Ciencia y misterio cerca de Buenos Aires: el pueblo apodado "la NASA argentina"
Si pensabas que para ver cohetes tenías que sacar la visa y viajar hasta Cabo Cañaveral, tenés que saber que a tan solo 160 kilómetros de la Capital, existe un pueblito que se ganó el apodo de la NASA de Argentina.
Pipinas es el ejemplo perfecto de que en la Provincia de Buenos Aires, si te descuidás, encontrás un tesoro. Un pueblo que estuvo al borde de la desaparición y que hoy, entre murales y árboles que parecen túneles, te invita a conocer el lugar donde Argentina intentó tocar el cielo.
¿Qué pasó con el proyecto de la NASA en este pueblo bonaerense?
La historia suena a película de Netflix. Después de que la cementera Corcemar cerrara en 2001 —dejando a todo el pueblo en Pampa y la vía—, la resiliencia hizo lo suyo. En 2014, el predio de la vieja fábrica se transformó en el Centro Espacial Punta Indio. Ahí mismo, donde antes se embolsaba cemento, ingenieros de la CONAE empezaron a ensamblar el Tronador II, el primer lanzador de satélites nacional.
Esa movida de científicos caminando por calles de tierra y probando motores que hacían temblar hasta las ventanas de la municipalidad, le dio el mote de la NASA. Aunque hoy el ritmo bajó, entrar al pueblo y ver la réplica del cohete gigante es una experiencia única.
¿Es Pipinas el nuevo polo de turismo alternativo y la NASA local?
Pipinas se reconvirtió en un destino de turismo alternativo que te deja regulando. El Museo a Cielo Abierto (MAPI) posee 17 murales gigantes que te cuentan toda la historia, desde los pueblos originarios comandados por el cacique Cangapol hasta la llegada de los ingenieros aeroespaciales.
Si buscás algo distinto, tenés que caminar por el sendero "Cenizas del Recuerdo". Es un trekking cultural que mezcla el paisaje agreste con las ruinas industriales.
¿Dónde dormir y qué comer cerca de la NASA argentina?
Lo mejor de todo es que te podés alojar en el mismo edificio de la fábrica, hoy recuperado por una cooperativa. El comedor del hotel es la gloria misma con platos de ravioles, sorrentinos y unos pastelitos caseros.
Pero Pipinas es también un caso de estudio de reconversión productiva en plena Provincia de Buenos Aires. El viejo complejo de Corcemar, que en su momento llegó a emplear a más de 300 personas y era el motor económico de la zona, hoy funciona como símbolo de cómo un pueblo puede reinventarse sin perder su identidad. La cooperativa que administra el hotel y los servicios turísticos está integrada, en gran parte, por ex trabajadores de la cementera.
En paralelo, el Centro Espacial Punta Indio no fue un simple experimento aislado. El proyecto Tronador II formó parte del Plan Espacial Nacional, impulsado por la CONAE, con el objetivo de desarrollar lanzadores propios capaces de poner satélites en órbita. De hecho, Argentina es uno de los pocos países de América Latina con capacidad de diseñar y construir satélites, y este proyecto buscaba no depender de otros países para lanzarlos.
Durante los años de mayor actividad, se realizaron ensayos de motores en la zona, generando un impacto directo en la economía local. Técnicos, ingenieros y proveedores comenzaron a circular por Pipinas, cambiando por completo la dinámica de un pueblo que venía golpeado. Aunque el desarrollo del Tronador II tuvo avances y pausas, el legado quedó instalado y Pipinas pasó de ser un punto olvidado en el mapa a un lugar asociado con la ciencia y la innovación.
Hoy, ese contraste es justamente su mayor atractivo. Podés desayunar mirando una chimenea industrial que parece detenida en el tiempo, caminar entre murales que narran siglos de historia y, a pocos metros, sacarte una foto con la réplica de un cohete que simboliza uno de los sueños tecnológicos más ambiciosos del país.
Como si fuera poco, su ubicación también juega a favor porque está a unos 160 kilómetros de CABA y a menos de una hora de la Costa Atlántica, lo que lo convierte en una parada ideal para cortar viaje o armar una escapada distinta de fin de semana.
¿Por qué Pipinas es el destino perfecto para una escapada distinta cerca de CABA?
Además de su historia, Pipinas tiene números y curiosidades que terminan de cerrar la experiencia. El pueblo hoy tiene menos de 1.000 habitantes, lo que explica esa sensación de pausa total apenas cruzás el acceso.
El proyecto Tronador II, que le dio el apodo de "NASA argentina", se trató de un lanzador de dos etapas a combustible líquido, diseñado para colocar satélites de hasta 250 kilos en órbita baja. Argentina, con este desarrollo, buscaba meterse en el selecto grupo de países con capacidad de acceso propio al espacio.
Aunque el programa tuvo avances y también frenos a lo largo de los años, en Pipinas todavía se respira ese aire de ambición tecnológica. De hecho, muchos visitantes llegan atraídos por esa mezcla rara y fascinante entre campo y ciencia. No es todos los días que podés sacarte una foto con un cohete en medio de un paisaje rural.
Otro punto fuerte es su ubicación estratégica. Pipinas está sobre la Ruta 36, camino a la Costa Atlántica, lo que lo convierte en una parada ideal para cortar el viaje. Muchos lo descubren "de casualidad" rumbo al mar y terminan volviendo exclusivamente para pasar el fin de semana.
Y hay un detalle que es el que realmente enamora a los turistas, el cielo. Al no haber contaminación lumínica, las noches en Pipinas regalan postales que en la ciudad son imposibles. Ver las estrellas en un lugar que soñó con alcanzarlas tiene algo poético, casi cinematográfico.