PREOCUPACIÓN

Ropa usada importada dispara crisis textil y crece el temor por el posible impacto ambiental

El mercado de indumentaria enfrenta una ola de prendas extranjeras que pone en jaque a fabricantes nacionales y amenaza cientos de fuentes laborales
Por iProfesional
ACTUALIDAD - 19 de Junio, 2026

La importación de ropa usada en Argentina pasó de estar prohibida a registrar niveles históricos. Fardos con prendas provenientes de Turquía, Dubai y otros países llegan al país y se comercializan a precios que la industria local no puede competir.

Mientras este negocio crece, la producción textil nacional atraviesa una crisis profunda. Las cifras son contundentes: 22.156 empleos perdidos, 7 de cada 10 máquinas paradas y una caída en la actividad que no se veía hace años, indica la periodista Agustina Grasso en un artículo publicado en el sitio EconomiaSustentable.com.

En el desierto de Atacama, Chile, más de 40.000 toneladas de ropa se descartan anualmente. Montañas de prendas descartadas por Estados Unidos, Europa y Asia forman un paisaje desolador que se convirtió en símbolo global del lado oscuro de la moda rápida.

Según publicó EconomiaSustentable.com, Argentina todavía no llegó a ese extremo. Sin embargo, algunos indicadores encienden las primeras alarmas sobre un modelo que podría estar consolidándose sin que nadie lo haya planificado.

La pregunta que empieza a circular en el sector es si el país está fortaleciendo una economía circular genuina o si corre el riesgo de convertirse en un nuevo destino para los excedentes textiles que los países desarrollados ya no pueden absorber.

El negocio de los fardos: de u$s100 a locales completos

Hace apenas unos años, traer ropa usada del exterior estaba prohibido. Hoy los fardos circulan con naturalidad en ferias, locales y redes sociales.

EconomíaSustentable.com visitó un comercio de fardos en la zona oeste del Conurbano. Su encargado, que pidió mantener su identidad reservada, describió el negocio: "Los fardos arrancan de los u$s100 a los u$s500. Hay diversas categorías, vienen de muchas marcas: Zara, Calvin Klein".

"Hay ropa usada y ropa que se puso en un perchero y nunca se vendió. Con cinco fardos la gente ya se abre locales de ropa", agregó el empleado.

La escena que describe es una postal de lo que está sucediendo. La producción nacional queda desplazada por el ingreso masivo de ropa importada a precios imbatibles.

"Hay muchas quejas de que traemos basura, pero la empresa está certificada con el proceso de desinfección y recolección de la ropa. Con lo que entra y no sirve se hacen trapos de piso. Mucho viene de Turquía y Dubai", explicó el encargado del local que, semanas después de la nota, fue clausurado.

Lucía Knorre, investigadora de Fundación ProTejer, no coincide con esa mirada optimista,. "Hoy por hoy el 85% de la ropa usada ingresa de la Aduana de Jujuy, proveniente de Chile. Se trata de ropa vieja, muy sintética, a precios que ningún productor puede igualar".

"Si bien hay países que piden certificados de higiene, eso no sirve porque no terminan de evitar el daño ambiental y productivo que genera el ingreso de esa ropa", advirtió Knorre en diálogo con Economía Sustentable.

La crisis de la industria textil argentina en números

Según datos de la Fundación ProTejer a los que accedió Economía Sustentable, en marzo de 2026 la producción textil cayó 23,3% respecto del mismo mes del año anterior. La contracción acumulada frente a 2023 alcanza el 31,3%.

En paralelo, las importaciones de ropa aumentaron un 79% y las de confecciones un 55%, alcanzando récords históricos.

Pero las cifras más duras están en el impacto social y productivo de esta transformación. La Fundación ProTejer aporta datos que grafican la magnitud de la crisis:

  • 22.156 empleos perdidos en el sector textil
  • 7 de cada 10 máquinas paradas en las fábricas
  • u$s780 millones invertidos entre 2020 y 2023 que hoy están ociosos
  • Cambio de composición de importaciones: menos insumos, más ropa terminada

La pérdida de poder adquisitivo de la población alimenta el círculo. Los precios bajos de los fardos resultan irresistibles para consumidores que no pueden acceder a ropa nueva nacional o importada de primera mano.

La industria textil local se encuentra en una encrucijada: mientras sus máquinas permanecen apagadas y miles de trabajadores perdieron sus empleos, un modelo paralelo crece sin regulación efectiva y con impactos ambientales que todavía no se dimensionan completamente, destaca el sitio EconomiaSustentable.

Impacto ambiental: el fantasma de Atacama

Si bien la importación comenzó en 2024, debido a quejas de las Cámaras de Comerciantes se sumaron controles para reducir los impactos ambientales. Sin embargo, especialistas en residuos textiles advierten que no toda la ropa importada encuentra un nuevo uso.

"Estamos ante un sistema que todavía carece de infraestructura para reciclar fibras textiles a gran escala", aseguran desde los sectores ambientales.

La ropa, en líneas generales, está hecha de derivados del plástico. Fibras de nylon y compuestos que tardan miles de años en degradarse y resultan altamente contaminantes para el ambiente.

Por ello, el paisaje del desierto de Atacama que parecía lejano puede convertirse en un futuro argentino si no se toman medidas adecuadas.

Lucía Knorre es categórica sobre la solución: "El único camino posible hacia la solución de este conflicto es volver a la prohibición del ingreso de ropa usada, como tienen todos los países, salvo algunos de África y Chile".

"Hoy no hay un límite a esa importación y la única manera de erradicar el problema es ir a la raíz: que deje de ingresar", agregó la investigadora.

El modelo del fast fashion y ultra fast fashion está considerado un problema a gran escala a nivel internacional que necesita de ciertos países donde volcar sus desechos. La advertencia de los especialistas es clara: Argentina no debe convertirse en uno de ellos.

Te puede interesar

Secciones