VIDEO | De fugitivo a banquero: la increíble historia del fundador del Banco Supervielle que simuló su muerte
Ropa y zapatos abandonados en la orilla del río. Las aguas imperturbables de Oloron Sainte-Marie, en Francia, quedaban como único testigo de una escena de mal presagio. Era 1862 y el pueblo entero buscaba a Bernard Xavier Supervielle, un adolescente de apenas 14 años que parecía haberse desvanecido. Sus padres y hermanos, sumidos en la resignación, esperaban el peor final. Sin embargo, Romain, el padre de la criatura, quien se ganaba la vida como joyero, relojero y astuto cambista, advirtió un detalle que cambiaría el luto por la sorpresa absoluta: a sus rollos de veinte napoleones de oro les faltaba peso. Al abrirlos, descubrió el enigma; ya no eran de veinte, sino de diecinueve. Bernard no se había ahogado; se había "cobrado" un préstamo de oro para financiar su propia fuga y escapar de los siete años de servicio militar obligatorio que le esperaban en su patria.
Lo que siguió fue un misterio de tres años del que poco se sabe, hasta que en 1865 el fugitivo decidió embarcarse rumbo a Río de Janeiro. Pero el destino tenía otros planes. Una epidemia de cólera en la ciudad brasileña obligó al barco a seguir de largo hasta Montevideo. Así, de manera imprevista, el primer Supervielle desembarcó en el Río de la Plata. Para borrar su rastro, cambió su nombre por el de Luis Bernardo y evitó registrarse en el consulado, temiendo que su familia o las autoridades francesas lo encontraran. Pero el pasado siempre vuelve: un amigo de su padre lo reconoció en el puerto uruguayo justo antes de zarpar hacia Francia, donde corrió a darle la noticia a Romain: "Tu hijo está vivo, en Montevideo".
El vínculo familiar logró restablecerse tiempo después bajo una premisa de honor. Luis Bernardo, que ya empezaba a afianzarse como relojero, regresó a Francia para solicitar el perdón de su padre y devolver, moneda por moneda, aquel "préstamo" de los napoleones. La reconciliación fue total, al punto que en 1871 su hermano Jules se le unió en el Río de la Plata. Ambos se casaron con dos hermanas, Mariana y María Munyo, y juntos prosperaron como representantes de marcas de relojes suizos. Sin embargo, la tragedia volvió a golpearlos en el verano europeo de 1884. Durante un viaje a los Pirineos, Jules y su esposa María bebieron agua de una canilla con verdín y murieron intoxicados con apenas cinco días de diferencia. Dejaron a un pequeño hijo, también llamado Jules, quien años más tarde se convertiría en un poeta célebre, íntimo de Ricardo Güiraldes y Victoria Ocampo, escribiendo sobre aquel viaje donde la vida y la muerte se fundieron en una misma frase.
El nacimiento del Banco Supervielle
En 1887, el antiguo fugitivo decidió aplicar todo el conocimiento financiero que había mamado de su padre cambista y fundó el Banco Supervielle en Uruguay. No tardó en cruzar el charco para instalar una sucursal en Buenos Aires, en un sencillo local de 25 de Mayo y Piedad. Luis Bernardo resultó ser un innovador disruptivo para su época. Instaló una línea telegráfica propia entre ambas orillas para que sus clientes de Montevideo conocieran, por primera vez y en tiempo real, el flujo de las acciones en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. Fue, además, el pionero en ofrecer cajas de seguridad de alta tecnología al contratar a la firma francesa Fichet, un servicio que se volvió indispensable para las familias que viajaban a Europa por largas temporadas y necesitaban resguardar joyas y títulos de propiedad.
La muerte alcanzó al patriarca en julio de 1901, tras un accidente insólito: recibió la patada de un caballo en una de sus estancias uruguayas y nunca logró recuperarse. Su hijo Luis, con solo 21 años, debió abandonar sus estudios en Francia para ponerse al frente del banco. El heredero no solo mantuvo el legado, sino que potenció la mística de la unión familiar. En 1908, el grupo desembarcó en el sur de Brasil con la telefonía y, un año después, inauguraron un edificio propio en San Martín 154. Aquella ubicación fue estratégica: pocos años después se asociaron al ambicioso proyecto de la Galería Güemes, el rascacielos más alto de su tiempo, cediendo su terreno para que el pasaje pudiera atravesar la manzana y sumándose como socios de la mole porteña.
Con el tiempo, los Supervielle diversificaron su visión hacia sectores impensados. Fueron precursores del turismo moderno al crear en 1915 la agencia Exprinter, que inicialmente invitaba a los argentinos a escapar del frío hacia el clima suave de las Cataratas del Iguazú o el Paraguay, y terminó proyectando a Punta del Este como el destino de élite que es hoy. A lo largo de las décadas, la familia integró directorios en inmobiliarias, frigoríficos, medios de comunicación y hasta cerveceras, siempre bajo la premisa de la confiabilidad. Hoy, bajo la presidencia de Julio Patricio Supervielle, el banco se consolida como el cuarto privado más grande del país, demostrando que aquel imperio que comenzó con un puñado de monedas de oro robadas a un padre y una fuga desesperada, terminó convirtiéndose en uno de los pilares más sólidos de la historia financiera regional.