La Fuerza Aérea dio de baja aviones de combate y ahora depende por completo de los F-16
La Fuerza Aérea Argentina dio de baja los aviones A-4AR Fightinghawk. El anuncio lo hizo este jueves el brigadier general Gustavo Javier Valverde, jefe de la Fuerza Aérea, durante un acto en la V Brigada Aérea de Villa Reynolds, San Luis.
La desprogramación formaliza el final de un sistema que ya no volaba desde el accidente fatal de julio de 2024, en el que murió el capitán Mauro Testa la Rosa. Desde entonces, los cielos argentinos permanecen desprotegidos.
La decisión deja al país sin capacidad aérea supersónica operativa hasta que los F-16 Fighting Falcon comprados a Dinamarca estén listos para volar. Por ahora, llegaron seis de una flota de 24 unidades, pero están en fase de entrenamiento con pilotos estadounidenses y daneses.
Argentina atraviesa un compás de espera. La transición hacia los F-16 abre una etapa de dependencia absoluta de la nueva flota y de los recursos para sostenerla.
Por qué se dieron de baja los A-4AR tras casi 30 años de servicio
Los McDonnell Douglas A-4AR Fightinghawk fueron incorporados a fines de los años 90 como una modernización de los clásicos Douglas A-4 Skyhawk. Eran aviones de caza y ataque ligero que heredaron el espíritu del Grupo 5 de Caza que operó en Malvinas durante 1982.
Durante más de 25 años representaron la principal capacidad de intercepción y defensa aérea de la Fuerza Aérea Argentina. Pero problemas estructurales los fueron degradando.
"El A-4AR es producto de la falta de planificación de la Fuerza Aérea en los años 90. Una aeronave que nunca estuvo al 100% por completo", explicó Mariano González Lacroix, director del sitio Zona Militar. Los aviones tuvieron problemas de sostenibilidad, armamento limitado y varios accidentes fatales.
La falta de repuestos, la antigüedad de las células y las limitaciones presupuestarias llevaron a que gran parte de la flota quedara fuera de servicio en años recientes. Curiosamente, durante la gestión de Luis Petri como ministro de Defensa se asignaron partidas especiales para sostenerlos, pero fue en vano.
El comunicado oficial señaló que la medida responde a "un exhaustivo análisis de planificación estratégica institucional". Los costos de mantenimiento y sostenimiento logístico del sistema A-4AR obligaron a reasignar recursos hacia proyectos de largo plazo. Las 36 unidades habían costado u$s365 M.
Qué pasa con los F-16 que deben reemplazar a los A-4AR
Toda la estrategia oficial ahora depende del programa F-16 Fighting Falcon adquirido a Dinamarca. Es un salto tecnológico significativo, pero también un desafío económico y operativo de gran escala.
Por ahora llegaron seis aeronaves de la flota total. Los pilotos argentinos continúan entrenándose junto a instructores estadounidenses y daneses en territorio nacional.
El propio comunicado de la Fuerza Aérea admitió que la transición obliga a concentrar recursos. "El recientemente incorporado Sistema de Armas F-16M Fighting Falcon requiere afectar recursos humanos y materiales institucionales hoy disponibles en la V Brigada Aérea", sostuvo el texto oficial.
El proceso demandará años de adaptación técnica, inversiones sostenidas, adecuación de infraestructura y entrenamiento para alcanzar una capacidad operativa completa. Hasta que los F-16 estén plenamente operativos, Argentina atraviesa un período de vulnerabilidad aérea sin precedentes recientes.
Los Super Étendard que tampoco volaron y empeoraron la crisis
La baja de los A-4AR se suma a otra pérdida sensible: los cinco aviones Super Étendard Modernisé (SEM) adquiridos a Francia en 2018 durante la gestión de Mauricio Macri.
Esas aeronaves fueron dadas de baja formalmente este año tras nunca haber volado. La falta de repuestos, especialmente los componentes pirotécnicos de los asientos eyectables, impidió su operación.
Además, las restricciones vinculadas al embargo británico de armas contra Argentina posterior a Malvinas complicaron aún más la situación. El Reino Unido nunca flexibilizó esas restricciones.
Una crisis de defensa aérea que se arrastra hace casi una década
La desprogramación de los Fightinghawk expone un problema de fondo: la pérdida sostenida de capacidades militares argentinas en materia de defensa aérea.
Desde la baja de los Mirage en 2015, Argentina no logró consolidar una capacidad supersónica estable y plenamente operativa. Los A-4AR quedaron como una solución transitoria que se extendió mucho más de lo previsto.
Durante años funcionaron como la principal capacidad de intercepción y defensa aérea de la Fuerza Aérea, aunque con crecientes dificultades de mantenimiento, escasez de repuestos y limitaciones presupuestarias. La flota nunca operó completa.
Ahora, con la salida definitiva de los A-4AR, la Fuerza Aérea cierra un ciclo de casi tres décadas y entra en una etapa de transición crítica. El éxito o fracaso del programa F-16 será determinante para recuperar una capacidad de control efectivo del espacio aéreo nacional.