GUERRA EN MEDIO ORIENTE

La certeza de la incertidumbre: del virus a los misiles

Si hace unos años la humanidad se paralizaba ante la amenaza biológica de una pandemia, hoy el pulso se acelera ante el intercambio de fuego y retórica
Por Dr. Marcelo Giterman
ACTUALIDAD - 10 de Marzo, 2026

El mundo parece haber canjeado un enemigo invisible por uno demasiado visible. Hace pocos años mirábamos gráficos de contagios. Hoy miramos mapas de misiles. Si hace unos años la humanidad se paralizaba ante la amenaza biológica de una pandemia, hoy el pulso global se acelera ante el intercambio de fuego y retórica entre Irán, Israel y Estados Unidos. Sin embargo, la raíz del malestar sigue siendo la misma: la certeza de la incertidumbre.

El cerebro en el campo de batalla

Desde las neurociencias, podemos entender por qué el conflicto bélico actual nos sumerge en una angustia crónica. Nuestro cerebro reptiliano, con 500 millones de años de evolución, sigue respondiendo al peligro con mecanismos de lucha o huida. Ante la sofisticación de la guerra moderna y la geopolítica nuclear, estas respuestas primarias son insuficientes y obsoletas.

Cuando el sistema límbico (nuestro centro emocional) se hiperactiva por el miedo a una escalada global, el cuerpo se inunda de cortisol. Esta activación del eje hipotálamo-hipofisocortico-adrenal no solo nubla el juicio, sino que disminuye nuestra respuesta inmunitaria. Estamos, literalmente, enfermando de geopolítica.

El error de la identidad como trinchera

El conflicto en Medio Oriente es un espejo de los dilemas binarios cartesianos (genética/ambiente, razón/emoción, psicoterapia/medicación) como señalan varios neurocientíficos críticos del dualismo, como el neurocientífico Antonio Damasio en su libro El error de Descartes. La tendencia a ver al "otro" no como un adversario circunstancial, sino como un enemigo absoluto, es un subproducto de como nuestra racionalidad se ve nublada por las pasiones y las ideologías.

En el debate público, especialmente en redes sociales, vemos cómo la opinión se confunde con la identidad. Si "yo soy lo que pienso", cualquier disidencia se percibe como un ataque a la existencia propia. Esto anula la capacidad de la corteza prefrontal (nuestra herramienta de pensamiento más joven) para encontrar soluciones creativas y acuerdos diplomáticos.

Hacia un nuevo paradigma sistémico

Según la Teoría General de los Sistemas, un leve cambio en una parte del mundo altera todo el ecosistema. El aleteo de una mariposa hoy no es un tsunami en Chile, sino un dron en el desierto que dispara el precio del combustible en Buenos Aires o altera la seguridad en nuestras propias fronteras.

La pregunta que nos queda, mientras observamos el despliegue de fuerzas en el Golfo, es si la humanidad podrá finalmente abandonar la compulsión a la repetición (Tánatos, en términos de Sigmund Freud) que nos lleva a destruir nuestro entorno y a nosotros mismos.

La salida: la "y" en lugar de la "o"

Para avanzar, debemos aplicar lo que los grandes pensadores integradores propusieron: reemplazar la exclusión por la integración. No es "seguridad o paz", "razón o emoción", "Occidente u Oriente", sino cambiar la "o" que implica elegir blanco o negro por la "y" que suma ambas posiciones. El desafío del presente, y de los años por venir, es sostener el no saber provisorio de los filósofos y utilizar el pensamiento lateral para encontrar salidas que la mirada lineal de los misiles nunca podrá ofrecer.

Un pensamiento socialmente muy extendido es creer que podemos controlarlo todo. El desafío consiste en convivir no sólo con la incertidumbre, sino también con la falta de control, pensando con flexibilidad y cierta curiosidad.

La vacuna contra la guerra no se encuentra en un laboratorio, sino en la capacidad de distinguir entre nuestras creencias y la realidad, y en la voluntad de no permitir que el sistema emocional secuestre, una vez más, nuestra supervivencia como especie.

Tal vez dependamos de algo mucho más difícil: aprender a pensar sin convertir nuestras creencias en trincheras.

La incertidumbre no puede eliminarse. Lo que sí podemos evitar es que el miedo la transforme en violencia.

Marcelo Giterman es médico psiquiatra especialista en terapia individual, pareja, familia y trastornos de personalidad

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