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La economía de la suplantación: el nuevo negocio detrás del deepfake

Si el contenido audiovisual deja de ser garantía de autenticidad, muchos sistemas de seguridad diseñados en los últimos 20 años quedan bajo revisión
14/04/2026 - 10:44hs
La economía de la suplantación: el nuevo negocio detrás del deepfake

Durante más de dos décadas vivimos bajo una regla simple: si lo vemos o lo escuchamos, es real. Un video era evidencia, una voz era identidad y una imagen era prueba. Sin embargo, esa lógica hoy empieza a desdibujarse. El avance de la inteligencia artificial (IA) generativa cambió el punto de partida.

Crear audios y videos ya no es una capacidad reservada a especialistas, sino una herramienta accesible, de bajo costo y fácil de escalar. En ese contexto, los deepfakes dejaron de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en la base de un nuevo modelo de fraude digital.

El cambio no es únicamente técnico, es estructural. La IA redujo drásticamente las barreras de entrada para producir engaños altamente creíbles. Lo que antes exigía recursos especializados y grandes inversiones, ahora puede hacerse con herramientas disponibles en línea. Así, la suplantación de identidad empieza a funcionar como un servicio más dentro de mercados ilícitos cada vez más profesionalizados.

Un ejemplo reciente ilustra esta dinámica: en 2025 circuló en YouTube una transmisión falsa que utilizaba un avatar generado con IA para suplantar al CEO de Nvidia, Jensen Huang. El evento imitaba una presentación vinculada a la conferencia tecnológica GPU Technology Conference e invitaba a los espectadores a invertir en criptomonedas, alcanzando a miles de usuarios bajo una apariencia de legitimidad.

En la Argentina, donde la digitalización avanzó con fuerza en servicios financieros, comercio electrónico y comunicaciones, el impacto es realmente profundo. No se trata únicamente de un aumento de estafas, sino de una redefinición del riesgo digital.

En los últimos meses, también se multiplicaron las modalidades que utilizan audios generados con inteligencia artificial o mensajes privados para solicitar transferencias urgentes, movimientos bancarios o información sensible. A esto se suman estafas vinculadas a falsas promociones, descuentos o alquileres turísticos que circulan en redes y plataformas digitales, demostrando cómo estas herramientas pueden amplificar esquemas de fraude ya existentes.

Sistemas de seguridad en la mira

Si el contenido audiovisual deja de ser garantía de autenticidad, muchos de los sistemas de seguridad diseñados en los últimos 20 años quedan bajo revisión. Validaciones remotas, autorizaciones basadas en reconocimiento de voz o video, pruebas digitales. Todos estos mecanismos parten de una premisa que hoy puede ser cuestionada tecnológicamente.

Frente a este escenario emergen dos grandes desafíos. El primero es tecnológico. Así como la inteligencia artificial potencia herramientas de suplantación, también permite desarrollar sistemas de detección cada vez más sofisticados. Ante esta situación, la verdadera carrera hacia 2026 no será solo la expansión del deepfake, sino la velocidad con la que evolucionen los mecanismos para identificar contenido manipulado y autenticar identidades digitales de manera robusta.

El segundo es normativo. La Argentina, como gran parte de la región, aún no cuenta con un marco regulatorio específico que contemple la suplantación de identidad mediante inteligencia artificial con la complejidad que hoy presenta. Si bien existen figuras legales vinculadas al fraude o a la falsificación, el fenómeno actual suma escalabilidad, automatización y anonimato en niveles inéditos.

Frente a este contexto, se vuelve necesario avanzar en estándares técnicos compartidos, protocolos de validación más exigentes y marcos normativos que acompañen la evolución tecnológica sin frenar la innovación.

Es probable que 2026 marque un punto de inflexión porque la inteligencia artificial seguirá ampliando sus capacidades y su presencia en todos los sectores. Y si bien esta tecnología es una de las herramientas clave para el crecimiento y la innovación, también redefine la naturaleza de los riesgos. Entender que el deepfake no es solo una amenaza aislada, sino parte de una nueva economía de la suplantación, es el primer paso para construir marcos tecnológicos y regulatorios a la altura del desafío.

(*) Director general de Experis y vicepresidente de ManpowerGroup.

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