Ángel Estrada, mucho más que los repuestos Rivadavia: la historia de un soñador de la grandeza nacional

Ángel Estrada, mucho más que los repuestos Rivadavia: la historia de un soñador de la grandeza nacional
La casa editora Ángel Estrada y Cia., que nació oficialmente, en 1875, importaba libros, mapas y láminas. Pero su campo comercial era mucho más amplio
Por Daniel Balmaceda
18.04.2021 17.44hs Actualidad

Es inevitable asociar el nombre Estrada a la industria editorial. Sin embargo, en su tiempo Ángel Estrada fue mucho más. Era el hombre que alzaba la mano para sumarse a todo las iniciativas, en el campo cultural, social, industrial y comercial. Su espíritu emprendedor era convocado en cuanto proyecto se iniciaba y la Argentina le debe un reconocimiento que hasta ahora ha sido poco generoso, en clara contraposición con su espíritu altruista y desinteresado.

Ángel de Estrada Perichon de Vandeuil nació el 23 de diciembre de 1840 en Buenos Aires, en el seno de una familia patricia con linaje distinguido. Su abuela era hija del virrey Liniers y su abuelo, hermano de Ana Perichon. Ángel fue el mayor de diez hermanos, de los cuales ocho eran varones.

En 1867, meses antes de cumplir los 27, se casó con Tomasa Joaquina Biedma. La pareja tuvo cinco hijos: tres varones y dos mujeres. Ese mismo año inició su actividad profesional, ya que fundó la Imprenta Americana, que funcionó en la calle San Martín entre Cuyo (Sarmiento) y Corrientes. Las primeras publicaciones que llegaron a las librerías fueron obras de sus hermanos, José Manuel y Santiago, además de traducciones hechas del inglés y el francés por el propio Ángel.

Poco tiempo después, inició una estrecha amistad con Domingo F. Sarmiento, a quien admiraba. Los Estrada eran treinta años más jóvenes que el sanjuanino, pero la diferencia generacional se olvidaba cuando se embarcaban en las conversaciones referidas a la educación.

A partir de 1870, apadrinado por el presidente Sarmiento, Ángel fue sumándose a varias instituciones vinculadas a la educación, como la Comisión Protectora de Bibliotecas, el Consejo de Educación de la provincia de Buenos Aires y el Consejo General de Educación. En su tiempo libre escribía poesías y le puso letras a composiciones musicales.

En materia comercial, el verdadero motor expansivo tuvo lugar en 1871 cuando, a partir de la experiencia propia como impresor, decidió dar un paso más y creó la Fundición Nacional de Tipos de Imprenta. La sociedad, ubicada en Belgrano entre Piedras y Tacuarí, fue proveedora de insumos para imprentas y talleres. La industria nacional aún no estaba preparada para sostener la demanda. Estrada se convirtió en un eficiente importador (en aquel tiempo, las firmas importadoras se conocían con el nombre de Casa Introductora) de máquinas, repuestos, tipos (o tipografías), tinta y papel.

Su aporte a las nacientes escuelas públicas

En 1891, la compañía papelera lanzó la primera marca de la empresa: los blocs de dibujo El nene

Este nuevo emprendimiento no relegó su veta publicadora. Por el contrario, la potenció. Sobre todo, cuando Sarmiento, le planteó la necesidad de contar con textos específicos para las nacientes escuelas públicas. La casa editora Ángel Estrada y Cia., que nació oficialmente, en 1875, importaba libros, mapas y láminas. Pero su campo comercial era mucho más amplio. Traía globos terráqueos, pizarrones e incluso pupitres que compraba en los Estados Unidos.

Asimismo, publicó material fundamental de pedagogía y, sobre todo, de metodologías para la iniciación a la lectura. Esto debe ser remarcado ya que muchos de nuestros antepasados dejaron de ser analfabetos auxiliados por los libros de Estrada.

El propio Sarmiento le sugería traducciones y publicaciones. "Compendio de historia", de Juana Manso, es un ejemplo de material que llegó a la imprenta con el impulso del sanjuanino. Pero el que mejor lo posicionó en el mercado fue uno que don Domingo Faustino no llegó a conocer. Nos referimos a El nene, escrito por el profesor Andrés Ferreyra y editado en 1895. La importancia de esta obra radica en que fue el primer libro argentino que incluyó el método aprendizaje de lectura a partir de las sílabas. Contó con cien ediciones y fue la obra de inicio escolar durante cuatro décadas.

La compañía no sólo se especializaba en libros escolares. Entre las múltiples publicaciones, se encontraba el "Manual de la Constitución Argentina", de Joaquín V. González, una versión infantil de Don Quijote y algunas obras de crítica literaria.

Su visión comercial lo llevó a mirar más allá y darse cuenta de que el cierre de la primera papelera local, "La Primitiva", de Juan Alcántara (funcionó entre 1877 y 1883), había dejado un nicho. En 1884, Ángel Estrada, junto con dos socios, Juan Maupas y Mariano Escalada, fundó "La Argentina", una destacada fábrica de papel que instalaron en la localidad de Zárate. Esta empresa, que finalmente con el tiempo iba a rebautizarse Ángel Estrada, se posicionó con rapidez en el mercado. La primera producción se concentró en el papel de embalaje, pero pronto abarcó todos los tamaños y calidades. "La Argentina" proporcionaba desde el necesario para los libros hasta el que empleaban los diarios nacionales.

Productos que se destacaban entre los habituales

 En 1917, colocaron en el mercado el primer papel de alta calidad para escritura: las hojas Rivadavia

Con papel y tipos de imprenta novedosos, se abocó a generar productos que se destacaban entre los regulares. Este detalle le valió muchos elogios, sobre todo de los alumnos avanzados, aquellos que habían comenzado su formación con libros de texto. Fue un eficaz generador de obras de divulgación en una época en que la enseñanza expandía el universo de lectores. Por estos motivos, la editorial que dirigía era considerada una de las principales del continente y siempre se mostraba al acecho de nuevas oportunidades. En 1891, la compañía papelera lanzó al mercado la primera marca de la empresa: los blocs de dibujo El nene.

Como si no bastara con tantos proyectos, don Ángel (así lo llamaban los operarios) integró el directorio de la primera compañía de navegación que unió nada menos que Italia con la Argentina, favoreciendo la oleada migratoria más determinante de nuestra historia. También se desempeñó durante años en los directorios del Banco Hipotecario Nacional y del Banco Nación. Fue considerado uno de los principales industriales de su tiempo y siempre se destacó por tener costumbres sencillas.

Una mala noticia sacudió a la familia a fines de 1904 cuando murió su querida Tomasa. Don Ángel y sus hijos superaron el dolor de la pérdida y prosiguieron enfocados en sus trabajos y estudios. Otro de los hitos de la compañía fue el cuaderno 1910, lanzado precisamente durante el año del Centenario de la Revolución de Mayo. Recordemos que en 1891 habían creado el bloc de hojas de dibujo. Luego, este cuaderno. Y en 1917, colocaron en el mercado el primer papel de alta calidad para escritura: las hojas Rivadavia (hasta 1948, el papel para los clásicos repuestos se importó de Suecia).

En 1918, es decir, al año siguiente de la aparición de la marca más emblemática de la compañía, el fundador de la casa comercial falleció en su quinta, que estaba ubicada en la avenida Provincias Unidas, hoy Juan Bautista Alberdi. Las empresas se mantuvieron bajo la dirección de sus hijos, primero Ángel y luego Tomás. En 1939, la firma se convirtió en sociedad anónima. Cuatro años después, comenzó a cotizar en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.

Tanto Editorial Estrada como Ángel Estrada S.A. continuaron creciendo a lo largo del siglo XX siendo sinónimo de calidad en todos los productos que fabricaban. Lograron dejar de importar el papel y abrir fábricas de producción, modelo en su género, en las provincias de La Rioja y Buenos Aires. Sus productos han alcanzado certificaciones de garantías y premios por la calidad.

Editorial Estrada se constituyó en la editora modelo de textos y manuales escolares. Ángel Estrada S.A. se convirtió en líder en el mercado con sus dos marcas emblema, Rivadavia y El Nene, a las que sumaron los cuadernos Arte —en 1948—, las hojas de repuesto América, los blocs de dibujo Miguel Ángel, y las libretas y resmas Congreso. En los años 90, la firma adquirió la mayoría accionaria de la empresa alemana Pelikan, especializada en la producción de instrumentos de escritura tales como lapiceras, fibras, biromes, entre otros.

Hoy, las dos compañías que Ángel Estrada creó en el siglo XIX, apostando al crecimiento del país, son empresas líderes en el mercado. En el siglo XXI, continúan trabajando para mantener la excelencia de sus productos, como un continuo homenaje al legado de don Ángel, uno de los soñadores de la grandeza nacional.

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