En el cara o ceca, Hillary Clinton ganó la elección
En la escuela de West Davenport, Iowa, la gente está parada alrededor de una mesa. Observan con atención a alguien que lanza una monedita, en el clásico estilo de "cara o ceca". Poco después, una parte -la mitad- de los presentes en la sala estalla en gritos y aplausos. Lo cierto es que todo fue librado al azar: su candidata, Hillary Clinton, es la ganadora.
Esta escena se repitió en cinco circunscripciones más, donde el número de votos de los candidatos Clinton y Bernie Sanders fue exactamente el mismo (al final en estas ajustadas elecciones los votos de diferencia fueron apenas 377). Lo cierto es que para casos así, la regla de los "caucus" dice que la situación se resuelva con el lanzamiento de una moneda: esta vez pareciera que la suerte está del lado de Hillary, porque también en otras dos, en Des Moines y Ames, ganó gracias al "cara o ceca".
Lo cierto es que este curioso proceder es uno de los extraños mecanismos que tiene este sistema que tiene mucho de anacrónico. Desde su nombre, que proviene de la lengua de los nativos norteamericanos, resulta curioso para analizar: para ellos "caucus" significaba "estar sentados en el suelo con las piernas cruzadas en frente de las carpas". Si bien actualmente la gente no se sienta en frente de carpas, pero se reúne para votar en bares, casas, gimnasios, escuelas e iglesias, generalmente a la tarde y cuando la temperatura afuera está muy por debajo de cero.
En ese momento, se hace un debate en el que cada militante toma la palabra y explica por qué hay que votar por su candidato. Los otros pueden contestar.
En el caso de que el "caucus" sea republicano, el proceder es el siguiente: cada elector escribe el nombre del candidato elegido, explica el diario Clarín. Para los demócratas, en cambio, es más incordioso: después de la discusión, los participantes declaran públicamente su voto y se dividen por grupos. Si el grupo es demasiado chico, se desarma y sus participantes eligen el de otro candidato. Después se cuentan los votos de cada candidato. El voto es por mano alzada, como en una reunión de consorcio. Pero si hay empate, "cara o ceca".
Pero este sistema para desempatar el resultado, además de anacrónico, tiene algo de socarrón. Porque choca contra todo el esfuerzo -económico y físico- que despliegan los candidatos para tener la ilusión de ser dueños de su propio destino.