El verdadero creador del "relato"
Presión sobre la prensa opositora, vocación por construir un "relato" único de la realidad, reescritura de la historia, uso de artistas populares al servicio de una causa partidaria... Todo eso pasaba en la Argentina... de 1945, cuando no sólo llegó al poder Juan Domingo Perón, sino, sobre todo, su mito.
Todos los hitos fundantes y símbolos del movimiento -desde el surgimiento del nuevo líder como figura secundaria de un golpe militar hasta el acto consagratorio del 17 de octubre, desde los acuerdos laborales apadrinados por el gobierno hasta las apologías de Evita- salieron de una aceitada maquinaria propagandística.
Claro que no era fácil moldear la opinión pública, y para ello se necesitaba una comprensión de los medios masivos de comunicación que todavía, en una época en la que no existía la televisión, no resultaba clara.
El general, un gran intuitivo sobre la importancia de los aspectos simbólicos en la política, recurrió a un personaje oscuro y fascinante: Raúl Apold, quien luego sería conocido como "el Goebbels de Perón".
Esa es la historia que narra Silvia Mercado en "El inventor del peronismo", un libro apasionante que no deja de sorprender por el insólito parecido del pasado y el presente. Apold prácticamente reescribió las biografías de Perón y Evita, dejando en la penumbra los detalles inconvenientes y elevando a la categoría de leyenda otros aspectos de sus vidas.
Vinculado al cine desde joven, entendió rápidamente el poder de los medios. Y, sobre todo, la conveniencia de tenerlos en manos propias. Así, asumió personalmente la producción de los noticieros cinematográficos que se exhibían al inicio de cada película, convenció a Perón de comprar diarios y radios opositoras para forjar lo que hoy llamaríamos "un multimedios oficialista". Y, en los casos extremos, promovió las expropiaciones directas, como ocurrió con el sonado caso de "La Prensa".
Temido por confeccionar listas negras de políticos, artistas y periodistas, Apold digitaba qué se decía y cómo. Así, por ejemplo, influyó para que Domingo Mercante, el ascendente militar que gobernó la provincia de Buenos Aires, y a quien Perón miraba con recelo, cayera en un cono de sombra. Se llegó al extremo que las chapas de las obras públicas donde figuraba su nombre fueron sustituidas por otras donde sólo se leía el nombre de Perón.
Apold redactó un manual sobre la propaganda y contrapropaganda, en la cual instruía a los gobernadores peronistas sobre cómo utilizar los medios para defender a Perón. Y en ese entrenamiento se incluía la difusión de rumores para desacreditar adversarios.
También entendió que ganar a la opinión pública iba mucho más allá de convencer a la élite educada que se interesaba por política y leía los diarios, sino que era necesario ir mucho más allá, generando una verdadera mitología del peronismo. Para ello, recurrió a figuras populares, como el gran Enrique Santos Discépolo, quien desde un programa radial político-humorístico, "bajaba línea" de manera didáctica.
Además, no dudó en subsidiar generosamente las producciones cinematográficas para ganarse la simpatía de las figuras populares, que serían los mejores embajadores del nuevo movimiento.
Pero, sobre todo, se valió de su conocimiento del cine para tocar la fibra emotiva de un pueblo que pasó a tener nuevas fechas patrias y nuevos héroes. Así, el 17 de octubre, sobre el cual había poca documentación, pasó a ser resignificado como el surgimiento de un nuevo nacionalismo. Y Evita pasó a ser una figura omnipresente para argentinos de todas las edades.
Leer "El inventor del peronismo" es una experiencia parecida a la de encontrarse con la biografía desconocida del padre o abuelo, y encontrar allí asombrosos parecidos con la vida propia. Después de su lectura, es casi inevitable una sensación de "deja vu" cada vez que se aparece una noticia sobre las peleas del kirchnerismo con la prensa opositora.
Quien seguro entendió la importancia que había tenido Apold fue Néstor Kirchner. La imperdible introducción del libro relata la anécdota de cuando un viejo peronista le cuenta al ex presidente que el principal legado de Apold fue "el peronismo como relato".