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Tecnología

El fraude digital ya afectó a uno de cada cuatro argentinos

Un informe privado advberte que la ciberdelincuencia es un fenómeno dinámico y en expansión que requiere políticas de prevención integrales.

23/09/2026
Actualizado 12:03hs

Uno de cada cuatro argentinos (24,9%) ya sufrió algún tipo de ciberdelito. El fraude y la estafa digital encabezan las modalidades con el 41% de los casos, seguidos por la suplantación de identidad (29%) y el robo de información personal o financiera (14,5%). Las cifras corresponden a un relevamiento del Instituto de Seguridad y Criminología de Insight 21, el "think tank" de la Universidad Siglo 21, sobre una muestra de 1.050 personas de entre 18 y 65 años en siete ciudades del país.

Sin embargo, el dato más preocupante del estudio, al que accedió iProfesional, no es el nivel de victimización sino la brecha entre lo que las personas dicen saber y lo que hacen: aunque el 75,3% de los encuestados afirma adoptar alguna práctica de ciberseguridad, el 43,8% de quienes recibieron un pedido de datos personales por canales digitales los entregó total o parcialmente. Esa contradicción entre percepción de riesgo y comportamiento real es el eje central del informe.

Cuántos argentinos sufren ciberdelitos y qué tan extendido está el problema

El alcance real del fenómeno es más amplio que la cifra de victimización directa: el 56,7% de los encuestados dijo conocer a alguien cercano que también fue víctima. Del total de casos registrados, el 55% corresponde a delitos consumados y el 45% a tentativas. Entre quienes sufrieron un ataque efectivo, el 58% reportó consecuencias que afectaron sus prácticas digitales posteriores.

El 35,9% de los encuestados logró evitar los efectos de un intento de ciberdelito, lo que indica que más de un tercio de la población estuvo expuesta a algún tipo de ataque aunque no llegó a concretarse.

Cuáles son los fraudes digitales más frecuentes en Argentina

El fraude y la estafa digital lideran las modalidades delictivas con el 41% de los casos. La suplantación de identidad ocupa el segundo lugar con el 29%. El robo de información personal o financiera representa el 14,5%, mientras que el acoso, chantaje o extorsión virtual alcanza el 4,8%.

Estas modalidades no son exclusivas de la Argentina. Un informe de iProfesional detalló una estafa sofisticada en la que delincuentes se hacen pasar por el equipo de soporte de Gmail para robar el acceso a cuentas de Google y, desde ahí, obtener claves bancarias o contraseñas guardadas.

Cómo contactan los ciberdelincuentes a sus víctimas

Las redes sociales son el principal canal de entrada con el 52,3% de los contactos iniciales. Las llamadas telefónicas ocupan el segundo lugar con el 28,4%. El peso de las plataformas digitales es transversal a todas las modalidades: concentran el 56,2% de los casos de estafa, el 54,8% de los de robo de información financiera y el 50,7% de los de suplantación de identidad.

La edad de la víctima define el canal. Entre los jóvenes de 18 a 29 años, el contacto predominante se produce a través de redes sociales (42%), mientras que entre los adultos mayores de 30 años prevalece WhatsApp (46%).

"El fraude digital no necesita inventar un canal nuevo. Aprovecha los mismos espacios que usamos todos los días para hablar con el banco, con el trabajo o con la familia. Esa comodidad cotidiana es, a la vez, lo que baja la guardia frente a un mensaje fraudulento", explicó Nicolás Macchione, director del Instituto de Seguridad y Criminología de Insight 21.

Qué datos buscan los atacantes y por qué tantas personas los entregan

Los ciberdelincuentes solicitan con mayor frecuencia claves de acceso bancarias (32,2%) y el Documento Nacional de Identidad (30%). El hallazgo más preocupante del estudio tiene que ver con el comportamiento de las víctimas: del 49% que recibió solicitudes de información personal, el 24,6% entregó todos los datos pedidos y el 19,2% proporcionó una parte.

Ese porcentaje contrasta con la percepción de riesgo declarada por los mismos encuestados: el 58,5% dice desconfiar de remitentes desconocidos y el 75,3% afirma implementar alguna medida de protección. El estudio identifica una brecha persistente entre lo que las personas creen saber sobre ciberseguridad y cómo actúan cuando enfrentan una situación concreta.

Esa vulnerabilidad se extiende a los medios de pago digitales. Según un artículo de iProfesional, billeteras virtuales con más de 25 millones de usuarios en la Argentina se convirtieron en blanco frecuente de ataques. 

Quiénes son los más vulnerables al ciberdelito en Argentina

Los adultos económicamente activos de 30 a 49 años concentran el 36% de los casos, seguidos por el grupo de 50 a 64 años con el 33%. Los jóvenes de 18 a 29 años representan el 21% y los mayores de 65, el 10%.

La distribución por género muestra que las mujeres constituyen el 55% de las víctimas y los varones el 45%. Pero las diferencias aparecen según la modalidad: los varones son las principales víctimas de acoso, chantaje o extorsión virtual (62,7%), mientras que las mujeres predominan en los casos de robo de información personal o financiera (52%).

Un dato relevante es que el nivel educativo formal no funciona como barrera de protección. Las personas con estudios universitarios representan el 39% de las víctimas y quienes tienen secundario completo, el 35%. Los empleados en relación de dependencia son el grupo más afectado por ocupación (48%), seguidos por los trabajadores independientes (22%).

Qué ciudades registran más ciberdelitos en el país

La Capital Federal concentra el 33,1% de los casos, el porcentaje más alto del relevamiento. La ciudad chubutense de Comodoro Rivadavia, en el extremo opuesto, registra el 4,9%, los índices más bajos del estudio.

Un hallazgo que el informe destaca es el de Corrientes, que registra mayor volumen de estafas, robo de información financiera y acoso que ciudades con mayor densidad poblacional como Córdoba o Rosario. San Miguel de Tucumán ocupa el segundo lugar en acoso, chantaje o extorsión virtual con el 15,7%.

"La exposición al cibercrimen no depende solo del tamaño de una ciudad, sino también puede ser consecuencia de cómo cada comunidad usa las herramientas digitales y qué tan desarrolladas están sus redes de alfabetización digital", señaló Macchione.

Qué medidas de prevención toman los argentinos y por qué no alcanzan

El 75,3% de los encuestados declara implementar alguna práctica preventiva. Las más frecuentes son la negativa a responder contactos desconocidos (58,5%), el uso exclusivo de plataformas oficiales para compras (37,5%) y el cambio regular de contraseñas o uso de claves seguras (31,2%).

Por franja etaria, los adultos de 60 a 65 años son los que más medidas adoptan (81,5%), mientras que el grupo de 40 a 49 años presenta el nivel más bajo (72,4%).

El patrón más significativo del estudio apunta a la relación entre victimización y conducta preventiva. El 90% de quienes fueron víctimas más de una vez implementa medidas de seguridad, frente al 71,2% de quienes nunca fueron atacados. A su vez, el 87,6% de las personas que no toman ninguna medida preventiva nunca fue víctima de un ciberdelito.

"El patrón muestra que hoy la experiencia funciona como la principal vía de aprendizaje en ciberseguridad, y es la más cara. Alguien tiene que ser víctima primero para activar sus capacidades de protección. El objetivo de cualquier política de alfabetización digital tiene que ser instalar esas capacidades antes de la primera exposición, no después", advirtió Macchione.

Qué proponen los especialistas para reducir la brecha entre riesgo y prevención

El informe del Instituto de Seguridad y Criminología concluye que la ciberdelincuencia es un fenómeno dinámico y en expansión que requiere políticas de prevención integrales. Entre las recomendaciones figuran el fortalecimiento de programas de alfabetización digital en los ámbitos educativos, laborales y comunitarios; el desarrollo de políticas de ciber prevención diferenciadas según los perfiles de población más expuestos; y la coordinación entre organismos públicos para una respuesta articulada.

"El objetivo no es que nadie sea víctima nunca, que es algo imposible en un entorno que cambia todo el tiempo, sino achicar la distancia entre reconocer el riesgo y actuar en consecuencia. Hoy esa distancia se cierra recién después de haber sido víctima, y la idea es que se cierre antes", planteó Macchione.

El estudio fue realizado mediante encuesta telefónica con un cuestionario estructurado de 21 preguntas, con un margen de error de ±3,02% y un nivel de confianza del 95%. Las ciudades relevadas fueron Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza, Corrientes, Comodoro Rivadavia y San Miguel de Tucumán.