Qué hacer en Buenos Aires si venís solo 3 días
Buenos Aires no es una ciudad, es un estado mental. Es ese olor a asado que te cruza en una esquina de San Telmo, el grito de un diariero en Corrientes y la elegancia que convive con el caos más absoluto. Si tenés solo tres días para descubrirla, preparate para caminar mucho, también vas a comer mejor y, probablemente, te vas a enamorar de esta locura. Olvidate de los tours acartonados. Si querés hacer turismo de verdad, tenés que mimetizarte con la ciudad.
¿Cómo arrancar el Día 1 entre cafés históricos y el caos del Microcentro?
El primer día es para el corazón de la bestia. No hay otra forma de empezar que no sea con un café "bien porteño". El Café Tortoni es la parada obligatoria. Fundado en 1858, por sus mesas pasaron tipos de la talla de Borges o García Lorca.
Una vez que tengas el azúcar por las nubes, caminá por la Avenida de Mayo hacia la Plaza del Congreso. Ahí vas a ver el Palacio del Congreso, una joya arquitectónica que te hace sentir en plena Europa. Pero ojo, la joya de la corona es el Palacio Barolo. Inspirado en la Divina Comedia de Dante, tiene un faro en la cúpula que ofrece la mejor vista de la ciudad. Si podés hacer la visita guiada, hacela, es mística pura.
Bajando de nuevo hacia el río, llegás a la Plaza de Mayo. Es el epicentro político del país. Tenés la Casa Rosada (donde trabaja el Presidente), el Cabildo y la Catedral Metropolitana, que por fuera parece un templo griego pero por dentro guarda los restos del General San Martín.
Si el hambre invade tu cuerpo, caminá diez minutos hasta la Avenida Corrientes. Acá el turismo se traduce en una palabra, pizza. Pero no cualquier pizza. Tenés que visitar Guerrín. Pedite una porción de fugazzeta (cebolla y un océano de queso) y disfrutala en la barra. Es el bautismo de fuego de cualquier visitante.
Para cerrar la tarde, una foto con el Obelisco y las letras gigantes de "BA". Y si te queda resto, de noche Corrientes se transforma en el Broadway latinoamericano. Teatros, stand-up y librerías abiertas hasta la madrugada. Buenos Aires no duerme.
¿Es posible encontrar la esencia del tango y el asado en el Día 2?
El segundo día bajamos un cambio en velocidad pero subimos en pasión. Arrancamos en La Boca. Sí, es turístico, pero Caminito tiene ese "no sé qué" de las casas de colores (conventillos) que te obliga a sacar la cámara cada dos pasos. Es la cuna del tango y del trabajador inmigrante.
Si sos futbolero, a pocas cuadras tenés La Bombonera. El estadio de Boca Juniors es un templo mundial. Aunque no entres, caminar por los alrededores y ver los murales de Maradona te pone la piel de gallina.
De ahí, pasas a San Telmo. Si tenés la suerte de que sea domingo, la feria de antigüedades en la Plaza Dorrego es un espectáculo aparte. Si no, el Mercado de San Telmo es un refugio gastronómico increíble. Probá un choripán gourmet o unas empanadas fritas. No te olvides de buscar la estatua de Mafalda en la esquina de Chile y Defensa para la foto de rigor.
Al caer la tarde, cruzás a Puerto Madero. Es el contraste total con los rascacielos de cristal, el Puente de la Mujer (de Calatrava) y una paz que no parece de esta ciudad. Si querés un poco de verde, la Reserva Ecológica es el pulmón de la ciudad frente al Río de la Plata.
La cena del Día 2 consta de un asado. Punto. No se negocia. Si querés algo auténtico y sin tanto lujo innecesario, andá a Parrilla Peña y pedí el ojo de bife a punto.
¿Qué ver en el Día 3 para sentirse un verdadero aristócrata porteño?
El último día es para la elegancia. Arrancás en el Teatro Colón. Es considerado uno de los mejores teatros de ópera del mundo por su acústica. La visita guiada te deja con la boca abierta, parece que estás en Versalles pero en pleno centro porteño.
Después, te vas hacia la zona de Recoleta. En el camino, tenés que entrar a El Ateneo Grand Splendid. Es una librería montada dentro de un antiguo teatro. Para muchos, es la librería más linda del mundo. Tomate un café arriba del escenario mientras ojeás un libro, es una experiencia de turismo de lujo pero al alcance de todos.
El Cementerio de la Recoleta es la siguiente parada. Suena raro visitar un cementerio, pero es un museo al aire libre de arte funerario. Ahí está la tumba de Evita Perón, siempre con flores frescas. Al salir, pasá por el Museo Nacional de Bellas Artes o sacale una foto a la Floralis Genérica, esa flor gigante de metal que se abre y cierra con el sol.
Terminamos el viaje en Palermo. Es el barrio más grande y "cool". Tenés los Bosques de Palermo para caminar entre lagos y el Rosedal. Y para cerrar la noche, Palermo Soho. Está lleno de diseño independiente, bares de cerveza artesanal y coctelería de autor. Es el lugar ideal para brindar por estos tres días intensos.
Consejos para que tu experiencia de turismo en Buenos Aires no falle
- La SUBE: para moverte en colectivo (bus) o Subte (metro) necesitás esta tarjeta. Comprala en cualquier kiosco o estación. El transporte acá es muy barato, pero sin la tarjeta no subís;
- El cambio de plata: el tema económico en Argentina es un caos creativo. No cambies plata en el banco oficial; buscá el cambio "Blue" o usá Western Union. Tu presupuesto se va a duplicar mágicamente;
- Seguridad: Buenos Aires es segura, pero no seas "regalado". En zonas como el Microcentro o La Boca, mochila adelante y el celular bien guardado. No andes con la cámara colgando como si estuvieras en Disney;
- Internet: comprate un chip de Claro o Personal en cualquier lado. No dependas del Wi-Fi público si querés usar Google Maps para no perderte;
- Caminá: Buenos Aires se descubre caminando. Mirá siempre hacia arriba; la arquitectura de los edificios viejos es donde está la verdadera magia.
¿Cuál es el mejor barrio para dormir y estar cerca de todo?
Si querés estar en el centro de la movida y sentirte seguro, buscá alojamiento en Palermo o Recoleta. Palermo tiene más vida nocturna y onda joven. Por otro lado, Recoleta es más clásico y señorial. Evitá dormir en el Microcentro porque de noche se queda muy solo y no es tan agradable.