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Se mudó de Argentina a Estados Unidos, superó el "mal del inmigrante" y hoy lidera una empresa de software

Se mudó de Argentina a Estados Unidos, superó el "mal del inmigrante" y hoy lidera una empresa de software
César D’Onofrio fundó Making Sense en el año 2006. La empresa, que actualmente está radicada en Estados Unidos, contrata talento argentino
Por Rocío Bravo
21.05.2021 16.05hs Actualidad

"Cuando estaba por recibirme de ingeniería, en el año 1999, me sentía con ganas de aprender, viajar y tener experiencias nuevas", dice a iProfesional César D’Onofrio. Además, sigue, "veía que, para desarrollar mi profesión, estar en otro país era una buena opción. Ya algunos amigos y familiares habían vivido afuera, en especial un tío que estaba en Miami y me contaba cosas con relación a su trabajo y su estilo de vida y eso me llamó la atención. Así que decidí buscar oportunidades allí".

En esa búsqueda, se topó con una empresa de consultoría en Texas que buscaba un perfil como el de él. "Me postulé, logré el trabajo y así fue como desembarqué a principios del 2000 en Estados Unidos", cuenta.

"Como tuve la posibilidad de llegar con trabajo, los primeros pasos estando en Estados Unidos fueron adaptarme a la cultura, hacer bien mi trabajo y sacar el máximo provecho para aprender, crecer profesionalmente y que así me permitieran quedarme".

Ver la necesidad para iniciar el propio camino

Después de trabajar por algunos años en la empresa de consultoría de Texas, César se dio cuenta de que había una gran demanda de desarrolladores de software que no era fácil suplir en Estados Unidos. "Yo sabía que en Argentina había bastantes profesionales en esta área, así que le propuse a la consultora armar un equipo de ingenieros desarrolladores de Argentina, y así arrancó el proyecto alrededor del año 2005".

César D'onofrio
César D'onofrio

El proyecto fue creciendo y para el 2006, cuando ya habían logrado tener un equipo importante de diseñadores y programadores de software, "decidimos con mi hermano fundar Making Sense", comparte.

Si bien esta apuesta no implicó una gran inversión en términos monetarios, "sí implicó tiempo, mucho esfuerzo y dedicación fuera de mis horarios laborales", recuerda D’Onofrio.

Si bien en Argentina no emprendió, sí estudió. Y hoy, desde Estados Unidos y con su empresa, contrata talento argentino para que trabaje para el país norteamericano. "Siento que estoy devolviendo algo al país de esta forma", destaca.

Un choque de culturas

Según dice, "emprender en otro país es un gran reto desde diferentes aspectos, sin embargo, uno de los puntos que más me marcó fue la cultura profesional. En Estados Unidos tenés que ser muy estricto y hacer lo que decís que vas a hacer, además de estar muy bien preparado para hacerlo. El mercado americano no perdona nada, debes cumplir lo que prometés si no se ve como una falta y enseguida perdés credibilidad. Esto es algo que tenés que trabajar constantemente en el contexto laboral".

Otro de los desafíos, sigue, "es en lo social, ya que cuando tenés que comenzar de cero en otro país no contás con contactos. El networking en ese sentido es súper complicado y lleva mucho tiempo, tenés que construirlo".

La empresa desarrolla software para compañías de todo el mundo
La empresa desarrolla software para compañías de todo el mundo

Además, "en Estados Unidos, el concepto sobre las emociones o del vínculo con la familia es distinto, te chocás al inicio porque nosotros somos muy cercanos y cálidos. Con el tiempo tenés que conocer la cultura, aprenderla y usarla para poder hacer tanto relaciones interpersonales como negocios. Yo siento que cuando comencé esto era una barrera, pero hoy en día es un beneficio, ya que logré adaptarme y hacerlo parte de mi oferta al público local", comparte.

Según el empresario, muchas de nuestras familias emigraron de Europa a Argentina sin tener nada, las generaciones pasadas tuvieron que esforzarse y trabajar mucho para poder progresar. "Este sin duda, es un aspecto que se traspasa a las nuevas generaciones y nos hace más resilientes y flexibles a la hora de adaptarnos a escenarios desafiantes", destaca. Adicionalmente, "creo que el argentino tiene el don de perseverar, somos generalistas, en los países desarrollados la gente se especializa. Esto último, en mi caso particular es una ventaja, me dio una visión más amplia y me permitió tener la cabeza abierta para poder desarrollar el negocio en un país extranjero".

Las etapas del desarraigo

D’Onofrio cuenta que la persona que migra pasa por etapas. "Lo primeros dos años estás descubriendo todo y te deslumbrás. Después viene un desenamoramiento, comenzás a encontrarte con que no tenés en el restaurante la milanesa napolitana con puré como la hacían en Argentina, pero te adaptás. Otra etapa es cuando ya te radicaste y formaste una familia, sentís algo de nostalgia, porque sabés que tus hijos no van a compartir con sus primos, tíos y abuelos, ni van a acampar en Chapadmalal como vos, o irán a la casa de los abuelos los domingos, cosas muy típicas de tu cultura", narra.

Y sigue: "Aquí es cuando la cabeza te hace un clic y comenzás a sufrir del ‘mal del inmigrante’, como yo le llamo, que te das cuenta de que tenés una nueva vida y de que te abriste camino solo en otro lugar lejos de los tuyos, y dentro de esto involucrás a tu familia. Sin embargo, también te das cuenta de que en realidad aquí estamos muy bien, ya construímos relaciones, mis hijos tienen sus estudios, sus amigos y demás. Solo es una realidad diferente".

Sus raíces italianas hacen que el reunirse con la familia y amigos sea lo que más extraña. "Nosotros somos cálidos, nos gusta el encuentro. Los americanos, en cambio, son un poco más fríos", aclara. "En el año viajo entre 2 a 4 veces a Argentina, esto aliviana un poco más esa parte. Sin embargo, después de un tiempo ya queres regresar a tu espacio. Ya me he adaptado bastante bien a la cultura de acá, ya tengo mi vida acá".