Capacitación: ¿Cómo decirle a su jefe que quiere abandonar el MBA cuando él es quien paga la cuenta?

Solo un grupo selecto recibe un posgrado financiado por la empresa pero no todos lo completan. ¿Qué hacer en estos casos y qué puede responder la compañía?
Capacitación: ¿Cómo decirle a su jefe que quiere abandonar el MBA cuando él es quien paga la cuenta?

Ofrecer el financiamiento total o parcial de un posgrado o maestría a los ejecutivos de mayor potencial es una práctica de gestión más que extendida en las compañias.

Entre las 150 firmas más importantes de la Argentina, el 62% acostumbra brindar este beneficio, y este porcentaje no ha variado mucho en el tiempo, según indican datos relevados por SEL Consultores en 2013. Esto señala que es una política que se mantiene pese a los vaivenes económicos.

Pero quienes reciben este incentivo son un grupo muy selecto. "Es un universo muy acotado de empleados, en promedio cinco dentro de cada empresa", apuntó María Laura Calí, directora de SEL.

"Puede ser que las compañías financien parte de un programa porque el título se requiere para el puesto que ocupa un ejecutivo, pero también porque evaluaron a la persona y la consideran con potencial para desarrollarse en otros cargo o ascenderlo", dijo a Campus-iProfesional Gloria Cassano, consultora en recursos humanos.

"Otro motivo puede ser que quieran retenerlo, o a manera de 'aumento encubierto'. Al no tener la posibilidad de aumentarle el sueldo, se hacen cargo de los costos del MBA y es una forma de elevar sus ingresos", añadió.

Este fue el caso de Mariano, quien trabajaba en una multinacional y estaba desmotivado a falta de desafíos. Sus empleadores le brindaron entonces la posibilidad de hacer una maestría en el exterior, previo compromiso de que permanecería dos años más en esa firma.

Pero una vez en Estados Unidos recibió una propuesta, de una compañía que le dio por escrito las condiciones de ingreso: salario un 40% mayor, automóvil corporativo, todos los gastos pagos y la promesa de un ascenso en dos años. Mariano no lo dudó y se reunió con su jefe con el papel en mano. En este caso, tuvo suerte: su jefe lo felicitó y no le reclamó absolutamente nada.

El de Mariano no es la excepción a la regla. "Es bastante común, sobre todo con los profesionales más jóvenes, que tienen altas expectativas de desarrollo y una maestría les abre nuevas propuestas. Las mismas conexiones que desarrollan dentro del MBA suelen ser las que les proponen el cambio", dijo indicó la titular de Gloria Cassano & Asociados.

Relató también que en las entrevistas laborales que realiza su agencia, los postulantes acostumbran comentar que están cursando una capacitación y ese es un dato que se considera para definir su ingreso. "Los candidatos no dejan de evaluar una oferta laboral porque están haciendo un posgrado", aclaró.

Ese fue precisamente el caso de Pablo, que era gerente del área de marketing de una cervecera de mediano tamaño y solicitó ayuda para cubrir los costos de un MBA. "No era parte de la política de desarrollo de carrera de la empresa pero había algunos casos especiales en determinadas áreas que habían podido conseguirlo. Así que después de largas reuniones, negociaciones e idas y vueltas, el día que cerraba la inscripción aceptaron pagar la mitad de la cuota mensual mientras yo pagaba la otra mitad", dijo el directivo que prefirió mantener en reserva su nombre.

Pese a que sus empleadores querían que cursara en otra universidad, Pablo se inclinó por la Torcuato Di Tella. "Les expliqué el background financiero que tiene Di Tella, que es algo que yo buscaba fortalecer, y lo entendieron perfectamente, no fue nunca un problema", aclaró.

No obstante, faltando pocos meses para terminar la maestría, "me surgió una muy buena oportunidad en una compañía de consumo masivo, con una mejor categoría y responsabilidades sobre varios países. No fue fácil definirme pero terminé aceptando". Si bien el título no era determinante para esa nueva posición, sí era "algo altamente valorado", contó Pablo, quien recomienda para estos casos "no preocuparse ni dejarse llevar por los miedos de lo que pueda generar una renuncia".

Problemas personales
Además de quienes consiguen mejores oportunidades laborales, en cada camada de hay algún estudiante que, recién una vez que está cursando, cae en cuenta de que ese posgrado o MBA no es lo mejor para él.

A Juan le tocó vivir de cerca esta situación, aunque del otro lado del escritorio. Siendo country manager en Argentina de una multinacional de tecnología, una persona a su cargo abandonó la capacitación que le estaba financiando la empresa, bajo el argumento de que el programa no era lo que esperaba y le demandaba mucho tiempo.

"Este empleado había sido promovido, y aunque el posgrado no era requisito para su nuevo puesto, se lo mantuvo en la posición hasta que cambió de trabajo", aclaró a este medio Juan, quien también solicitó no revelar su nombre.

Si bien en este caso no hubo consecuencias formales para el empleado, sí fue un problema para la multinacional, debido a que ese incentivo había obtenido mucha visibilidad interna dentro de la firma. "Adicionalmente, le genera un problema o cuando menos bastante papeleo a la empresa, al jefe y área de RR.HH. ya que este beneficio sólo se otorga a aquellos considerados talentos, futuros líderes o staff de alto potencial, por lo cual se debe justificar el desembolso, y uno de los factores que se especifican es la probabilidad de que el candidato finalice el programa", agregó Juan.

Comunicar la decisión
Independientemente del motivo de la deserción, siempre se plantea el dilema de cómo informar a los superiores que no se continuará con la capacitación.

Ante la situación de renunciar a un beneficio, los expertos consultados coinciden en que lo ideal es enfrentarla con sinceridad. "Lo mejor siempre es decir la verdad, el real motivo por el que desea abandonar. A veces es un tema personal -casamiento, hijos, distancia por una mudanza- otras es laboral y está relacionado con la falta de motivación o de tiempo para el estudio", opinó al respecto Cassano.

"Algunos jefes exigen trabajos que le impiden llegar a horario a las cursadas o restan tiempo para estudiar y preparar los proyectos. Es que las empresas otorgan el beneficio, pero los superiores impiden de distintas maneras que lo puedan concretar", amplió la consultora.

Por su parte, Pablo, quien tuvo que atravesar esta difícil circunstancia, resaltó que la renuncia fue rápidamente comprendida por sus empleadores debido a la oportunidad que significaba el nuevo empleo. "Fue como pasar de un equipo de mediano tamaño al Barcelona", resumió.

Claro que también le plantearon cómo arreglar la inversión que habían realizado al pagar la mitad de las cuotas de su MBA. "Entendiendo que no tenía obligación legal, yo de todas formas quería hacer las cosas bien, así que devolví el dinero", contó a Campus-iProfesional el ejecutivo de marketing.

"Está en cada uno ser ético y poner las cosas en su lugar. Yo consideré que había una deuda porque ellos habían de alguna manera invertido y yo decidí irme. Me parecía importante cerrar la cosas bien", explicó.

Por otra parte, Pablo negoció con sus nuevos empleadores un "signing bonus" para abonar los tres pagos que le restaban para completar la maestría. Así, logró recibirse en noviembre de 2013.

Reacción
Una vez que el empleado anuncia la noticia, ¿qué pueden responder las empresas?

Muchas veces, la deserción o el rechazo de este beneficio les cae a los empleadores como un baldazo de agua fría. "Es por eso que, en el 50% de los casos, se les pide a estos ejecutivos que devuelvan el dinero, ya sea que la decisión se toma por renuncia, por problemas personales, o por despido con causa", apuntaron desde SEL Consultores. En este último caso, aclaró Calí, "se genera el dilema de si el posgrado es o no parte de la indemnización".

Sucede que la cobertura del costo del posgrado que queda a cargo de la compañía es, en promedio, del 70 por ciento. Si se toma como parámetro el MBA, cuyo costo en cualquier escuela de negocios argentina de prestigio supera ampliamente los $100 mil, el desembolso de parte de la corporación es importante, y por eso existe una especie de contrato tácito -otras veces expreso- de lo que el beneficiado debe hacer como "contraprestación".

"La mayoría de las firmas que consultamos también pide, como obligaciones posteriores a obtener el título, permanecer en la empresa como mínimo dos años después de terminar", agregó Calí.

Cassano asegura que "teóricamente, se espera que quien egresa del posgrado aumente su eficiencia y pueda dedicarse a temas estratégicos. Aunque muchas veces no sucede lo que el empleado tenía previsto".

El dilema de ¿quién paga la cuenta? parece no tener respuestas automáticas. Pero para esta consultora, no existe un estándar de parte de las empresas para responder a estas situaciones: "Cada caso es individual. No existen generalidades. Las políticas suelen tener un punto que habla de la devolución del monto otorgado, pero no siempre se cumple".

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