El campo de u$s20 millones que Messi compró en Argentina donde produce yerba mate
Más allá de su trayectoria deportiva y de los negocios vinculados a su imagen, Lionel Messi también tiene inversiones en el campo argentino. Una de las más importantes es una estancia de 6.800 hectáreas en Corrientes, donde desarrolla actividades como ganadería, forestación, producción de arroz y yerba mate.
El establecimiento, conocido como "Rincón Chico", fue comprado en 2015 a través de su padre, Jorge Messi, y representó una inversión cercana a los u$s20 millones, convirtiéndose en una de las mayores apuestas inmobiliarias rurales del futbolista en la Argentina
Ubicado en la localidad correntina de San Carlos, cerca del límite con Misiones, el campo forma parte del patrimonio que Messi construyó fuera de las canchas y combina producción agropecuaria con una estrategia de inversión de largo plazo.
El campo de Messi en Corrientes que vale u$s20 millones
Según publicó el sitio especializado Diario Agrícola, la estancia "Rincón Chico" cuenta con unas 6.800 hectáreas y fue adquirida por Messi a través de su padre en 2015.
La operación representó una inversión cercana a los 20 millones de dólares, convirtiéndose en la compra de tierras más importante realizada por el futbolista dentro de la Argentina.
Además de este establecimiento, Messi posee otro campo en Entre Ríos, por el que habría pagado alrededor de u$s5 millones.
La propiedad correntina tiene una producción diversificada: incluye ganadería bovina, forestaciones, cultivos de arroz y yerba mate, una actividad que conecta con uno de los productos más asociados a la imagen pública del capitán argentino.
Por qué Messi apuesta por la tierra argentina
La adquisición de un campo de estas dimensiones no responde únicamente a una cuestión productiva. Para grandes patrimonios, la compra de tierras suele formar parte de una estrategia que busca preservar valor a largo plazo.
Se trata de activos físicos con disponibilidad limitada, capaces de mantener su atractivo económico durante décadas y funcionar como una alternativa frente a los cambios en los mercados financieros.
En ese sentido, los campos aparecen como una herramienta de diversificación para inversores que buscan reducir la exposición a instrumentos tradicionales. La tierra no solo genera ingresos mediante actividades productivas, sino que también representa un recurso cuya oferta es limitada.
Frente a escenarios donde monedas como el dólar pierden poder adquisitivo por efecto de la inflación internacional, los activos reales ganan protagonismo como refugio patrimonial.
La tierra agrícola, un recurso estratégico para el futuro
Más allá de una estrategia para proteger patrimonio, la compra de campos también responde a una lógica vinculada al valor futuro de los recursos naturales.
La tierra agrícola dejó de ser vista únicamente como un activo productivo. Para grandes inversores, representa un recurso limitado y estratégico en un contexto donde la demanda mundial de alimentos continúa creciendo.
Las proyecciones internacionales anticipan que la población global seguirá aumentando durante las próximas décadas. En ese escenario, la capacidad de producir alimentos, contar con disponibilidad de agua y administrar tierras productivas adquiere una relevancia económica cada vez mayor.
Por eso, las inversiones rurales combinan dos objetivos: preservar capital a largo plazo y participar de un sector considerado clave para la economía mundial.
Un campo que combina producción y patrimonio
La estancia Rincón Chico reúne dos dimensiones: funciona como una unidad productiva dentro del agro argentino y, al mismo tiempo, representa una apuesta patrimonial basada en un recurso limitado.
A más de una década de la compra, el establecimiento correntino continúa siendo una de las inversiones menos conocidas de Messi fuera del fútbol y un ejemplo de cómo las grandes fortunas incorporan activos reales para proteger su capital a largo plazo.
El campo refleja además una tendencia que se repite entre inversores de alto patrimonio: apostar por sectores vinculados a recursos esenciales, con capacidad de sostener valor incluso en escenarios económicos cambiantes.