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Parece un palacio y está en Parque Patricios: la historia detrás de este ícono porteño

Para los buscadores de experiencias únicas, el Bernasconi representa lo mejor del turismo con historia, arquitectura de primer nivel
Por YA
28/03/2026 - 09:00hs
El palacio de oro que se oculta en el barrio más humilde de Buenos Aires

La verdadera joya arquitectónica que humilla a cualquier mansión europea está en Parque Patricios, y lo más fuerte de todo es que nació de la voluntad de un hombre que, antes de morir, decidió que los chicos del barrio más pobre tenían que estudiar como reyes. El Instituto Bernasconi es el secreto mejor guardado del turismo en CABA. Hay túneles, piletas subterráneas y una historia de herencias millonarias que parece sacada de una novela.

¿Por qué el Instituto Bernasconi es la joya oculta del turismo?

Si caminás por la calle Cátulo Castillo al 2700, de repente el paisaje de casas bajas y talleres mecánicos se corta en seco. Ahí aparece una mole imponente de estilo florentino que ocupa una manzana entera. Pero, ¿qué hace un palacio de 1918 en el sur de la Ciudad? La respuesta tiene nombre y apellido, Félix Fernando Bernasconi.

Este empresario, hijo de suizos, era un visionario con el corazón más grande que su billetera. En su testamento, dejó una fortuna con la orden de construir un "palacio para escuela" en lo que por entonces se conocía como "el barrio de las latas", una de las zonas más castigadas por la pobreza. Bernasconi quería que la sociedad del futuro viera que la educación no es un gasto, sino la inversión más lujosa que puede hacer un país. El mismo fue inaugurado en 1929.

¿Qué secretos esconde el palacio de Parque Patricios?

Entrar al Bernasconi es viajar a la Italia del Renacimiento sin salir de la Comuna 4. Diseñado por el arquitecto Juan Waldorp (hijo), el edificio cuenta con cuatro plantas donde funcionan nueve escuelas. Hay primarias, secundarias, de música y hasta de coros. Pero lo que deja mudos a los visitantes que buscan turismo no convencional es lo que no se ve a simple vista.

En el subsuelo, este palacio educativo esconde dos piletas de natación climatizadas que funcionan desde hace décadas. Además, el edificio tiene un teatro con 400 butacas digno de la calle Corrientes y un foyer que parece el del Teatro Colón. Todo esto financiado por un solo hombre que entendió que los hijos de los obreros merecían mármol, techos altos y arte.

¿Cómo influyó el Perito Moreno y Rosario Vera Peñaloza en este icono del turismo local?

Antes de ser escuela, ahí estaba la casaquinta del famoso Perito Moreno. Cuentan las malas lenguas (y las buenas también) que el Perito abría los portones cada tarde para que los chicos pobres del barrio entraran a su quinta a comer frutas de los árboles. Él solía decir: "Donde el trabajo y la escuela reinan, la cárcel se cierra". Una frase que hoy, más que nunca, nos hace falta tatuarnos.

Pero el alma pedagógica del lugar la puso Rosario Vera Peñaloza, "la maestra de la patria". Ella fundó allí el Complejo Museológico, convencida de que los museos no tenían que ser cementerios de cosas viejas, sino "escuelas vivas". Hoy, quien visite el lugar puede visitar estos museos de ciencias naturales y geografía que siguen educando a los más de 5.000 alumnos que transitan sus pasillos diariamente.

¿Qué obras de arte podés encontrar en este lugar?

No solo de ladrillos vive el hombre, y Bernasconi lo sabía. El edificio está custodiado por esculturas monumentales de Alberto Lagos que representan temas de la mitología griega, un reloj en la torre que parece sacado de una plaza europea y una estatua de Sarmiento hecha en bronce por Zonza Briano que impone respeto.

Y si sos de los que se emocionan con los detalles, sobre la calle Cátulo Castillo hay una pequeña estatua dedicada al "perro abandonado". Es un homenaje a la lucha de Cátulo Castillo, el gran poeta del tango, por los derechos de los animales. Esos son los rincones que el turismo masivo ignora, pero que a nosotros nos encantan porque le dan alma al cemento.

¿Qué otros puntos de interés complementan el turismo en Parque Patricios?

Si ya te llenaste los ojos con el Bernasconi, no podés irte del barrio sin pasar por el Parque Florentino Ameghino. Está a pocas cuadras y es otro sitio cargado de una energía pesada pero fascinante. En ese predio estaba la casa donde murió Remedios de Escalada de San Martín, y también es el lugar donde se levantó el monumento a los caídos por la fiebre amarilla de 1871.

El sur de la ciudad es así, una mezcla de tragedia, heroísmo y belleza inesperada. El turismo en CABA suele concentrarse en el Obelisco, pero Parque Patricios te ofrece una experiencia mucho más real. Podés ver el contraste entre el nuevo Distrito Tecnológico, con sus edificios de vidrio modernos, y estos palacios de principios de siglo que se niegan a caer.

Recientemente, se han restaurado los jardines perimetrales y la iluminación de la torre del reloj, haciendo que el edificio sea una parada obligatoria para fotógrafos nocturnos. El acceso al interior es limitado durante horario escolar por razones de seguridad, pero se recomienda contactar con el museo para visitas guiadas programadas los fines de semana.

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