La alumna de 102 años reprimida por los nazis, recibe su título de doctorado
En 1938, el régimen nazi impidió que la neonatóloga Ingeborg Rapoport, por su condición de judía, recibiera el título de doctorado por el cual se había esforzado tanto.
"Nunca es tarde", reza el refrán y por eso, 80 años después y con 102 años de edad, la profesional está a punto de recibir una reivindicación histórica.
"Se certifica que la señorita Ingeborg Syllm ha hecho en el Hospital Universitario Infantil de Hamburgo un estudio sobre la influencia de la adrenalina, la pilocarpina, el calcio, potasio y bario en cobayos y sobrevive al intestino delgado en animales enfermos con difteria, y que este trabajo hubiera sido aceptado por mí como tesis doctoral, situación que las leyes vigentes hacen imposible para la señorita Syllm por su ascendencia", decía el documento firmado por el profesor Rudolf Degkwitz, director de Hospital Universitario Infantil de Hamburgo, que la neonatóloga guardó durante 77 años.
El papel, en el que figura por su apellido de soltera, lleva impresa la fecha: 30 de agosto de 1938. Era pleno apogeo del régimen de Adolfo Hitler.
La joven estudiante tenía 25 años. "Me dijeron que no se me permitía realizar el examen oral", recordó Rapoport.
Las autoridades académicas argumentaron "razones raciales" para impedirle concretar el último tramo de su doctorado. Se amparaban en las leyes impuestas por el nazismo.
Aunque la joven médica había crecido bajo la religión Protestante, su madre era judía. Ello la convertía en portadora de "un cruce (de sangre) de primer grado" según las normas alemanas, recuerda Infobae.com.
"Fue una vergüenza para la ciencia y una vergüenza para Alemania", señaló Rapoport, recordando el episodio.
La médica huyó ese mismo año a Estados Unidos, dejando atrás a toda su familia. En su bolsillo sólo contaba con unas pocas monedas. "Me sentí expulsada de mi propio hogar. Aquí se quedaba toda mi familia y yo me iba con tan solo 38 marcos en mi bolsillo", señaló en una entrevista.
Al poco tiempo comenzó a trabajar precariamente como interna en hospitales de Brooklyn, Baltimore, Akron y Ohio. Finalmente fue aceptada en el Colegio de Medicina para Mujeres de Pensilvania, en Filadelfia.
Una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, la médica y su marido, Samuel Mitja Rapoport debieron retornar a Europa. Sus simpatías con el comunismo en Estados Unidos no fueron bien recibidas. El primer destino fue Vienna y luego Alemania del Este, controlada por la Unión Soviética.
Pese a ese segundo desarraigo, Rapoport no guarda rencor hacia Estados Unidos. "Nunca sentí amargura. Fui tremendamente afortunada en todo esto. Para mí todo salió bien: tuve mis mejores profesores en EE.UU., encontré a mi esposo, tuve a mis hijos". Fue en ese país donde la neonatóloga pudo doctorarse por primera vez.
No obstante, fue su hijo Tom Rapoport, profesor en la Escuela de Medicina de Harvard, quien en marzo se puso en contacto con el actual decano de la antigua universidad de su madre, Uwe Koch-Gromus, y le contó la historia de su madre.
Le afirmaron que los problemas burocráticos para darle su merecido doctorado a su madre eran incontables. Pero él no se rindió.
Propuso un título honorífico para la antigua alumna. Pero eso no conformaba a la centenaria mujer, quien insistió ante sus autoridades y finalmente consiguieron que le den la oportunidad de completar la tesis.
Rapoport presentó esa ficha que guardó durante 77 años y que probaba que había sido merecedora de recibir su doctorado. Sólo faltaba un paso: debía prepararse para que su tesis fuera actual. Aceptó el desafío.
"Este fue el examen que más trabajo me costó en mi vida", resumió Rapoport. Casi ciega, la "alumna" debió ser asistida por otros médicos, bioquímicos y amigos, para actualizarse sobre la evolución médica de los últimos años. Pero lo consiguió.
El miércoles 13 de mayo Koch-Gromus y otros dos profesores se presentaron en la vivienda de Rapoport en el este de Berlín. La escucharon e intercambiaron preguntas y respuestas durante 45 minutos. Finalmente su tesis de doctorado fue aprobada.
"No lo he hecho por mí. A estas alturas de mi vida un título ya no me aporta nada. Era una cuestión de principios. Se trata de restituir la injusticia cometida. Además, quería hacer bien el examen para no decepcionar al decano", expresó la doctora quien será galardonada el próximo 9 de junio en Hamburgo.
Rapoport romperá ese día un record que no se propuso: será la alumna de mayor edad en recibir un doctorado.