Récords en Vaca Muerta, pero crecen las denuncias por contaminación, sismos y daños del fracking
Vaca Muerta se consolidó en los últimos años como el principal motor energético de la Argentina. La formación no convencional ubicada en la provincia de Neuquén concentra el segundo mayor reservorio de gas shale del mundo y uno de los principales de petróleo no convencional, lo que la convirtió en un activo estratégico para el desarrollo económico, las exportaciones y el ingreso de divisas.
Los sucesivos récords de producción, las millonarias inversiones de empresas nacionales e internacionales y la expansión de la infraestructura energética posicionaron a Vaca Muerta como uno de los pilares sobre los que el Gobierno apuesta para impulsar el crecimiento económico. Sin embargo, detrás de esos indicadores positivos existe otra realidad que denuncian vecinos, organizaciones ambientales, investigadores y comunidades mapuches: el impacto ambiental y social que deja la explotación mediante fractura hidráulica, más conocida como fracking, indica una nota de la periodista Mariela Castro, publicada en el sitio EconomiaSustentable.
Contaminación del aire, residuos industriales acumulados a cielo abierto, incremento de la actividad sísmica y problemas vinculados con el acceso al agua forman parte del conjunto de reclamos que desde hace años realizan habitantes de localidades como Añelo y Sauzal Bonito, dos de las zonas más directamente afectadas por la expansión petrolera.
El costo ambiental del fracking
La técnica utilizada para extraer petróleo y gas de las formaciones no convencionales consiste en perforar la roca e inyectar millones de litros de agua mezclados con arena y aditivos químicos a muy alta presión. Ese proceso fractura la roca y libera los hidrocarburos atrapados en el subsuelo.
Aunque el fracking permitió multiplicar la producción de petróleo y gas en la Argentina, también es objeto de cuestionamientos en distintos países por sus posibles efectos sobre el ambiente y las poblaciones cercanas.
Entre los principales puntos señalados por especialistas figuran las emisiones atmosféricas, el consumo intensivo de agua, la generación de residuos industriales y la posibilidad de inducir movimientos sísmicos asociados a la actividad extractiva, añade el artículo de EconomiaSustentable.com.
Un aire cada vez más difícil de respirar
Uno de los impactos más visibles se registra en la calidad del aire.
Vecinos de Añelo describen que durante determinadas horas del día una nube gris cubre parte de la localidad, mientras que un intenso olor similar al azufre puede percibirse incluso a varios kilómetros de distancia de los pozos petroleros.
Gran parte de esas emisiones proviene del denominado flaring, el proceso mediante el cual se quema el gas excedente que surge durante la extracción de hidrocarburos. Esa combustión libera distintos contaminantes y gases de efecto invernadero, entre ellos metano, considerado mucho más potente que el dióxido de carbono para el calentamiento global durante sus primeros años en la atmósfera.
A ello se suma el polvo generado por el tránsito permanente de camiones, las plantas que procesan arena para el fracking y la intensa actividad industrial que transformó la región durante la última década.
Habitantes de la zona afirman que la exposición constante provoca irritación ocular, alergias, estornudos y dificultades respiratorias, especialmente cuando las condiciones meteorológicas impiden la dispersión de los contaminantes.
Investigadores de la Universidad Nacional del Comahue explican que durante el invierno las inversiones térmicas favorecen que los contaminantes permanezcan cerca del suelo durante varias horas, incrementando la exposición de la población.
Organizaciones sociales sostienen además que comenzaron a observarse con mayor frecuencia enfermedades respiratorias crónicas tanto en adultos como en niños. Sin embargo, remarcan que la ausencia de estudios epidemiológicos oficiales dificulta establecer con precisión el alcance sanitario del fenómeno.
Residuos que crecen junto con la producción
Otro de los desafíos ambientales es el manejo de los residuos generados por la explotación hidrocarburífera.
Cada perforación produce grandes cantidades de cuttings, fragmentos de roca mezclados con lodos de perforación, arena y otros materiales utilizados durante el proceso extractivo.
Estos residuos son trasladados a plantas de tratamiento operadas por empresas especializadas, donde muchas veces permanecen acumulados formando enormes montañas visibles desde las rutas y cercanas a distintas localidades.
Diversos informes advirtieron que la capacidad instalada para procesar esos residuos no logró acompañar el crecimiento explosivo de la actividad en Vaca Muerta, generando acumulaciones cada vez mayores, agrega la nota de EconomiaSustentable.com.
Las organizaciones ambientales sostienen que el almacenamiento prolongado incrementa el riesgo de contaminación del suelo y del agua si no se cumplen estrictamente las normas de tratamiento y disposición final.
El aumento constante de la producción petrolera también implica un crecimiento proporcional del volumen de residuos industriales, un desafío que aparece cada vez con mayor frecuencia en la agenda ambiental neuquina.
La tierra también comenzó a moverse
Uno de los fenómenos que más preocupación genera entre los habitantes de la región es el incremento de la sismicidad inducida.
A diferencia de los terremotos naturales, estos movimientos pueden estar asociados a actividades humanas, particularmente a la inyección de grandes volúmenes de fluidos en el subsuelo durante las operaciones petroleras.
Sauzal Bonito se convirtió en el símbolo de este problema. Sus habitantes aseguran convivir desde hace años con temblores frecuentes que provocan grietas en viviendas, roturas de paredes y daños estructurales.
La preocupación volvió a instalarse luego de que especialistas del Observatorio de Sismicidad Inducida registraran una sucesión de varios días consecutivos con movimientos sísmicos en la zona de Añelo durante las últimas semanas.
Según los registros disponibles, en lo que va del año ya se contabilizaron decenas de sismos, mientras que el acumulado supera ampliamente los 600 eventos desde que comenzó el desarrollo intensivo del yacimiento.
Aunque todavía existe debate científico sobre la relación directa entre cada episodio y la actividad hidrocarburífera, distintos investigadores consideran que la correlación temporal y geográfica merece un seguimiento permanente.
En algunos países europeos, precisamente por estas preocupaciones ambientales y sísmicas, el fracking fue restringido o directamente prohibido. En Argentina, en cambio, la prioridad política y económica fue avanzar con el desarrollo del recurso para fortalecer el abastecimiento energético y aumentar las exportaciones.
Desarrollo económico versus impacto ambiental
El crecimiento de Vaca Muerta transformó profundamente la economía regional.
Añelo pasó de ser una pequeña localidad del interior neuquino a convertirse en el centro operativo de la industria petrolera. Ese proceso impulsó la creación de empleo, el desarrollo de servicios y nuevas inversiones, pero también provocó un fuerte incremento del costo de vida, presión sobre la infraestructura urbana y conflictos por el acceso a la vivienda.
Las comunidades mapuches y organizaciones sociales sostienen además que la expansión de la actividad modificó territorios históricamente utilizados para la producción agropecuaria y generó tensiones por el uso del agua, un recurso especialmente sensible en una región caracterizada por la escasez hídrica.
Mientras tanto, el debate continúa creciendo. Para el Gobierno nacional y las empresas del sector, Vaca Muerta representa una oportunidad histórica para convertir a la Argentina en un gran exportador de energía. Para organizaciones ambientales y vecinos, en cambio, el desafío consiste en que ese desarrollo no avance sin controles suficientes ni deje de lado los costos ambientales y sociales que ya comienzan a sentirse en las comunidades que conviven diariamente con el fracking.
El futuro de Vaca Muerta probablemente siga marcado por esa tensión: por un lado, una fuente estratégica de crecimiento económico y generación de divisas; por el otro, una discusión cada vez más intensa sobre los límites ambientales del desarrollo y la necesidad de compatibilizar la explotación de los recursos naturales con la protección de la salud, el ambiente y la calidad de vida de quienes habitan el corazón de la principal cuenca hidrocarburífera del país.