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Tecnología

Esta AgTech suiza trae a la Argentina su inteligencia artificial para cultivos

La empresa suiza utiliza biosensores y aprendizaje automático para traducir las señales fisiológicas de las plantas en tiempo real.

Por César Dergarabedian
09/09/2026
Actualizado 11:00hs

La empresa Vivent Biosignals inicia sus operaciones en la Argentina para ofrecer una tecnología que decodifica las señales eléctricas de los cultivos y anticipa plagas o sequías antes de que dañen el rendimiento de tus lotes. El director general ejecutivo global de la compañía, el argentino Fernando Derossi, explicó a iProfesional que esta "AgTech" suiza de inteligencia artificial (IA) utiliza biosensores y aprendizaje automático para traducir las señales fisiológicas de las plantas en tiempo real.

Este sistema de monitoreo continuo permite a los productores locales detectar factores de estrés biótico y abiótico con una anticipación de 5 a 10 días respecto a la observación visual. Gracias a esta ventaja temporal, se pueden optimizar la aplicación de agroquímicos y agua, lo que reduce costos operativos y promueve prácticas sustentables en los campos.

Imagináte que podés hablar con tus cultivos en tiempo real. Esto es lo que propone esta compañía de origen suizo que se define como nativa en inteligencia artificial. Esta empresa inició sus operaciones en la Argentina, país que eligió como la base de operaciones para expandir su tecnología por América latina.

Al frente de esta expansión global está Derossi, un argentino que asumió a comienzos de este año su actual posición, además de ser socio de la compañía. Derossi cuenta con más de dos décadas de experiencia en tecnología aplicada al agro, con pasos previos por multinacionales como Syngenta y BASF, además de haber liderado proyectos de innovación en la región y en el exterior.

La llegada al país se da tras una ronda de inversión de 8,6 millones de dólares a finales del año pasado, liderada por fondos como Agri Investment Fund, Horticoop y Pymwymic. Derossi destacó la capacidad del productor local para adoptar innovaciones.

"El productor argentino está en la vanguardia global en la adopción de tecnología e innovación", afirmó Derossi a iProfesional. La empresa busca ofrecer sus servicios en el mercado local, y también aprovechar el talento argentino para exportar soporte y funciones de desarrollo a nivel regional. Esto se produce en un contexto de fuerte expansión de las AgTech en América latina, donde las herramientas de software y sensores locales avanzan pese a los retos de conectividad e infraestructura

La base de operaciones inicial está en Buenos Aires, pero la idea es sumar agrónomos en las distintas regiones del país para dar asistencia técnica directa. Además, el modelo contempla un esquema de alianzas con distribuidores de la región. Esto incluye acuerdos vigentes en Brasil y nuevos lazos comerciales en proceso de negociación en la Argentina.

Esta tecnología se basa en un concepto que desafía el monitoreo tradicional. En lugar de medir solamente el suelo, el clima o usar imágenes satelitales, esta propuesta utiliza a la propia planta como sensor principal. A través de electrodos, el sistema registra el flujo eléctrico interno de los cultivos y traduce esas señales en datos útiles.

Como empresa certificada con el sello B Corp, el propósito de la compañía se asocia a la producción sustentable de alimentos. La meta es reducir el impacto ambiental mediante un uso eficiente de los recursos. La inteligencia agronómica permite que se apliquen insumos solo cuando el cultivo los necesita, con lo cual se ahorra dinero y se cuida la tierra.

El sistema ya se probó con éxito en más de 25 países. La base de datos que posee la compañía supera los dos millones de días de monitoreo acumulados en tiempo real. Esto representa la biblioteca de bioseñales de cultivos más grande del mundo, con más de 35 patentes registradas para descifrar este lenguaje vegetal, como se detalla en su informe técnico internacional sobre la vida de las señales vegetales.

Biosensor Vita en área productiva. Foto suministrada por Vivent Biosignals

¿Cómo interpretan los biosensores y la inteligencia artificial el lenguaje de las plantas?

Para entender cómo funciona este desarrollo, hay que mirar el dispositivo que se instala en el campo. El equipo se llama Vita. Es un biosensor que funciona con una batería de litio que dura entre 9 y 10 meses. Esto significa que la batería te cubre toda la campaña agrícola sin necesidad de recargas ni cambios molestos en el medio del ciclo.

El dispositivo se coloca directamente junto al tallo de la planta. De allí salen los electrodos que se conectan al cultivo. Vivent recomienda instalar los sensores en grupos de 6 a 8 unidades por ambiente de producción. A este grupo de plantas seleccionadas se las conoce como plantas centinelas, y son las que representan a todo ese sector del lote.

Las plantas tienen una actividad eléctrica constante. Los iones suben y bajan a través de sus tejidos conductores y generan impulsos eléctricos. Esta actividad refleja de forma directa su estado fisiológico. Cuando la planta sufre por calor, frío, falta de agua, ataque de insectos o carencias de nitrógeno, fósforo o potasio, sus señales eléctricas cambian.

El biosensor captura estas micro señales eléctricas en tiempo real. La comparación que hizo Derossi es gráfica: "Es el Holter permanente de las plantas". De hecho, los electrodos que se adhieren a los tallos se fabrican con el mismo material que se usa para los estudios cardíacos en medicina humana.

Una vez que el biosensor recoge estas señales de la planta centinela, la información viaja en tiempo real hacia servidores de acceso remoto (computación en la nube, en la jerga informática) de Amazon Web Services. Para esto se utiliza un "gateway" de baja frecuencia y bajo consumo, conocido como tecnología LoRa.

Si en el campo no hay señal de Internet tradicional, el equipo se complementa con una tarjeta SIM de telefonía móvil, una alternativa alineada con las propuestas de conectividad y la Internet de las cosas que la empresa Telecom impulsa para establecimientos rurales.

Incluso la compañía realizó pruebas exitosas en Brasil con conexión satelital de Starlink para zonas sin cobertura móvil. Los equipos son autónomos. En áreas donde no hay red eléctrica, se alimentan con un panel solar pequeño y una batería. Toda la información viaja de forma constante para que no pierdas un solo segundo de datos del cultivo.

En la nube, los modelos de aprendizaje automático y los algoritmos analizan estas señales eléctricas. La inteligencia artificial busca patrones anormales que se salgan del comportamiento habitual de la planta. Con un árbol de decisión entrenado, el sistema identifica de manera específica qué tipo de factor adverso afecta al cultivo en ese momento, una muestra de cómo funciona la tecnología de inteligencia artificial aplicada a la agricultura de precisión https://www.iProfesional.com/tecnologia/362811-como-funciona-la-tecnologia-de-ia-en-la-agricultura .

El resultado de este análisis vuelve al productor a través de una plataforma digital muy interactiva. En esta pantalla, se puede ver un índice general de adaptación del cultivo. El sistema usa un código de colores muy simple: si el indicador está en verde, todo marcha bien; si pasa a amarillo, hay que prestar atención; y si se pone en rojo, la situación es crítica.

Pero la verdadera magia está en la interacción directa que se puede tener con los cultivos. Vivent ya integró sus sistemas con los modelos de lenguaje de OpenAI, los mismos creadores de ChatGPT. Hoy más de 60 clientes de la compañía en el mundo conversan literalmente con sus plantas mediante una interfaz de chat en sus teléfonos celulares.

"Vos podés escribirle un mensaje a tu planta para preguntarle cómo está, y ella te responde si se siente mal y por qué", comentó Derossi. La respuesta no es una simulación fantasiosa, sino un reporte científico procesado por la inteligencia artificial. La planta te puede decir si necesita un riego urgente o si tiene una deficiencia de potasio.

El objetivo inmediato es lanzar una aplicación móvil que traduzca esta interacción a mensajes de voz. De este modo, en pocos meses se podrá hablar de manera directa con las plantas en el lote. La herramienta responderá con base científica sobre su potencial de rendimiento y el impacto estimado de cualquier factor de estrés.

Biosensor Vita. Foto de iProfesional.

¿Cuáles son los beneficios de esta tecnología para los productores agrícolas argentinos?

El principal beneficio de contar con esta tecnología en el campo es la anticipación. La agricultura tradicional actúa cuando ve el problema, pero en ese punto el hongo ya colonizó el tejido o la sequía ya marchitó las hojas. Los biosensores avisan entre 5 y 10 días antes de que los síntomas sean visibles para el ojo humano.

Esta ventana de tiempo es de un valor incalculable. Permite aplicar un tratamiento de manera preventiva y evitar pérdidas masivas en el rendimiento. En cultivos de alto valor o propensos a plagas severas, esos días marcan la diferencia entre salvar la cosecha o perder una parte importante de la inversión anual.

Para los productores agrícolas argentinos, la versatilidad de la plataforma es otro punto fuerte. En el país, la tecnología tiene como focos principales cultivos intensivos y extensivos. Entre los intensivos, se destacan la papa, el tomate y una gran variedad de frutales de distinta dureza.

Si se producen frutas finas como la frutilla, o frutales duros como la manzana y la pera, esta herramienta se adapta a esas necesidades. También es sumamente útil en uva de mesa y en viñedos orientados a la producción vitivinícola de alta gama, donde el control preciso del estrés hídrico define la calidad final de la uva.

La tecnología también se enfoca en cultivos extensivos clave para la economía nacional como la soja y el maíz. En estos cultivos, los sensores cumplen tres funciones vitales para grandes productores y semilleros: el monitoreo de la producción, la validación de sensores remotos y la selección de variedades más resistentes.

"En soja funciona muy bien la selección de variedades para ver cuál responde mejor a las condiciones locales, y en maíz testeamos híbridos con fines comerciales", señaló Derossi. Esto significa que se pueden comparar diferentes genéticas en condiciones reales de campo para seleccionar las mejores semillas para los lotes.

Además, los sensores actúan como un complemento de las herramientas que ya se usan en el establecimiento. Si bien la agricultura de precisión avanzó mucho con mapas de suelo e imágenes satelitales, estas tecnologías de la información miden variables indirectas. El sensor Vita te da la información real de lo que pasa dentro del organismo vegetal.

A veces los sensores de suelo indican que hay buena humedad en el lote, pero la planta muestra estrés hídrico interno en el tablero. Esto pasa por desequilibrios nutricionales que impiden que las raíces absorban el agua de forma correcta. Sin el sensor en el tallo, nunca verías este problema a tiempo.

De esta forma, se puede optimizar la aplicación de fertilizantes y evitar gastos innecesarios. Muchos productores tienden a sobre fertilizar sus campos por precaución. Con datos reales sobre el nivel de estrés de nutrientes de tus plantas, podés dosificar solo lo necesario, reducir costos de insumos y mejorar la rentabilidad de la empresa.

Biosensor Vita en área productiva. Foto suministrada por Vivent Biosignals.

¿Qué impacto tiene el monitoreo en tiempo real en la sostenibilidad ambiental de los campos?

La incorporación de inteligencia artificial en el lote de producción tiene un impacto directo sobre el cuidado ambiental. Al conocer el estado real de los cultivos minuto a minuto, se pueden tomar decisiones de manejo mucho más eficientes y sustentables, un tema central en los debates sobre cómo la inteligencia artificial impacta en la sostenibilidad del agro. La agricultura de precisión pasa de basarse en calendarios fijos a basarse en necesidades reales.

La reducción del uso de agroquímicos es uno de los aportes más significativos de este sistema de monitoreo. Cuando se sabe con precisión de 5 a 10 días de anticipación que hay una amenaza real de enfermedad, se pueden aplicar fungicidas de manera dirigida. Esto evita las aplicaciones preventivas masivas y recurrentes que cargan el ambiente de químicos.

Lo mismo ocurre con el manejo del agua. En zonas áridas o con sistemas de riego artificial como los valles frutícolas o los viñedos de Cuyo, cada gota de agua cuenta. El sensor indica con exactitud el momento en que el cultivo comienza a sufrir estrés hídrico. Así, se riegas únicamente cuando hace falta, lo que genera un ahorro de agua muy importante.

Este enfoque se alinea con las exigencias de los mercados internacionales. Hoy los consumidores globales demandan alimentos con menor huella de carbono y menor uso de pesticidas. Al certificar prácticas sustentables avaladas por datos científicos reales, la producción adquiere un valor diferencial de exportación.

Hacia adelante, el mapa de desarrollo tecnológico de la compañía contempla sumar herramientas de sustentabilidad. Para el año 2027, el plan incluye la integración de imágenes de los cultivos y datos meteorológicos con las bioseñales. Esto dará a los productores una precisión de diagnóstico aún mayor, con recomendaciones automáticas de manejo eficiente.

Fernando Derossi. Foto suministrada por Vivent Biosignals.

¿Cómo es el modelo de negocios para incorporar estos biosensores en un establecimiento?

Para adoptar esta innovación en un campo, el modelo comercial se estructura en dos partes definidas. Por un lado, se realiza la adquisición del hardware, es decir, de los dispositivos físicos que se instala en los cultivos. Por el otro, se paga una suscripción anual para acceder al software de procesamiento y a los servicios de soporte.

La compra inicial se realiza generalmente en paquetes de dos juegos de sensores. Cada juego cuenta con 8 biosensores Vita. Esto da un total de 16 sensores para distribuir en los lotes. El costo de este paquete inicial, que incluye el hardware y la suscripción anual para el uso del software, se ubica entre los 13.000 y los 15.000 dólares.

Esta inversión inicial se amortiza con facilidad si se considera la vida útil de los equipos. Los biosensores Vita tienen una durabilidad garantizada de al menos tres años, con la expectativa de extenderse a un cuarto año según los resultados de las últimas campañas. Por eso, muchos productores registran el costo del hardware como una inversión de capital.

Al dividir este gasto de capital a lo largo de tres o cuatro años, el costo anual por hectárea se reduce de forma notable. Además, los sensores son móviles. Esto significa que, si cambia el esquema de rotación o termina la campaña de un cultivo intensivo, se pueden trasladar los equipos a otro lote o a un cultivo diferente sin problemas.

La suscripción anual da acceso a un tablero de control sin límite de usuarios para el personal de campo. Esto permite que los ingenieros, asesores o encargados de riego visualicen las alertas y los mapas de calor en tiempo real desde cualquier dispositivo. También incluye el acompañamiento continuo de expertos agrónomos de la compañía. La meta es que la información se traduzca en decisiones agronómicas simples que se reflejen de forma positiva en los rendimientos.

Además, la nueva aplicación móvil que lanzará la compañía incorporará una función para calcular el retorno de la inversión de manera automática. De este modo, se podrá visualizar con precisión cuánto dinero se ahorra en agua, fertilizantes y fitosanitarios. Es una manera de transparentar el beneficio económico directo que aporta la tecnología.

Con la mira puesta en el crecimiento regional, Vivent planea expandir sus funciones técnicas en la Argentina. La compañía buscará conformar equipos de desarrollo de producto y soporte técnico con profesionales locales. Esto representa una oportunidad para el talento nacional de insertarse en un proyecto de inteligencia artificial aplicada.