EDUCACIÓN SUPERIOR

El crédito académico: una oportunidad para repensar cómo enseñamos en la universidad

Lo que parece un ajuste administrativo obliga a universidades a volver sobre una pregunta que suelen dar por respondida: para qué forman y cómo lo hacen
Por Macarena Lucero Schmidt *
ACTUALIDAD - 01 de Julio, 2026

Hay decisiones de gestión que se presentan como técnicas y que en el fondo resultan ser culturales. La adecuación al Sistema de Créditos Académicos Universitarios (SACAU) es una de ellas. La norma, aprobada en 2023 y ajustada en 2025, le encarga a cada universidad algo que a primera vista suena a contabilidad pura: definir el valor del crédito, el llamado Crédito de Referencia del Estudiante (CRE), y reconvertir en función de él los planes de estudio. El que lo tome como una simple operación de conversión va a desaprovechar lo más interesante que el sistema propone.

Porque ponerle un valor al CRE no se reduce a pasar horas a otra unidad de medida. Es la puerta de entrada a una revisión sobre qué son y para qué sirven nuestras carreras.

El tiempo como pregunta

Armar un plan de estudios alrededor del crédito obliga a sincerar primero el tiempo de estudio. Y no el tiempo que figura en los papeles, sino el tiempo total: el que pasa el estudiante en clase, en interacción con el docente, más el que dedica solo, por su cuenta. Ese segundo tramo solemos suponerlo.

El crédito nos obliga a mirar los dos con atención. ¿Qué hacemos realmente en cada uno de esos tiempos? O mejor: ¿qué nos proponemos hacer en las horas de clase y qué esperamos que hagan los estudiantes cuando trabajan solos? Son preguntas que dejan al descubierto un supuesto que rara vez ponemos en palabras. Creemos saber cuánto esfuerzo le pide una carrera a quien la cursa, y en realidad lo estimamos por inercia.

Del tiempo a las competencias

Esa primera pregunta arrastra otra más de fondo, que toca el corazón del diseño curricular. Si vamos a contar el tiempo, tenemos que poder decir cuánto hace falta para que un estudiante desarrolle las competencias que el título lo habilita a ejercer. Los alcances del título dejan de ser una fórmula que se redacta una vez y queda archivada. Pasan a ordenar toda la arquitectura del plan.

Y queda una tercera pregunta, tal vez la más difícil de todas. ¿Cómo se arma ese plan y cómo se enseña para desarrollar esas competencias sin diluir lo que hace propia a una disciplina ni lo que distingue a una institución de otra? Ahí está el equilibrio delicado. El sistema de créditos busca un lenguaje compartido, pero ese lenguaje no puede pasar por encima de la identidad de cada carrera y de cada universidad. Unificar la unidad de medida no debería significar homogeneizar la formación.

Macarena Lucero Schmidt - Univ. El Salvador

Un proceso que requiere acuerdos

Por todo esto, fijar el valor del CRE no es tarea para un equipo de gestión encerrado en un despacho. Implica trabajo conjunto y en todos los niveles del sistema:

  • Charlas con expertos, focus groups con estudiantes y graduados
  • Ejercicios de simulación dentro de cada carrera y entre carreras, con académicos, estudiantes y egresados discutiendo en la misma mesa
  • Revisar los sistemas de gestión académica y el calendario
  • Conversar entre universidades

Es, antes que nada, una construcción de acuerdos.

Ahí se juega la diferencia entre cumplir la norma y aprovecharla. Un CRE definido a puro cálculo administrativo va a ser un número más en los papeles. Un CRE construido sobre acuerdos institucionales puede convertirse en otra cosa: una herramienta para que el reconocimiento de créditos mejore la movilidad de los estudiantes entre carreras y entre universidades, acá y afuera.

La oportunidad

El SACAU se definió en el seno del sistema universitario y ahora las universidades argentinas tienen la chance de usar este proceso para hacerse preguntas que la rutina rara vez deja espacio para plantear. ¿Para qué formamos, cuánto tiempo y cuánto esfuerzo le pedimos a quien estudia con nosotros, y de qué modo enseñamos para que ese esfuerzo se transforme en competencias?

El crédito es la herramienta y a la vez la excusa para revisar a fondo nuestra manera de enseñar.

* Macarena Lucero Schmidt es Secretaria Académica de Planificación, Desarrollo y Gestión Curricular del Vicerrectorado Académico de la Universidad del Salvador.

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