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Más comprás por Amazon, más se contamina el planeta: el lado oscuro del imperio de Jeff Bezos

El vertiginoso avance de los centros de datos y la inteligencia artificial dispara la demanda energética y revive viejas plantas contaminantes
15/05/2026 - 18:52hs
Más comprás por Amazon, más se contamina el planeta: el lado oscuro del imperio de Jeff Bezos

Amazon vende una imagen de empresa sustentable. Sus operaciones cuentan otra historia. Los centros de datos de la compañía dispararon las emisiones de carbono y forzaron la reapertura de plantas térmicas en dos continentes.

La inteligencia artificial de Amazon Web Services (AWS) promete revolucionar el mundo. Pero esa revolución tiene un costo oculto. Según una nota de César Dergarabedian pubiclada en el sitio EconomiaSustentable.com, el consumo energético de los servidores de AWS crece a un ritmo que amenaza los objetivos climáticos del Acuerdo de París.

Werner Vogels, director de tecnología de Amazon, afirmó en julio de 2025 durante la cumbre AI for Good de Naciones Unidas en Ginebra que la combinación de datos, modelos de IA y la nube conforma una "máquina planetaria para la resolución de problemas".

La realidad desmiente esa narrativa. Mientras la empresa promociona algoritmos como solución definitiva al cambio climático, sus propias emisiones operativas muestran una tendencia inversa que destruye cualquier compromiso de sustentabilidad.

Las cifras que Amazon prefiere no mencionar

Los documentos oficiales de la propia compañía certifican el colapso de la promesa verde, informa EconomiaSustentable.com. En 2019, Amazon cofundó The Climate Pledge, un pacto corporativo para alcanzar cero emisiones netas de carbono para 2040.

Esa meta se fijó diez años antes de los plazos del Acuerdo de París. Un análisis del portal Earth.org de 2025 revela que las emisiones totales de Amazon se triplicaron desde aquel compromiso inicial en 2019.

El Reporte de Sustentabilidad de Amazon 2024 detalla que las emisiones absolutas de carbono operativas aumentaron 6% respecto al año 2023. La cifra alcanzó un récord histórico.

Amazon emitió 68,25 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono equivalente en 2024. Este incremento marca un punto de inflexión negativo.

Tras leves descensos en años anteriores, la expansión masiva de infraestructura para inteligencia artificial generativa revirtió cualquier avance ambiental previo.

El aumento operativo encuentra su origen en dos factores críticos. Primero, el consumo desenfrenado de energía eléctrica para procesar IA. Segundo, las emisiones vinculadas a la construcción de nuevos centros de datos.

La corporación necesita edificios inmensos. La edificación requiere materiales intensivos en carbono, fundamentalmente acero y cemento. Las emisiones indirectas asociadas a la cadena de valor (Alcance 3) representaron el 74% de la huella total en 2024.

Esas emisiones aumentaron 6% respecto a 2023, según el Amazon Sustainability Report difundido ese año.

Por qué la IA devora tanta energía

Para entender la magnitud del problema, hay que analizar el mecanismo de la inteligencia artificial. Según el sitio EconomiaSustentable.com, el entrenamiento de un modelo de lenguaje requiere un nivel de energía eléctrica asombroso.

Miles de unidades de procesamiento gráfico de altísima potencia funcionan día y noche durante meses. Estas máquinas procesan trillones de datos y generan gigavatios de consumo constante en la red pública.

La demanda energética no culmina en la fase de entrenamiento. La fase de inferencia (el uso diario de la IA para responder preguntas, redactar textos o crear imágenes) acapara hasta el 80% del consumo eléctrico total del modelo, según reportes del portal Arbor.eco difundidos este año.

Una consulta a una IA avanzada con capacidad de razonamiento continuo consume entre 50 y 100 veces más energía que una búsqueda tradicional en la web.

Las proyecciones macroeconómicas confirman la catástrofe. La Brookings Institution advirtió en abril pasado que el consumo global de electricidad de centros de datos pasará de 415 teravatios/hora en 2024 a casi 1.050 teravatios/hora en 2026.

Este volumen equivale al consumo total de energía de un país como Japón. Estados Unidos, donde Amazon concentra la mayor parte de sus operaciones globales, aloja el 45% del consumo global de centros de datos.

El Departamento de Energía de Estados Unidos calculó en 2024 que estos establecimientos tecnológicos devorarán hasta el 12% de la electricidad total de ese país para 2028.

El infierno tóxico de Mumbai que Amazon esconde

La desconexión entre el marketing sustentable de Amazon y su práctica industrial se vuelve letal en India. Una investigación conjunta entre SourceMaterial y The Guardian expuso esto en 2025.

Amazon informa en su sitio web sobre tres zonas de disponibilidad operativas en el área metropolitana de Mumbai. Sin embargo, registros filtrados descubren una red en las sombras.

La corporación estadounidense opera en realidad 16 centros de datos en esa ciudad. Este complejo digital devoró 624.518 megavatios hora de electricidad en 2023.

Para dimensionar la magnitud, esa energía basta para iluminar a más de 400.000 hogares indios durante un año completo.

Las consecuencias ambientales de esta voracidad impactan directamente en los habitantes, de acuerdo al artículo de EconomiaSustentable.com. Para saciar la demanda ininterrumpida de los servidores de Amazon, las autoridades del gobierno indio extendieron la vida útil de dos viejas plantas generadoras a carbón.

Una instalación pertenece al Tata Group. La otra al conglomerado energético Adani. Las empresas justificaron la suspensión de sus propios planes de cierre ambiental con el argumento del crecimiento de los centros de datos tecnológicos.

Los ciudadanos de Mumbai pagan los costos en salud por el confort digital de la empresa de Jeff Bezos. El distrito de Mahul, vecino a la planta de carbón de Tata, sufre niveles de contaminación atmosférica calificados por sus habitantes como un "infierno tóxico" absoluto.

Ante la inestabilidad de la red saturada, Amazon instaló 41 generadores a diésel de respaldo en la ciudad. La compañía solicitó permisos oficiales para colocar aún más máquinas de combustión contaminante.

Cómo Amazon resucitó el carbón en Estados Unidos

El impulso hacia el colapso ambiental no se restringe a economías en desarrollo de Asia, advierte el sitio EconomiaSustentable.com. En Estados Unidos, sede principal de Amazon, la fiebre de la inteligencia artificial resucita infraestructuras tóxicas que el mundo intentaba abandonar.

Un reporte de 2025 del medio Latitude Media revela que Amazon y Google sostienen de manera artificial a la industria del carbón en el estado de Indiana.

La compañía eléctrica Hallador Energy rubricó un contrato de u$s1.000 M por el plazo de doce años. El acuerdo proveerá 500 megavatios de su planta termoeléctrica a carbón Merom a la distribuidora local a partir de 2028.

La meta primordial de este acuerdo multimillonario es garantizar la energía para los centros de datos que construyen Amazon y Google en la región. La central de carbón de Merom estaba condenada al cierre definitivo en 2023.

Sus dueños planificaban una transición hacia sistemas de energía renovable. No obstante, la avalancha de la IA y el capital de estas corporaciones rescataron al carbón del olvido.

El acuerdo asegura emisiones masivas por varias décadas en el futuro. La demanda energética de los centros de datos de Amazon aumentará porque los servidores deben procesar algoritmos de manera continua, sin la menor interrupción.

Ninguna matriz de fuentes renovables locales logra la velocidad de expansión necesaria. Ante esta urgencia por mantener la dominancia del mercado, la corporación se ve forzada a abrazar y expandir los combustibles fósiles.

Los desarrolladores tecnológicos aceptan pagar sobreprecios históricos para garantizar la continuidad de sus operaciones. El contrato en Indiana valúa la capacidad del carbón en u$s450 por megavatio al día. Esta cifra resulta inaudita para el mercado tradicional.

La trampa nuclear que no resuelve nada

Para neutralizar el rechazo social, Amazon promociona enormes compras de energía nuclear como fuente libre de emisiones. En 2024, AWS desembolsó u$s650 M para comprar un campus de datos de 960 megavatios a la firma Talen Energy.

El recinto se conecta de manera directa y exclusiva a la planta nuclear Susquehanna, situada en el estado de Pensilvania. En junio de 2025, el pacto se extendió a un suministro de 1.920 megavatios a largo plazo.

Sin embargo, cuando una corporación como Amazon monopoliza casi dos gigavatios de energía limpia que antes fluía por la red pública, se genera un gran vacío en el suministro nacional.

Las personas, los hospitales, las escuelas y las fábricas continúan con su demanda de electricidad intacta. Para prevenir apagones masivos y cubrir ese déficit repentino, las empresas eléctricas locales encienden centrales de respaldo que operan con gas natural y carbón.

De este modo, Amazon privatiza la energía limpia para sus propios servidores y externaliza las emisiones contaminantes hacia el resto de la sociedad.

Además, la carga sobre la infraestructura obliga a los estados a aprobar inversiones billonarias. En el estado de Virginia, la zona con la mayor concentración de centros de datos a nivel global, la empresa Dominion Energy anunció un plan por u$s50.000 M hasta 2029.

El objetivo es reforzar líneas y construir nuevas centrales térmicas a gas natural. El costo económico del hardware de Amazon recae de manera injusta sobre los ciudadanos mediante tarifas de luz más altas y un aire cargado de polución.

El costo invisible de fabricar cada chip

Más allá del consumo eléctrico directo, el impacto de Amazon se oculta en su extensa cadena de suministro global. La fabricación del hardware especializado para IA agrava el calentamiento global mucho antes de que el servidor inicie sus procesos.

Los procesadores de última generación, los discos de memoria sólida y la infraestructura de red requieren minería intensiva y procesos industriales altamente tóxicos.

Un reporte de 2025 titulado Sustainable Data Centers Roadmap revela que las emisiones incorporadas en la construcción de centros de datos (Alcance 3) representan más del 40% de la huella total durante la vida útil del establecimiento.

La fundición del acero, el curado del cemento y el ensamblaje de componentes electrónicos en fábricas de Asia emiten millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Greenpeace denunció a principios de 2026 que el proveedor de chips Nvidia, pieza clave para AWS, incrementó sus emisiones vinculadas a la manufactura 4,5 veces en un solo año.

Amazon se abastece de este mismo hardware contaminante. Al carecer de normas ambientales estrictas para sus proveedores tecnológicos en Asia, la corporación traslada el pasivo ambiental hacia otras latitudes.

La producción del chip y la fundición del metal se realizan con electricidad proveniente del carbón en países sin normativas climáticas rigurosas. La huella de carbono de la IA de Amazon abarca el planeta entero a través del consumo voraz de recursos primarios.

Desde la mina de metales raros hasta la chimenea de la central térmica local, este costo invisible demuele por completo el mito del servicio de nube inmaterial.

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