Hemofilia: aprueban en Argentina un nuevo tratamiento que reduce los episodios de sangrado
ANMAT aprobó marstacimab, un medicamento para personas con hemofilia A o B grave que previene sangrados y se aplica una vez por semana
La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) aprobó el uso de marstacimab, un nuevo medicamento indicado para prevenir episodios hemorrágicos en personas de 12 años o más con hemofilia A o B grave sin inhibidores. El tratamiento, desarrollado por Pfizer, ya se encuentra disponible en la Argentina y propone un mecanismo de acción diferente al de las terapias tradicionales basadas en la reposición de factores de coagulación.
Se trata de un anticuerpo monoclonal que actúa sobre una proteína que interviene en la regulación del proceso de coagulación. Su función es favorecer la generación de trombina, una proteína necesaria para la formación de coágulos y el control de las hemorragias. De esta manera, permite prevenir los sangrados sin reemplazar directamente el factor VIII o IX que presentan en déficit las personas con hemofilia.
Una de sus características es la forma de administración: se aplica una vez por semana mediante una inyección subcutánea con una lapicera prellenada. Esto evita la necesidad de realizar infusiones intravenosas y preparar el medicamento antes de cada aplicación. Con la capacitación correspondiente, el propio paciente o una persona a cargo de su cuidado pueden administrar la dosis.
La incorporación de esta alternativa amplía las opciones disponibles para prevenir las hemorragias en personas con hemofilia y permite considerar tratamientos con distintos mecanismos de acción, de acuerdo con las características y necesidades de cada paciente.
Qué es la hemofilia y cómo afecta la coagulación
La hemofilia es una enfermedad hereditaria poco frecuente que altera la capacidad de la sangre para coagular correctamente. Se produce por la deficiencia o ausencia de determinadas proteínas que intervienen en ese proceso y que permiten detener las hemorragias cuando se produce una lesión.
Existen dos tipos principales:
- La hemofilia A se caracteriza por una deficiencia del factor VIII de coagulación
- La hemofilia B se relaciona con niveles insuficientes del factor IX
Ambas condiciones pueden provocar sangrados prolongados después de golpes, heridas, intervenciones quirúrgicas o procedimientos médicos.
Sin embargo, las hemorragias también pueden aparecer de manera espontánea, sin que exista una lesión previa. Los episodios suelen afectar las articulaciones y los músculos, aunque pueden comprometer otras partes del organismo.
Cuando los sangrados articulares se repiten, pueden generar inflamación, dolor y lesiones progresivas. Con el tiempo, estas complicaciones pueden derivar en daño articular permanente y dificultades para realizar movimientos o actividades cotidianas.
Por ese motivo, uno de los principales objetivos del tratamiento consiste en prevenir las hemorragias antes de que se produzcan. La profilaxis permite reducir la frecuencia de los episodios y limitar las consecuencias que pueden acumularse a lo largo de los años.
El mecanismo revolucionario que cambia el abordaje tradicional
Durante décadas, el tratamiento de la hemofilia se basó principalmente en administrar el factor de coagulación que el organismo no produce en cantidad suficiente. En las personas con hemofilia A se utiliza el factor VIII, mientras que en quienes tienen hemofilia B se administra el factor IX.
Estos tratamientos permitieron modificar la evolución de la enfermedad y reducir las complicaciones asociadas con los sangrados. Sin embargo, los avances en investigación también posibilitaron desarrollar medicamentos que intervienen en otros componentes del sistema de coagulación.
En ese grupo se encuentra marstacimab, un anticuerpo monoclonal que bloquea la actividad de una proteína denominada TFPI, sigla en inglés de inhibidor de la vía del factor tisular.
Esta proteína cumple una función reguladora: limita determinados mecanismos que intervienen en la coagulación de la sangre. Al inhibir su actividad, marstacimab favorece la generación de trombina, una sustancia que participa en la formación de coágulos.
El mecanismo permite actuar sobre el equilibrio de la coagulación sin administrar directamente los factores VIII o IX. Por esa razón, representa una alternativa terapéutica para pacientes que reúnen las condiciones establecidas para su indicación.
"En lugar de reemplazar el factor VIII o IX que falta, este tratamiento actúa sobre otro componente del proceso de coagulación para ayudar a recuperar su equilibrio. Para las personas con hemofilia, contar con tratamientos con mecanismos diferentes amplía las posibilidades de individualizar la terapia y prevenir los sangrados", señaló el Dr. Mauro Dávoli, médico hematólogo, expresidente de la Asociación Argentina de Hemofilia y Desórdenes Asociados (A.A.H.D.A.).
Cómo se aplica y qué ventajas tiene sobre las infusiones tradicionales
Marstacimab se administra una vez por semana mediante una inyección subcutánea. El medicamento se presenta en una lapicera prellenada que permite aplicar la dosis sin recurrir a una infusión intravenosa.
La diferencia en la vía de administración tiene implicancias en la organización del tratamiento. Los concentrados tradicionales de factores de coagulación requieren acceso venoso y, según la presentación, preparación previa del medicamento. En algunos pacientes, encontrar una vena adecuada puede representar una dificultad, especialmente cuando necesitan recibir aplicaciones frecuentes.
Con la alternativa subcutánea, la administración no requiere acceso a una vena. Además, una vez que recibe la capacitación correspondiente, el paciente o su cuidador pueden realizar la aplicación.
Esta modalidad puede facilitar la continuidad de la profilaxis y reducir el tiempo que demanda la administración del medicamento. También permite organizar las aplicaciones en función de las actividades habituales de cada persona.
La frecuencia semanal, sin embargo, requiere mantener un esquema regular y respetar las indicaciones del equipo médico. La elección del tratamiento debe contemplar las características clínicas del paciente y las necesidades de seguimiento.
La Dra. Andrea Cocca, médica hematóloga infantil y staff médico del Grupo Hemos para Hemofilia y Sangrados Congénitos, explicó que la prevención de las hemorragias tiene consecuencias que van más allá de evitar un episodio puntual.
"Prevenir los sangrados es uno de los grandes objetivos del tratamiento moderno de la hemofilia, porque cada hemorragia, particularmente cuando afecta repetidamente a una articulación, puede tener consecuencias que se acumulan con el tiempo. Contar con alternativas de administración sencilla y con distintos mecanismos de acción permite pensar el tratamiento cada vez más de acuerdo con las características y necesidades de cada persona", sostuvo.
La especialista también hizo referencia al impacto que puede tener la modalidad de administración sobre la vida cotidiana de los pacientes y sus familias.
"La calidad de vida también se relaciona con cuánto tiempo y esfuerzo demanda sostener el tratamiento. La necesidad de realizar infusiones intravenosas frecuentes, preparar la medicación y resolver las dificultades de acceso a las venas puede interferir con las actividades cotidianas. Una alternativa subcutánea semanal puede ayudar a reducir esa carga y facilitar la organización de la rutina del paciente y su familia", agregó Cocca.
Los resultados del estudio que demuestran su eficacia
La principal evidencia sobre la eficacia del medicamento proviene del estudio internacional BASIS, un ensayo clínico de fase 3 que evaluó su utilización en personas con hemofilia A grave o hemofilia B moderadamente grave a grave.
Los resultados fueron publicados en la revista científica Blood y corresponden a pacientes que no presentaban inhibidores contra los factores VIII o IX. Los inhibidores son anticuerpos que pueden desarrollar algunas personas con hemofilia y que interfieren con la acción de los factores de coagulación utilizados en determinados tratamientos.
El diseño del estudio incluyó una comparación entre los episodios hemorrágicos registrados durante una etapa de observación y los que se produjeron durante el tratamiento con marstacimab. De esta manera, los investigadores analizaron la evolución de cada participante respecto de su situación previa.
De los 128 pacientes que ingresaron en la fase de observación, 116 recibieron posteriormente el medicamento. La investigación contempló tanto a personas que utilizaban tratamientos a demanda como a quienes ya recibían profilaxis regular con factores de coagulación.
Los resultados principales fueron:
- Entre los participantes que recibían tratamiento a demanda, la tasa anualizada de sangrados pasó de 39,86 a 3,20 episodios, una reducción del 92%
- Entre quienes ya recibían profilaxis regular, la tasa anualizada disminuyó de 7,90 a 5,09 episodios, una reducción del 35,5%
La tasa anualizada es una medida utilizada en los ensayos clínicos para expresar la frecuencia de hemorragias en términos de un año. Según los resultados publicados, la disminución fue estadísticamente significativa en comparación con la profilaxis que los participantes recibían antes de incorporarse al estudio.
Los datos permiten observar diferencias en la respuesta según el tratamiento que utilizaban los pacientes antes de recibir marstacimab. Por eso, los resultados deben interpretarse considerando las características de cada grupo y el diseño de la investigación.
En particular, el ensayo utilizó una comparación intraindividual entre los períodos de observación y tratamiento, sin incorporar un grupo paralelo de pacientes asignados al azar para recibir otra terapia. Esta característica debe tenerse en cuenta al analizar el alcance de los resultados.
Como ocurre con otros medicamentos, marstacimab puede producir efectos adversos. Entre los registrados durante los estudios clínicos se encuentran reacciones en el lugar de la inyección, dolor de cabeza, fiebre, dolor en las articulaciones, diarrea, picazón y erupciones en la piel.
Uno de los aspectos evaluados durante el estudio BASIS fue la aparición de eventos tromboembólicos, es decir, complicaciones relacionadas con la formación de coágulos dentro de los vasos sanguíneos.
Durante el período principal de tratamiento no se registraron eventos de este tipo. Sin embargo, los investigadores señalaron que ese resultado no permite descartar por completo la posibilidad de que aparezcan en otras poblaciones o durante períodos de utilización más prolongados.
Por ese motivo, la indicación requiere una evaluación médica individual. Entre los factores que deben considerarse se encuentran la edad, los antecedentes clínicos, la presencia de inhibidores, los tratamientos que pueda necesitar el paciente y sus preferencias.
"Una terapia preventiva no se evalúa solamente por cuánto reduce los sangrados. También hay que considerar su seguridad, la edad del paciente, sus antecedentes, la presencia o no de inhibidores, otros tratamientos que pueda necesitar y sus preferencias. La decisión siempre debe tomarse junto con el equipo especializado en hemofilia", explicó Dávoli, quien también se desempeña como director médico de la Fundación de la Hemofilia de Santa Fe.
El seguimiento profesional también resulta necesario para establecer cómo actuar ante una hemorragia durante el tratamiento. La utilización de un medicamento preventivo no significa que desaparezca por completo la posibilidad de sufrir sangrados ni elimina la necesidad de atenderlos cuando se producen.
"El acompañamiento del equipo de salud es fundamental para resolver dudas y dificultades que puedan aparecer durante el tratamiento. También es necesario acordar qué hacer ante un sangrado, porque recibir una terapia preventiva no elimina la necesidad de reconocerlo y atenderlo", concluyó Cocca.
Marstacimab recibió la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) en 2024.
En la Argentina, la ANMAT autorizó su utilización y el medicamento ya se encuentra disponible para las personas que cumplen con los criterios de indicación.
Su incorporación amplía las alternativas de profilaxis para pacientes de 12 años o más con hemofilia A o B grave sin inhibidores. La administración subcutánea semanal y su mecanismo de acción diferente al de los concentrados de factores de coagulación constituyen las principales características de esta opción terapéutica.
La evaluación de cada caso, la elección del esquema preventivo y el seguimiento de posibles efectos adversos deben quedar a cargo de profesionales especializados en hemofilia.