Meta busca resolver el debate de privacidad de sus gafas con este botón
Meta encontró, al menos en el papel, una posible respuesta a uno de los reclamos más repetidos por especialistas en privacidad desde que lanzó sus gafas inteligentes. Se trata de un interruptor físico capaz de apagar cámaras y micrófonos a nivel de chip, sin depender del software que corre en el dispositivo.
La empresa publicó la patente que describe este mecanismo, pensado para que los sensores de sus dispositivos de realidad aumentada no puedan activarse por errores, actualizaciones remotas o fallas de seguridad. La novedad llega en medio de una ola de críticas contra las Ray-Ban Meta, que en los últimos meses fueron denunciadas por captar imágenes en espacios íntimos y por sufrir manipulaciones que dejaban sin efecto el aviso luminoso de grabación.
¿Cómo funciona hoy la privacidad en las gafas de Meta?
En la actualidad, quien usa unas Ray-Ban Meta define mediante software cuándo el dispositivo graba audio o video, cuándo la cámara queda activa para que la inteligencia artificial analice el entorno y cuándo se toma una foto. Todo ese control corre por cuenta de programas que se pueden actualizar de forma remota.
Ese mismo diseño es, según se desprende de la nueva patente, el problema central. Si toda la gestión de los sensores depende del software, existe el riesgo de que una actualización silenciosa, un error de programación o una vulnerabilidad externa terminen habilitando la cámara o el micrófono sin que la persona que usa las gafas se entere.
¿Qué cambia con el interruptor físico?
El sistema que Meta patentó agrega una capa que no depende del código. Se trata de un interruptor de hardware conectado a un chip separado del procesador principal, con una única función, cortar la alimentación de todos los sensores conectados apenas se lo activa.
Cuando alguien apaga ese interruptor, la cámara y el micrófono quedan completamente desconectados a nivel eléctrico, más allá de lo que indique cualquier aplicación o sistema operativo. Para volver a usarlos alcanza con destrabar el interruptor, momento en el que el circuito se reinicia solo y los sensores vuelven a estar disponibles.
En el texto de la patente, Meta explica que estos circuitos y métodos buscan garantizar la privacidad de los sensores mediante hardware en dispositivos de consumo, entre ellos los equipos de realidad aumentada como sus propias gafas.
¿Por qué Meta necesitaba responder a las críticas?
La medida no aparece en el vacío. Durante 2026, las Ray-Ban Meta quedaron en el centro de la escena por casos de manipulación del LED blanco que avisa cuando el dispositivo está grabando. Ese indicador no tiene botón de apagado, pero algunos usuarios encontraron formas de dañarlo físicamente para grabar sin dejar rastro visible.
Ante esa situación, Meta endureció en julio sus políticas de software, de modo que la cámara se desactiva de manera permanente si el sistema detecta que el LED fue tocado o destruido. La compañía también avanzó con acciones legales contra quienes ofrecían el servicio de anular el indicador, un negocio que llegó a cobrar unos cien dólares por gafas modificadas.
A la par, investigaciones periodísticas en Europa revelaron casos en los que las gafas registraron situaciones de máxima intimidad, con material que además era revisado por personal externo a la empresa. Organizaciones de defensa de derechos digitales pidieron públicamente que Meta reconsiderara el proyecto por completo, mientras que en distintos países se multiplicaron los comercios que directamente prohibieron el ingreso con este tipo de dispositivos.
En una presentación pública sobre la línea de gafas, un directivo de la compañía describió el problema del mal uso de la cámara como un juego constante entre quienes buscan burlar el sistema y quienes intentan reforzarlo. Meta sostuvo además que ningún otro fabricante de dispositivos con cámara había incorporado antes una función capaz de inhabilitar la grabación cuando el indicador luminoso es destruido de forma deliberada, algo que la compañía presentó como una novedad dentro de su segmento.
¿La patente garantiza que el interruptor va a llegar a las gafas?
No necesariamente. Publicar una patente no implica que la tecnología se convierta en un producto real. Meta suele registrar decenas de desarrollos que después no se traducen en funciones concretas, y todavía no confirmó si este interruptor físico se va a incorporar a una próxima generación de Ray-Ban Meta o de otro modelo de gafas inteligentes.
De todas formas, la aparición de esta patente en simultáneo con el endurecimiento de las políticas de privacidad sugiere que la compañía busca ofrecer respuestas tanto en el plano del software como del hardware, dos frentes donde viene recibiendo cuestionamientos.
¿Qué implica esto para quienes usan gafas inteligentes?
El interés por estos dispositivos crece de la mano de la masificación de asistentes de inteligencia artificial y de funciones como la traducción en tiempo real o el reconocimiento de objetos.
En ese contexto, cualquier avance en materia de privacidad resulta relevante para el público, sobre todo porque la Argentina todavía no cuenta con una regulación específica para dispositivos que graban de forma discreta en espacios públicos. Un interruptor físico que corte por completo la alimentación de cámara y micrófono podría convertirse, si finalmente llega al mercado, en una herramienta concreta para que quienes usan estas gafas controlen cuándo dejan de captar información, sin depender de configuraciones que pueden cambiar con cada actualización.
Mientras tanto, existen buenas prácticas para quienes ya usan este tipo de dispositivos, como avisar de viva voz antes de grabar a otra persona, incluso cuando el indicador luminoso esté encendido, y extremar los cuidados en situaciones que involucren a menores, conversaciones ajenas o espacios considerados íntimos.
La imagen de una persona identificable constituye un dato personal y que captarla de forma indiscriminada en la vía pública puede generar responsabilidades para quien usa el dispositivo, más allá de las funciones de seguridad que incorpore el fabricante.
Por ahora, el desarrollo sigue en etapa de patente, un paso que marca una intención pero no asegura fecha ni modelo de llegada. Lo que sí queda en evidencia es que la privacidad se convirtió en uno de los ejes centrales de la conversación pública sobre gafas inteligentes, y que Meta no puede seguir ignorando el reclamo de contar con controles que no dependan exclusivamente del software.