El "Madoff argentino" hizo multimillonaria estafa con offshore de Panamá

Eugenio Curatola, condenado por el desfalco a más de 400 personas, pudo concretar sus maniobras gracias a un guiño de Mossack Fonseca 
El "Madoff argentino" hizo multimillonaria estafa con offshore de Panamá

Conocido como "el Bernie Madoff argentino", Eugenio Curatola -quien estafó a más de 400 pesonas por más de u$s90 millones- vuelve al centro de la escena en el marco de la investigación conocida como "Panamá Papers".

La Justicia lo condenó a cinco años como jefe de una asociación ilícita, aunque se encuentra en libertad condicional. 

Ex vendedor de seguros, Curatola tentó a sus clientes entre 2001 y 2004 con promesas de saltar el corralito y, luego, con ganancias extraordinarias de hasta el 100% a través de inversiones en el mercado a futuro de divisas en el exterior.

Curatola utilizó como vehículo para el fraude la firma offshore Vanderbelt Management Group Ltd, que aparece en los documentos que se dieron a conocer en la causa de los "Panamá Papers". 

El "Bernie Madoff" argentino siempre negó que fuera el dueño de Vanderbelt, con sede en las Islas Vírgenes Británicas. Pero según consta en la investigación, tomó su control en agosto de 2002, a través de Mossack Fonseca y con la firma USA Corporate Services Inc, de Nueva York, como intermediaria, según consignó el diario La Nación. 

Para eso, Mossack Fonseca recibió tres cartas de recomendación. Una de ellas, del estudio jurídico de Silvina Amestoy, la entonces esposa del propio Curatola, a quien también condenó la Justicia a siete años de prisión tras considerarla "organizadora" de la asociación ilícita que llegó a incluir a 17 integrantes.

Su entonces esposa también participó de manera activa. Por ejemplo, al abrir las cuentas de la sociedad offshore Vanderbelt en el Commercial Bank de Bermudas, mientras que los responsables de Mossack Fonseca se desentendieron de lo que ocurría.

"Mossack es cómplice del fraude", indicó al matutino el abogado argentino a cargo de la liquidación de Vanderbelt ante la Corte del Caribe, Mariano Moyano.

"Mossack siempre supo quién era el verdadero dueño de Vanderbelt, fue advertido del fraude y aún así no tomó medidas ni colaboró con ninguna justicia", abundó.

Así, durante los tres años siguientes, mientras que Curatola y Amestoy montaban la gran estafa, el silencio imperó dentro de las oficinas de Mossack Fonseca. O, al menos, no quedan constancias documentales de ningún tipo de operatoria.

Para noviembre de 2005, además, el estudio panameño empezó a recibir mails de clientes que reclamaban información sobre Curatola y sus firmas Vanderbelt y Forexvan, que no reconocía como propias.

Mossack Fonseca se limitó a responder que consultaría a la administradora de Vanderbelt, la neoyorquina USA Corporate Services Inc, por los datos solicitados. Pero no hay constancias de que lo haya hecho.

Según La Nación, sí aparecen documentos, por el contrario, que demuestran que durante ese mismo mes, una mujer solicitó a Mossack Fonseca en nombre de Forexvan un cambio de directores: el saliente Curatola -que firmó el documento- y la entrante Zuleika Jaen.

Un mes después apareció un mail de Forexvan dirigido a "los clientes de Vanderbelt", en el que se planteaba que "la nueva directiva no tiene vínculos con los errores del pasado y nada que ver con denuncias de lavado y fraude", las que se apresuraba a calificar de "infundadas".

Recién en enero de 2006, el cuadro comenzó a resultar incómodo para el estudio panameño. El alemán Jurgen Mossack, que figuraba como agente registrado de Vanderbelt, decidió renunciar.

El liquidador argentino de Vanderbelt, Mariano Moyano, aseguró que los panameños "sabían qué estaba ocurriendo; habían sido advertidos del fraude un año antes y nunca se comunicaron".

Para junio de 2016, sin embargo, Mossack Fonseca continuaba desconociendo cualquier vínculo entre Curatola y las offshore cuestionadas. Reiteraba que no recibían "instrucciones de Curatola" y aseguraba que no tenían datos sobre cuentas bancarias en paraísos fiscales.

Las autoridades argentinas comenzaron a investigar, hasta que el Tribunal Oral en lo Criminal N° 2 porteño los condenó a todos. Pero muchos ahorristas argentinos -se estima que hubo unos 7.000 afectados- tampoco jamás salieron a reclamar porque su dinero estaba en negro