Pablo Echarri: "Ya no me importa gustarle a todo el mundo"

La madurez permitió que aflorara lo mejor del actor. Reconoce que encontró la verdadera vocación con sus hijos y gracias a su padre. La nota de Tendencia
Por David Lifschitz – Fotos: Andy Cherniavsky – Producción: Fernando Nieva – Nota de Tapa de Tendencia Hombre
ACTUALIDAD - 06 de Junio, 2012

No se siente cómodo con las fotos, aunque las hace desde que soñaba con ser un actor conocido. Y no es que reniega, sino que simplemente Pablo fue muy fiel con los distintos escalones que le fue planteando la vida.

Su etapa de galancito empedernido, cuando arrancó su carrera televisiva con 24 años y usaba el pelo largísimo, su explosiva pareja con Natalia Oreiro -parecían sacados de una novela-; su amor profundo y la idea de formar una familia junto a Nancy Dupláa. ¿Qué más? Mucho más.

Hoy disfruta de una etapa profesional estable y, recibido de actor serio, adquirió también el don de convertir en éxito cada proyecto que encabeza. Porque, ante todo, Plablo es un angelado: desborda carisma y además entiende la cultura del trabajo y de la vida ligada al esfuerzo y al sacrficio, el gran legado de sus padres.

En medio del estudio de fotografía, dispara una mirada aguda y provocadora de la vida.

-PABLO ECHARRI: No hay nada más alejado de mí que estas propuestas de moda.

-TENDENCIA: Pero es un juego que conocés...-Sí. Al principio me resultaba más fácil, pero con los años uno se pone más vergonzoso. Creo que este juego se identifica más con la juventud. Me estoy sintiendo cada vez más alejado de todo eso. Digamos que uno se va poniendo más grande...

-¿Te cayó la ficha del paso del tiempo?-Sí. Los últimos cuatro años de mi vida fueron en ese sentido implacables. Es algo que noto objetivamente. A veces hay gente que cree que me quiero "hacer el mayor" o que lo hago para que me digan "todavía sos joven"; pero ahora siento que hubo un traspaso de una era a la otra en todos los planos.

-Igualmente, con los cambios no perdiste tu estilo...-Podría haberme quedado en el pasado, pero decidí no hacerlo. No hay nada más ridículo que desconocer el paso del tiempo y sostener esa ilusión con recursos poco felices como la tintura, por ejemplo (risas).

-¿Pero te importa la imagen?-Sí, pero acepté que, más allá de la imagen que me devuelve el espejo, es lo que la gente cree de mí lo que en algún punto me construye. Entonces ya no me preocupo tanto por lo que veo, sino por lo que a esta altura ya está armado alrededor mío. Y yo me dejo llevar por eso.

-Estás en una edad bisagra...-Sí, claro. Siento la madurez, pero por otro lado mi físico no se fue del todo. No me preocupa tanto si me veo bonito y empiezo a entender el rol que mis hijos empiezan a jugar en ese sentido de acá en adelante. Digamos que estoy empezando a ceder espacio.

-Por otro lado, hace tiempo que consolidaste una imagen sostenida por el talento...-Sí. Hay una búsqueda de una franca evolución. No sólo de lo profesional y de lo estético. También voy buscando respuestas en mi interior que van solidificando a ese actor que comenzó hace ya casi veinte años. En esa época yo tenía el pelo largo hasta la cintura y ni bien pude me lo corté con el riesgo de perder la fuerza como Sansón. Lejos de haber perdido, gané mucho porque siempre quise que el cambio de mi imagen fuera de la mano de una decisión artística más jugada.

-¿A costa de un precio muy alto?-Al dejar de ser condescendiente con los otros, ya no tengo tantos seguidores, pero soy más condescendiente conmigo mismo. Haberme liberado me dió una gran tranquilidad. Ahora soy galán cuando me gusta serlo.

-Y el público te lo reconoció. Es un valor agregado...-La jugada fue aceptada, aunque tuve que asumir la pérdida. No cambié por una estrategia de marketing, sino por una decisión personal de seguir siendo auténtico.

-Hace unos años te identificabas con un nuevo modelo de paternidad. ¿Hoy seguís pensando lo mismo?-Sí, aunque soy un padre en todo sentido: muy hinchapelotas, pongo límites, medio gritón... Pero también reconozco querer siempre lo mejor para ellos a costa de mis estructuras y de mi vida aprendida a lo largo de todo este tiempo.

Modifico cosas establecidas para el bienestar de ellos, para que se desarrollen con más libertad. Con Julián, de dos años, tengo una relación diferente que con Morena. Ella vino en un momento de mi vida en el que yo todavía tenía que lograr muchas cosas como hombre; y en esto incluyo mi paso hacia la producción.

-Entonces, ¿haber sido padre te permitió convertirte en productor?-Diría que sí, porque como productor me estoy ubicando en un lugar más de padre con mis propios compañeros, dejando a mi ego de lado. Y eso se lo debo a mi condición de padre. Eso de donar la importancia. Yo siempre fui protagonista de las cosas que hice, pero logré zafar de un mecanismo egocéntrico no sólo en el trabajo. 

Eso también me hace mejor persona, porque uno gasta mucha energía en mantenerse en lugares que ya no son de uno. Creo que el rol de padre, el paso del tiempo y todos los pormenores externos y emocionales alimentaron la persona que soy hoy, sea el actor, el productor, el padre o el esposo.

-¿Y cómo se modificó tu vida de pareja?-Con Nancy antes me sentía más adolescente en cuanto a la seducción; ahora ya hay algo más adulto que se maneja de otra manera. Ella está más relajada porque ve que no soy el mismo galán. Y también a mí me relaja porque no estoy constantemente pendiente de la idea de mantener la belleza y la juventud.

-Tu papá fue de los "duros", ¿no? ¿Cuál es la mayor enseñanza que te legó?-Te cuento algo que me pasó para graficar cuál es el rol de padre que mamé de él. Él se murió hace unos dos años. Una de las cosas que hizo -y que yo no sabía que iba a hacer ni que un padre debía hacerlo- es mostrarles a sus hijos cómo se muere. En la medida de lo posible, ¿no? Me imaginé que iba a ser alguien difícil en su lecho de enfermo y fue un padre maravilloso.

Me enseñó cómo morir con dignidad. Y creo que yo tengo que hacer eso con mis hijos. Ahora me doy cuenta que como padretengo un rol. Creo que también eso es ser padre.

Elegir cómo irse, saber qué decirle a sus hijos, no dejarles culpa ni dolor, sino alegría. Mi viejo se murió también para que yo me pueda transformar en productor.

El día que se hizo la tomografía y le dieron el diagnóstico, el día más triste de mi vida, llegamos a casa y Nancy se había hecho el Evatest de Julián. Y ahí se presentó en mi vida de manera muy clara y pragmática cuál es el rol que venimos a cumplir. Mi viejo se tuvo que ir para que venga Julián. Entonces yo sé que me voy a ir de esta vida el día que mis hijos tengan que aprender algo muy fuerte.

-¿Cómo resumís la lección dejada por tu papá?-No tiene sentido aferrarse a algo sin sentido. Ahí ves que además de tu rol de padre, de amar a tus hijos, acompañarlos, cambiarle los pañales, aconsejarlos, ponerles límites, también te tenés que morir para darles esa enseñanza. Son lecciones que no se dan bajando línea, sino viviendo; los chicos maman lo que ven.

Creo que el rol más importante de la mujer y el hombre en este mundo es transformarse en padres. Poder cumplir y concretar ese rol le da un grado evolutivo a su vida. Y la vida empieza a tener un sentido infinitamente más grande. Hasta ahora eran como partes que tal vez estaban muy bien, que tenían su sola razón de existir; tu desarrollo profesional, tu desarrollo como pareja, uno mismo... Pero cuando uno es padre, te das cuenta que la misión era infinitamente mayor.

Por eso yo siento que soy productor porque soy padre. Yo creo que en mi estructura no lo hubiese podido ser si mi viejo no se hubiera muerto. No me hubiese animado.

-¿Cómo se traduce todo esto en este último Pablo, más comprometido con la realidad que lo rodea?-La idea es no dejar pasar el tiempo; los cambios son hoy. Decir que es lo que quiero para mi país y para mis hijos, que no me da lo mismo una cosa que la otra. Si yo no lo expreso, es posible que mis hijos no lo vivan nunca. Yo no quiero eso, ni que mis hijos vivan lo que viví yo cuando era chico.

Yo viví una dictadura de la que adolecí totalmente porque vivía en una nube de pedos, pero sentí ese agujero generacional y el país en el que estuvimos sumergidos posterior a eso. Sé que mis chicos van a vivir en un país mejor que el mío. Si me trae problemas, me divide el público o me es contraproducente, no me importa.

-¿El padre modificó al actor?-El padre le ganó a la figurita que quería que todo el mundo lo quiera. Cuando empecé quería que todo el mundo me amara; lo que pasa es que ahora ese amor es genuino: el que me quiere, me quiere; el que no, no.

No quiero ser un boludo alegre que le gusta a todo el mundo. Obviamente quiero que decidan por mi capacidad artística, pero si alguien decide no verme por mi elección política, lo veo muy bien. Ya no tengo que mantener amores que no tienen sentido y esto me hace bien.

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