constituye la primera causa de discapacidad adquirida en el país. Las cifras son contundentes, pero hoy existen tratamientos capaces de cambiar el pronóstico.

Los últimos años trajeron avances importantes. Se desarrollaron redes asistenciales, se incorporaron terapias modernas y se capacitaron equipos profesionales en todo el territorio. Sin embargo, persiste un problema decisivo: muchos pacientes todavía no llegan a tiempo a los centros preparados para atenderlos.

Con motivo del Día Mundial del ACV, que se conmemora cada 29 de octubre, especialistas reflexionaron sobre los logros alcanzados y los desafíos pendientes. El objetivo es claro: que cada vez más personas puedan superar esta emergencia con las menores secuelas posibles.

Por qué cada minuto cuenta en un ACV

Aunque las consecuencias de un accidente cerebrovascular pueden ser devastadoras, hoy existen tratamientos que administrados oportunamente permiten mejorar considerablemente las posibilidades de recuperación.

En determinados casos, existe una ventana terapéutica de hasta 4,5 horas desde el inicio de los síntomas: ese es el tiempo crítico para aplicar tratamientos que pueden reducir significativamente las secuelas.

"Cuando hablamos de actuar rápido frente a un ACV, hablamos de mucho más que salvar una vida", explicó el Dr. Federico Giner, médico neurólogo del Hospital Luis Carlos Lagomaggiore y coordinador de la Red de TeleACV y Teleneurología de Urgencia de la Provincia de Mendoza.

"Hablamos de la posibilidad de que esa persona vuelva a caminar, a comunicarse, a disfrutar de su familia y a hacer las cosas que le gustan. Hoy tenemos herramientas que pueden cambiar significativamente su pronóstico, pero necesitamos que los pacientes lleguen a tiempo para poder utilizarlas", agregó.

Cada minuto que se pierde puede condicionar la calidad de vida futura. Por eso los especialistas insisten en que lograr mejores resultados requiere tanto una comunidad capaz de reconocer las señales de alarma como servicios de emergencia y hospitales preparados para responder rápidamente.

La coordinación entre instituciones, los protocolos de derivación y el acceso a centros especializados son fundamentales. Solo así los avances de la medicina pueden transformarse en oportunidades concretas de recuperación para los pacientes.

La historia de Antonio: de la escalera al tango

Antonio Quiroga, oriundo de Jujuy, estaba transitando sus primeros meses de jubilación cuando sufrió un accidente cerebrovascular. Aquella mañana había recibido a unos albañiles que trabajaban en la pintura de su casa.

Mientras subía una escalera, perdió el equilibrio y cayó. En un primer momento pensó que se trataba de un simple tropiezo. Pero en realidad estaba sufriendo un ACV.

Aproximadamente 40 minutos después llegó la asistencia médica. Fue trasladado al hospital, donde comenzó su atención inmediata. Con el acompañamiento de su familia, especialmente de su hija, y del equipo de salud, inició un proceso de recuperación que también lo llevó a incorporar nuevos hábitos.

Su historia muestra que después de un ACV puede haber espacio para recuperar actividades, disfrutar de nuevos proyectos y encontrar otras formas de vivir plenamente. Antonio no solamente incorporó cuidados para su salud: también descubrió nuevas pasiones.

"Aprendí a comer más sano, a descansar mejor y a controlarme la presión. También empecé a bailar folclore y ahora estoy aprendiendo tango. Todo lo que me enseñaron en el hospital lo estoy aplicando para tener una vida más saludable y disfrutarla con más alegría", cuenta.

Su experiencia refleja lo que está en juego cuando se habla de mejorar la atención del ACV: la posibilidad de que más personas puedan continuar escribiendo su propia historia, con proyectos, vínculos y actividades que les den sentido a sus días.

Agustín y su mensaje: "Luchemos por la vida"

Agustín tiene 44 años y vive en la ciudad de Córdoba. En octubre de 2019, cuando tenía 37 años, sufrió un accidente cerebrovascular que le cambió la vida. Hasta entonces había trabajado durante 14 años en una empresa de plásticos y luego había iniciado su camino laboral de manera independiente.

Todo comenzó con un hormigueo en el brazo, el antebrazo y la mano. Agustín estaba solo en su departamento y decidió acostarse. A la mañana siguiente, alrededor de las 6.30, sufrió un episodio que lo dejó inconsciente.

Sus padres y su hermano lo trasladaron de urgencia al hospital. Permaneció cuatro días en terapia intensiva y otros cuatro en una sala de internación general.

El ACV le afectó el lado derecho del cuerpo y le provocó afasia, una alteración que compromete la capacidad de comunicarse. A partir de entonces comenzó un largo proceso de recuperación en el que tuvo que volver a aprender muchas de las actividades más básicas de la vida cotidiana.

"Tuve que aprender a caminar, dejar la silla de ruedas y los pañales, volver a leer y a escribir. Como soy diestro y me quedó afectado el lado derecho, también tuve que aprender a usar la mano izquierda", cuenta Agustín.

Recuerda las dificultades de aquellos primeros tiempos. Reconoce que la rehabilitación requirió mucha perseverancia. Con el acompañamiento de profesionales de distintas especialidades fue recuperando autonomía.

Aunque todavía convive con algunas dificultades en el lenguaje, continúa trabajando para superarlas. "A veces me frustro porque me falta un poco de agilidad mental, pero tengo que seguir intentando. Todavía estoy rehabilitándome y voy aprendiendo", explica.

Hoy vive con sus padres, pero logró recuperar buena parte de su independencia. Asiste a cursos de computación y uso del celular, va al gimnasio, hace actividades en la pileta y puede trasladarse caminando por la ciudad.

También mantiene el acompañamiento psicológico y cuida sus hábitos: no fuma ni consume alcohol. A casi siete años del ACV, Agustín sigue avanzando en su recuperación, consciente de las dificultades que todavía enfrenta, pero también de todo lo que consiguió.

Cuando le preguntan qué enseñanza le dejó esta experiencia, su respuesta es sencilla y contundente: "Luchemos por la vida".

Los obstáculos que todavía limitan el acceso oportuno

Las diferencias geográficas y sanitarias del país plantean obstáculos que todavía deben resolverse. En algunas regiones, las grandes distancias dificultan el acceso a centros especializados. En otras, las demoras se relacionan con dificultades de coordinación entre instituciones o en los traslados.

Córdoba es una de las provincias que avanzó en la organización de una red de atención del ACV. Integró hospitales de referencia y estableció protocolos de derivación. Esta experiencia muestra cómo la coordinación entre instituciones permite aprovechar mejor los recursos disponibles y facilitar el acceso a tratamientos especializados.

"Detrás de cada paciente hay una historia, una familia, proyectos y una vida que merece continuar de la mejor manera posible", señaló la Dra. Pamela Dorrego, médica neuróloga, jefa del Servicio de Neurología del Hospital Italiano de Córdoba y coordinadora de la Red de ACV de la provincia.

"Por eso es tan importante que el lugar donde una persona sufre un ACV no determine sus oportunidades de recuperación. Organizar la respuesta sanitaria significa darles a más personas la posibilidad de recibir el tratamiento que necesitan y de preservar su independencia y su calidad de vida", agregó.

Los especialistas identificaron barreras que siguen limitando el acceso oportuno al tratamiento. Entre ellas se destacan: dificultades para reconocer los síntomas, demoras en la activación de los servicios de emergencia, problemas en las derivaciones y falta de articulación entre jurisdicciones y entre los sectores público, privado y de la seguridad social.

También destacaron la importancia de contar con registros que permitan conocer cuántos pacientes acceden a tratamientos específicos, cuáles son los tiempos de atención y qué resultados se obtienen. Solo así es posible identificar oportunidades de mejora y orientar las decisiones sanitarias.

Este año el Ministerio de Salud de la Nación creó el Programa Nacional para el Diagnóstico y Tratamiento del Accidente Cerebrovascular (PRONAC-ACV). El programa contempla un Código ACV Nacional, centros coordinadores regionales y mecanismos de articulación entre hospitales y servicios de emergencia.

En agosto, además, el ACV fue incorporado al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud como evento de notificación obligatoria.

Rehabilitación: el camino después de la emergencia

La atención del ACV no termina cuando se supera la emergencia. Para muchos pacientes comienza entonces un proceso de rehabilitación que puede extenderse durante meses y que resulta fundamental para recuperar funciones, autonomía y calidad de vida.

La disponibilidad de estos servicios, sin embargo, presenta importantes diferencias entre regiones e instituciones. No todos los pacientes tienen el mismo acceso a terapias de rehabilitación después del alta hospitalaria.

"Cada avance que consigue una persona después de un ACV puede tener un valor enorme: volver a vestirse sola, recuperar el habla, caminar sin ayuda o retomar una actividad que disfrutaba", agregó el Dr. Giner.

"La rehabilitación es parte esencial de ese camino y debemos procurar que más pacientes tengan acceso a ella. El objetivo no es solamente que sobrevivan, sino que puedan recuperar la mayor autonomía posible y volver a disfrutar de su vida", señaló.

Cómo reconocer los síntomas y qué hacer

En este contexto, la concientización de la comunidad sigue siendo indispensable. Reconocer los síntomas a tiempo puede marcar la diferencia entre la recuperación y la discapacidad permanente.

La aparición repentina de debilidad en un lado del cuerpo, asimetría facial, dificultades para hablar, alteraciones visuales o pérdida del equilibrio puede indicar un ACV.

Ante cualquiera de estas señales, incluso si desaparecen espontáneamente, se debe llamar inmediatamente al servicio de emergencias. Muchas veces se espera a ver si el malestar pasa, sin saber que ese tiempo puede ser determinante.

"Hay algo que todos podemos hacer y que puede cambiar la historia de una persona: reconocer los síntomas y pedir ayuda sin demora", concluyó la Dra. Dorrego.

"Cuando decimos que el tiempo es vida, también hablamos de la vida que esa persona podrá seguir teniendo después del ACV", agregó.

Actividades por el Día Mundial del ACV en todo el país

En distintos puntos del país se están desarrollando iniciativas orientadas a promover la prevención, el reconocimiento temprano de los síntomas y la importancia de actuar rápidamente ante una emergencia.

Estas son las principales actividades programadas:

  • 1° Foro Provincial de ACV de Mendoza: El 22 de octubre se realizó en la Honorable Legislatura provincial. Fue organizado por la Subsecretaría de Gestión de Salud del Ministerio de Salud y Deportes de Mendoza, el Hospital Schestakow, la Iniciativa Angels y Boehringer Ingelheim.
  • Encuentro Provincial en Salta: El lunes 26 de octubre, bajo el nombre "Articulación público-privada para Actuar con Velocidad (ACV)". Organizado por el Ministerio de Salud Pública provincial y Boehringer Ingelheim. Se presentaron resultados del trabajo conjunto entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil. Entre las propuestas se encuentran el desarrollo de campañas de concientización, la creación de nuevos Espacios Neuroprotegidos y el fortalecimiento de las redes de asistencia.
  • Jornada en el Jardín Japonés: El jueves 29 de octubre, de 10 a 14 horas, bajo el lema "Cada minuto cuenta". Incluirá estaciones interactivas sobre prevención, factores de riesgo, reconocimiento de síntomas y primera respuesta. También habrá charlas abiertas con especialistas en neurociencias y neurointervencionismo. La iniciativa es organizada por la Clínica La Sagrada Familia y el Instituto Médico ENERI – Dr. Pedro Lylyk, junto con FENERI, la Fundación Cultural Argentino Japonesa, el Jardín Japonés y la Asociación Argentina de Ataque Cerebral (AAAC).
  • 8ª Caminata "Por una vida libre de ACV": El sábado 31 de octubre, a las 10 horas, en el Lago de Regatas de Palermo (Av. Figueroa Alcorta y La Pampa, Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Caminata de 3 kilómetros, gratuita y abierta a personas de todas las edades. Organizada por la Asociación Argentina Por Una Vida Libre de ACV junto con el Grupo de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Neurológica Argentina. Requiere inscripción previa en www.porunavidalibredeacv.com.ar.
  • Caminata en Córdoba: El sábado 31 de octubre, a las 10, en el Parque Las Heras de la ciudad de Córdoba, bajo el lema #CerebroSano. Participan el Hospital Italiano de Córdoba, el Hospital Privado Universitario de Córdoba, el Hospital Ferreyra, la Clínica Universitaria Reina Fabiola, la Clínica Privada Vélez Sarsfield y el Hospital Nacional de Clínicas, junto con la Red de ACV de la Provincia de Córdoba, la Municipalidad de Córdoba y el Ministerio de Salud provincial.