El 62% de los brasileños prefiere nuevas elecciones y sólo el 8% quiere a Temer como sucesor de Dilma
El Senado brasileño conformó este lunes la comisión especial que analizará el proceso de destitución de la presidenta del vecino país, Dilma Rousseff.
Tras una derrota apabullante en la Cámara de Diputados el 17 de abril, la eventual continuidad del "impeachment" será analizada por una comisión de 21 senadores que empezarán a trabajar este martes y tendrán hasta diez días para llegar a una conclusión y recomendarla al pleno del Senado.
Si la mayoría de los senadores ratifica la decisión de los Diputados -en una votación prevista para mediados de mayo- Rousseff perderá la presidencia transitoriamente por hasta 180 días, a la espera de una sentencia definitiva.
En ese caso, quien asumiría la jefatura del Estado es el vicepresidente Michel Temer, acusado por la propia Rousseff de haberla traicionado y de conspirar en su contra, articulando el gabinete de un eventual gobierno.
En ese marco, un relevamiento conducido por el Instituto Ibope indicó que el 62% de los brasileños quiere nuevas elecciones para superar la crisis política actual, mientras que el 25% quiere que la actual Presidenta siga en el cargo, y sólo el 8% cree que Temer es la solución al conflicto.
Una elección anticipada es una alternativa que impulsa, entre otros, la ex candidata presidencial, Marina Silva, indicó el diario El Cronista.
Un dato sorprendente que reveló el sondeo es que el 15% de los brasileños cree que un sistema de gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático, y nada más que un 40% aseguró que la democracia es la mejor opción.
Ante esta coyuntura, Temer cerró algunos refuerzos para su futuro gabinete de transición. El nombre más importante es el del senador socialdemócrata José Serra, ex candidato a presidente por el PSDB, quien aceptó conducir la cartera de Educación, luego de intentar llegar al ministerio de Hacienda.
Temer lo convenció de que el mejor nombre para el área sería el de Henrique Meirelles, quien presidió el Banco Central durante los ocho años del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.