Escala la tensión en Pauny y los trabajadores no descartan tomar la fábrica de tractores
Puntos importantes
La crisis de la fabricante de tractores Pauny dejó de ser una preocupación puertas adentro de una fábrica para convertirse en un problema que atraviesa a toda una ciudad.
En Las Varillas, Córdoba, la histórica marca de tractores atraviesa horas de extrema tensión después de que fracasara la negociación entre los trabajadores y los propietarios para encontrar una salida a la deuda salarial que mantiene la compañía con sus empleados.
La audiencia celebrada este lunes terminó sin acuerdo y sin una propuesta concreta para cancelar los haberes pendientes. Los operarios acumulan tres quincenas sin cobrar y, ante la falta de respuestas, la posibilidad de tomar las instalaciones de la fábrica comenzó a circular desde la mañana como una de las alternativas que se manejan para profundizar el reclamo.
El malestar ya había desbordado el ámbito laboral. Desde temprano, trabajadores, familiares y vecinos se acercaron para acompañar a los operarios. La llegada de los propietarios a la audiencia estuvo marcada por momentos de tensión, con insultos y lanzamiento de agua contra uno de los empresarios. Más tarde, el conflicto tuvo otro episodio cuando la vivienda de uno de los dueños fue escrachada con pintadas en el frente, el portón del garaje y la calzada. Entre las consignas escritas apareció una particularmente agresiva: "Hijo de puta, chorro".
En el lugar intervino personal policial para constatar los daños. La situación refleja hasta qué punto la crisis de la empresa comenzó a alterar la convivencia en una localidad donde Pauny representa mucho más que una fuente de empleo.
Uno de los datos que mejor expresa el deterioro de la situación es lo ocurrido el viernes pasado. En medio de los reclamos por los salarios atrasados, la empresa depositó apenas 100 mil pesos a cada trabajador. Una cifra insignificante frente a las obligaciones que deben afrontar los operarios y sus familias, que llevan semanas esperando cobrar por el trabajo realizado.
Desde la empresa, la respuesta que reciben es que no hay plata. Sin embargo, las cuentas de los hogares siguen llegando, al igual que los gastos de alimentación, alquiler, servicios, transporte y educación. En algunos casos, los trabajadores ya no tienen margen para seguir esperando.
Las Varillas organiza una colecta para más de 400 familias
La dimensión social del conflicto quedó expuesta con una iniciativa que surgió desde la propia comunidad. Bajo la consigna "Las Varillas abraza a las más de 400 familias trabajadoras de Pauny", vecinos de la localidad pusieron en marcha una colecta solidaria para reunir alimentos y artículos de primera necesidad.
La campaña recibe alimentos no perecederos, leche, artículos de higiene personal, productos de limpieza y pañales. Para reunir las donaciones se habilitó un garaje particular, ofrecido especialmente para esta iniciativa.
"Hoy muchas familias trabajadoras de nuestra ciudad están atravesando un momento muy difícil", explicaron los organizadores en la convocatoria, donde remarcaron que detrás de cada operario hay hogares, hijos y necesidades que no pueden esperar a que se resuelva el conflicto empresarial.
"No importa si tu aporte es grande o chico. Todo suma", agregaron.
La postal es particularmente significativa para una ciudad que construyó buena parte de su identidad alrededor de la actividad metalúrgica. La misma comunidad que durante décadas acompañó el crecimiento de la fábrica ahora intenta ayudar a sus trabajadores a cubrir necesidades elementales. La crisis industrial se transformó así en una emergencia que alcanza a cientos de hogares y moviliza a vecinos que no tienen relación directa con la empresa.
Una deuda enorme y una fábrica que vende cada vez menos tractores
La situación salarial es apenas una de las manifestaciones de un problema financiero y comercial mucho más profundo. Pauny acumula compromisos financieros por aproximadamente $32.000 millones, de acuerdo con los registros relevados.
La mayor parte de esa cifra corresponde a deudas bancarias, que rondan los $30.800 millones y tienen al Banco Nación entre sus principales acreedores. Solo a esa entidad, se le adeudan más de 20 mil millones de pesos y la deuda ya es categoría 2, es decir, de riesgo. A ese pasivo se suman más de $1.000 millones correspondientes a 146 cheques rechazados. El más sensible de los acreedores es el proveedor de energía: a la cooperativa eléctrica de Las Varillas se le adeudan más de 500 mil dólares y el riesgo de corte es inminente.
La situación también se refleja en los niveles de actividad. Durante sus mejores años, Pauny llegó a fabricar y entregar entre 180 y 200 tractores por mes. La empresa había logrado posicionarse entre las principales marcas del mercado argentino y durante cuatro años consecutivos llegó a liderar los patentamientos de tractores.
Pero ese escenario quedó muy atrás. En septiembre de 2026, según los registros de ACARA, se patentaron apenas 24 tractores de la marca. En el acumulado del año se contabilizaban 316 unidades, un retroceso del 28% respecto de 2025, que ya había sido un período negativo.
La caída de las ventas complica la posibilidad de generar los recursos necesarios para sostener la estructura industrial, pagar a los proveedores y cumplir con las obligaciones financieras y laborales. En ese escenario, la incertidumbre también alcanza a los trabajadores de las dos instalaciones de la empresa, la fábrica principal y la fundición.
Pauny sostiene además una red de entre 30 y 40 pequeñas industrias de la zona que producen componentes para sus tractores. Se trata de empresas que fabrican llantas, caños de escape, piezas plásticas, bulones, mangueras hidráulicas y otros elementos necesarios para completar los equipos. Si la terminal reduce su producción o deja de pagar sus compromisos, esas firmas también pierden actividad y acumulan problemas financieros.
Los tractores chinos y una competencia que cambió el mercado argentino
Detrás del deterioro comercial de Pauny aparece un fenómeno que está modificando rápidamente el mercado de maquinaria agrícola argentino: el crecimiento de los tractores importados, particularmente los provenientes de China.
La apertura comercial y la llegada de equipos asiáticos a precios muy inferiores a los de las marcas tradicionales están alterando las condiciones de competencia para los fabricantes nacionales. De acuerdo con los últimos registros de patentamientos, casi uno de cada cinco tractores vendidos en Argentina tiene origen asiático, con predominio de las marcas chinas.
El diferencial de precios es uno de los factores determinantes. Muchos de esos equipos llegan al país a valores cercanos a la mitad de los que cuestan los tractores de fabricantes tradicionales o de producción nacional.
La diferencia no pasa inadvertida para los productores agropecuarios, que en un escenario de costos elevados y márgenes ajustados encuentran en esas alternativas una posibilidad de renovar sus equipos con una inversión considerablemente menor.
La tendencia también se observa en la propia zona de influencia de Pauny. Un concesionario de la región que anteriormente comercializaba tractores de la marca cordobesa incorporó equipos chinos Lovol y le quitó una buena parte del mercado a los Pauny.
De Zanello a Pauny, la historia de una fábrica que volvió a levantarse
La dimensión de lo que está ocurriendo se entiende mejor cuando se repasa la historia industrial de Las Varillas. Pauny no surgió de la nada. Su origen está directamente vinculado con Zanello, una de las fábricas de tractores más emblemáticas que tuvo la Argentina.
Fundada por los hermanos Carlos y Luis Zanello, la compañía llegó a convertirse en una referencia de la industria nacional de maquinaria agrícola. Su especialidad fueron los tractores de gran potencia, una categoría en la que consiguió desarrollar productos reconocidos por productores de distintas regiones del país.
El momento de mayor esplendor llegó en 1984, cuando la fábrica alcanzó una producción de 6.018 tractores. Durante aquellos años, Zanello representaba una parte fundamental del entramado industrial de Las Varillas y generaba empleo directo e indirecto para una porción importante de la población.
Sin embargo, los cambios económicos, la apertura comercial y las dificultades financieras que atravesó la industria nacional durante los años noventa terminaron debilitando a la compañía. La crisis se profundizó a comienzos de los 2000 y Zanello terminó en quiebra en 2001.
Pero la historia no terminó allí. Parte de los gerentes de la empresa, trabajadores, concesionarios y autoridades municipales comenzaron a trabajar en una alternativa para recuperar las instalaciones y reactivar la producción. Primero alquilaron la planta con apoyo de los gobiernos municipal y provincial y posteriormente consiguieron adquirirla en un remate.
Así nació Pauny S.A., que comenzó formalmente sus actividades el 2 de enero de 2002. El proyecto permitió recuperar la fabricación de tractores en Las Varillas y conservar una capacidad industrial que parecía destinada a desaparecer.
La compañía también consiguió exportar a Paraguay y llegó a posicionarse durante varios años entre las marcas líderes del mercado argentino. En sus mejores temporadas volvió a superar las 2.000 unidades anuales. En 2014, incluso, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner participó por videoconferencia del lanzamiento de un nuevo modelo de la fábrica cordobesa.
Por eso, lo que sucede hoy tiene una carga simbólica que excede a la propia empresa. La fábrica que nació de la recuperación de una compañía quebrada, gracias al esfuerzo de trabajadores, directivos y actores de la comunidad, vuelve a enfrentar una situación límite.