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Por qué la cultura del ahorro es la respuesta a la crisis del sistema previsional

El crecimiento acelerado de la población mayor de 65 años está poniendo en jaque a los sistemas de jubilaciones. Alternativas para resolver la cuestión
Por Carlos Curi, Director Regional de BNP Paribas Investment Partners
26/12/2018 - 20:31hs
Por qué la cultura del ahorro es la respuesta a la crisis del sistema previsional

El mundo está experimentando los efectos de un proceso de dimensión global. Sus consecuencias, trascendentales para la vida de los países, no pueden ser ignoradas. De hecho, muchas naciones alrededor del planeta ya han tomado medidas para intentar paliar sus efectos.

Será posible entonces que nosotros, los argentinos, ignoremos ese proceso global y pretender que con nuestra “proverbial creatividad” encontraremos la forma de eludirlo? ¿Creernos capaces de evitar lo inevitable? ¿Seguiremos negando la realidad y por tanto buscando soluciones ilusorias?

Si no logramos revertir dicho proceso, todas las preguntas anteriores tendrán una lamentable respuesta positiva.

Es esencial lograr que la sociedad y cada uno de sus individuos, tomen conciencia de los sustanciales cambios que experimenta la población mundial, y de qué dramática manera esos cambios influirán en su futuro. En nuestro futuro.

Nos referimos a la cuestión del acelerado crecimiento de la población mundial mayor de 65 años, y a la creciente longevidad o, en otros términos el incremento de la sobrevivencia después de la edad de retiro.

Este fenómeno ya ha modificado, la tradicional pirámide poblacional, y seguirá haciéndolo.

Recurramos a las más comunes figuras geométricas, un triángulo y un cuadrado, y lo podremos entender con toda claridad:

El triángulo es la figura tradicional de la pirámide poblacional que muchos conocemos, su base, la componen los más jóvenes, y a medida que escalamos en la pirámide, la población de mayor edad se reduce. La forma piramidal se consolida, habida cuenta que, tradicionalmente los “adultos mayores” fallecen a medida que los segmentos de edad aumentan.

Hoy estamos enfrentando una vertiginosa transformación de esa pirámide, el triángulo se va transformando, rápidamente (por lo menos en el sentido de lo que el tiempo significa para la historia de los países), en un casi perfecto cuadrado. Y lo podemos ver gráficamente:

Aquellos que hasta hace apenas unas décadas enfrentaban una esperanza de vida de alrededor de quince años luego de terminar su etapa laboral, tienen hoy una expectativa de sobrevivencia superior a los veinticinco años luego del retiro. Y lo que es más dramático aún, es que esa expectativa sigue creciendo. Y, como ya mencionamos, a un ritmo sostenido.

¿Cómo algo tan positivo como lograr que nuestros mayores vivan más y que esa tendencia se sostenga en el futuro, puede producirnos preocupación?

La consecuencia inmediata de esta tendencia positiva gracias las nuevas tecnologías clínicas, implica que a esa población de adultos mayores no sólo habrá que pagarles pensiones por muchos más años y en forma creciente, sino que la sociedad deberá ofrecerles prestaciones de salud durante períodos más prolongados, en definitiva, el actual sistema de reparto provisto por aquellos Estados que los sostienen, deberá sostenerlos por mucho más tiempo.

El envejecimiento poblacional opera entonces, como el disparador fundamental de la mayoría de las reformas en los sistemas previsionales. Todos ellos, sin excepción, buscan lograr el equilibrio entre la sostenibilidad del sistema a través del tiempo y cuidar el nivel de los beneficios. El punto es que la realidad demuestra que estamos ante un dilema: Es o uno u otro. Y lo que es peor aún, los dos conducen irrenunciablemente a una estrangulación financiera.

Por tanto, de continuar dicho sistema de reparto, el Estado, en realidad todos esos estados, se verán “forzados” a recaudar más fondos para afrontar estas incrementales demandas.

Solidaridad intergeneracional

Debemos tener presente que los sistemas de reparto, tienen como rasgo característico la solidaridad intergeneracional, que implica que la población activa financia las pensiones, los ingresos de la población pasiva.

El crecimiento de la longevidad global al que estamos asistiendo, junto a otros fenómenos adversos, globales y locales, van a impulsar, de proseguir los sistemas actuales de reparto, a impulsar a los estados a subir las cargas previsionales pagadas por la población activa a fin de mantener los beneficios en términos reales que hoy reciben los retirados o, por otro lado, mantener el nivel de dichas cargas y generar mayor pobreza dentro de la población pasiva.

Cualquiera de dichas soluciones genera un menor bienestar para la población en su conjunto debido a que los gobiernos se verán impulsados a subir las cargas previsionales pagadas por los trabajadores y las empresas y/o, reducir los beneficios para los retirados, y/o modificar los índices de ajuste de esos beneficios, para intentar reducir su impacto en el presupuesto del estado y/o aumentar la edad de retiro, lo cual implica demorar el recambio generacional de la población activa. En otras palabras una menor creación de empleo para quienes deban ingresar al mercado laboral.

En todos estos casos, como ya mencionamos, la población en su totalidad tendrá una calidad de vida inferior, o en otras palabras, el estado de bienestar se irá resquebrajando sostenidamente en el tiempo.

Por cierto, muchos países han recurrido a una combinación de dichas “soluciones”, y lo han hecho aun cuando el ahorro es parte de su cultura. Tomaron conciencia, de que lo que cuenta es seguir reduciendo el protagonismo del estado como proveedor de bienestar, para que el mismo sea sostenible en el tiempo.

Ante este escenario, cada vez más países van adoptando reformas previsionales. El proceso se acentúo globalmente desde el año 1981 y continúa con mayor dinámica en la actualidad.

Información relevante para tomar idea de la dimensión generalizada del problema a nivel mundial:

- 76 países aumentaron o aumentaran en los próximos años la Tasa de Cotización (aportes de los individuos y los empleadores);

- 56 países aumentaron o aumentarán en los próximos años la Edad de Retiro;

- 60 países ajustaron o ajustaran en los próximos años la Fórmula de los Beneficios, obviamente a la baja.

- 40 países implementaron Ahorro Voluntario

En varios casos, estas medidas no fueron implementadas en forma aislada sino que se combinaron dos o más de ellas, de acuerdo a lo informado por la FIAP en su reporte del año 2018.

En el límite de recurrir a “soluciones”, hay países, que al día de hoy, han llegado al extremo de contraer deuda externa para solventar el gasto de sus sistemas previsionales.

Hay un condimento político a todo esto que es insoslayable, y que complica aún más la situación. Está palpablemente experimentado que TODOS los países que han introducido estas reformas que mencionamos, vivir serias crisis políticas al momento de querer llevarlas a cabo.

La veracidad acerca de la inviabilidad de mantener los sistemas de reparto solidario en las actuales condiciones, es prácticamente irrefutable. Desde el punto de vista técnico y financiero es imposible negarlo. Pero lo que es imposible negar, al mismo tiempo, es que dichas medidas afectan como fue dicho, sí o sí a sectores muy sensibles de la población, y es entonces muy difícil para los gobiernos, más aun a los de sistemas democráticos, poner en marcha medidas socialmente duras.

Valen la pena dos informaciones anecdóticas. En Brasil, Dilma Roussef logró introducir reformas al sistema previsional hace unos años, en pleno auge de su gobierno, para ahorrar 1,5% del PBI, y esas eran medidas preliminares, parte de un plan más ambicioso.

Su “sucesor” Temer, intentó en el congreso avanzar con las reformas que un gobierno anterior de muy diferente orientación había puesto en marcha y definitivamente le resultó imposible lograrlo. Fue políticamente inviable. Algunos podrían decir, que el Presidente Temer no tenía “capacidad negociadora” con el Parlamento y por eso fracasó. Es posible, pero es oportuno entonces compartir la otra información.

Hace unos meses se disputó el campeonato Mundial de Fútbol en Rusia, todo un país convulsionado y prestando su atención al mayor espectáculo del mundo. Rusia cumpliendo un excelente papel en lo deportivo y la población viviendo algo inolvidable. El país no hablaba de otra cosa que no fuera la Copa del Mundo.

¿Que sucedió entonces? El gobierno de Vladimir Putin introdujo el tema de la reforma jubilatoria abiertamente. Elevar la edad de retiro para mujeres y hombres. Parecía el momento adecuado. Desde que el tema se instaló, el 90% de la población rechaza este proyecto del ejecutivo. Y la oposición se hizo fuerte en eso. Hoy, el tema está paralizado.

Ya no a nivel anecdótico, nosotros no podemos olvidar nuestro diciembre de 2017 y lo que sucedió durante el tratamiento de la Reforma Previsional. Volvimos a tiempos de violencia que estaban olvidados, que parecían sepultados. Y todo por unas medidas que finalmente tienen un impacto para nada “trascendental” en el programa previsional. Ni que hablar del costo de la negociación en el Parlamento, en tiempo, discusiones y negociaciones.

Estas múltiples respuestas han demostrado que no son soluciones sostenibles. Está probado que ninguna de ellas resuelve de manera definitiva y/o con contundencia, este creciente problema. Las mismas, terminan siendo paliativos parciales y temporarios y hasta podríamos calificarlos de parches precarios. En el mejor de los casos ayudan a postergar una crisis del sistema previsional, pero no a evitarla.

Para el inquieto, solo basta investigar con un poco de dedicación en internet, y la información surge inmediatamente y con una llamativa coincidencia global. En el mundo existe una verdadera y generalizada preocupación para solucionar este tema.

¿Por qué las medidas mencionadas o una combinación de ellas, no son soluciones sustentables?

Incrementar los aportes: en el mundo, se considera que idealmente, el límite razonable para que un sistema solidario pueda definirse como financieramente sano es de 4 (cuatro) aportantes por cada beneficiario. Actualmente, en Argentina, esa relación es de 1,4 aportantes (uno coma cuatro) por cada beneficiario. Y podemos agregar que en el sistema además, se pagan beneficios a más de 2,5 (dos millones y medio) de personas que no realizaron ningún tipo de aporte previo a retirarse.

Es decir, reciben el beneficio del sistema definido como solidario, pero ellos no hicieron el aporte solidario en su momento. O sea le pedimos a los activos que financien con más esfuerzo, no sólo a los que antes aportaron, sino también a los que no lo hicieron. Y no olvidemos que con la relación antes mencionada es absolutamente inviable lograr el equilibrio.

Aumentar impuestos: agregamos más carga fiscal a aquellos individuos que trabajan en relación de dependencia o el resto de la sociedad que se desempeña en la economía formal. ¿Cuánto podremos subir la carga impositiva y por cuántas veces más? ¿Podremos en algún momento dejar de subirlos?
 
Recordemos que no sólo crece la cantidad y la sobrevivencia de los mayores, sino que el estrangulamiento financiero se agrava porque la cantidad de jóvenes que se incorporan a la población activa no solo no crecen en la misma proporción, sino que en el futuro muy cercano se notará claramente que están decreciendo en porcentaje dentro de la población.

La tasa de natalidad mundial, cae de manera sensible año a año. Y de manera más acelerada en Latinoamérica. En consecuencia, menos deberán aportar para transferir recursos a una creciente población adulta.

Aumentar la edad de retiro: es una solución tomada por varios paíse, incluso Argentina (en forma “optativa”) , pero ello crea problemas de orden intergeneracional, menores oportunidades para los jóvenes, que pronostica menor dinamismo y productividad, y por tanto menor innovación tecnológica en las economías, dado que dicho reemplazo generacional es un combustible para el crecimiento de los países.

La situación que hemos descripto nos muestra claramente que el Estado, todos los Estados, enfrentan un proceso en el que ineludiblemente han comenzado y continuarán trasladando, de manera sistemática, la responsabilidad por el futuro previsional a manos de la sociedad.

Esta afirmación no es producto de la inequidad puesta en práctica por un Estado, o por cualquier Estado, por el contrario, es producto de la imposibilidad de los Estados para afrontar adecuadamente, la responsabilidad asumida tiempo atrás para con los individuos.

Esta situación, en Argentina, puede considerarse extrema. Instala la necesidad de lograr que no solo el individuo pero la sociedad en su conjunto, tome clara conciencia de ello. Y si tomando conocimiento, no decide ser protagonista de su futuro, entonces deberá entender que no tendrá futuro.

Debemos pasar de una sociedad guiada por el consumo a una sociedad donde el ahorro tenga una relevancia significativa, siendo este, una reserva de consumo inter-temporal.

No sólo se observa la falta de conciencia acerca del ahorro para el retiro, sino también se detecta el pobre nivel de educación financiera de la población.

Es necesario realizar una ardua tarea para lograr esa toma de conciencia. Y aunque decimos que hay que poner el foco en el individuo, este no debe estar sólo al asumir esta dura y nueva responsabilidad.

Otros actores deberán asumir sus responsabilidades y brindar apoyo a los individuos.

El primer actor que debe intervenir y asumir su responsabilidad en este proceso es el Estado, que deberá instruir e informar a los individuos en finanzas y cultura del ahorro, esa será una nueva y complementaria forma de acompañar al individuo a sobrellevar exitosamente este proceso.

Generar conciencia del significado trascendental del ahorro y del buen uso y adecuada elección de las herramientas para hacerlo con éxito.

Como elemento clave, deseamos ver al estado proponiendo además, los adecuados beneficios fiscales que, hagan atractivo el ahorro para el individuo y sean un verdadero incentivo. No hace falta nada más que copiar los modelos exitosos al respecto.

El segundo actor que deberá estar involucrado son las Empresas, cumpliendo acabadamente con su rol/ función de Responsabilidad Social.

Este acompañamiento, por parte de las Empresas, puede manifestarse a través de la implementación de programas de asistencia en la toma de decisiones financieras, brindando cursos de formación sobre este tema y, fundamentalmente, a través de Paquetes de Compensación que incluyan programas de ahorro a largo plazo, compartidos entre el individuo y la Empresa. Programas de ahorro personales y compartidos con las empresas que sean totalmente portables para permitir la rotación del personal entre ellas.

Hacia el futuro prevemos un primer pilar solidario intergeneracional con decreciente significancia, administrado por el Estado.

Un segundo pilar, en el que la empresa, cumpliendo un rol social dirigido a conseguir una mayor inclusión social de nuestros pensionados, de sus empleados cuando se retiren de la población laboral, ofrezca planes de pensión (con los adecuados incentivos fiscales) en los que esta contribuya con aportes equivalentes a los del empleado, para cristalizar un ahorro aun mayor, que en conjunto con los provenientes del primer y de un tercer pilar, permitan un retiro digno a nuestros adultos mayores.

Un tercer pilar construido a partir de ahorros individuales de largo plazo, incentivado por exenciones impositivas para que el individuo asesorado por entidades especializadas pueda acceder a una generación sistemática de reservas dirigidas a sustentar su retiro.

La no implementación de este tipo de solución o de soluciones similares, solo hará que nuestra población laboral se transforme en pobre al día siguiente de su retiro.

 

En definitiva, podemos concluir en unas pocas líneas:

El estado de bienestar y la sociedad de consumo ya no pueden seguir conviviendo con las actuales reglas. Y si estamos de acuerdo en ello, entonces habrá que despedirse de esa sociedad de consumo y recibir con entusiasmo apasionado y abrazarse a la sociedad del ahorro.

Ese es el camino del futuro.