Una ruta argentina provoca un problema ambiental que afecta a Bolivia
Una obra vial construida en Formosa dificulta un recorrido natural de cientos de kilómetros. Qué pasa con los peces y qué preocupa a los especialistas
Una ruta construida en el norte argentino hace casi tres décadas se convirtió en el centro de una preocupación ambiental que trasciende las fronteras del país. Se trata de la Ruta Provincial 28, en Formosa, cuyas estructuras hidráulicas dificultan la migración de peces que recorren cientos de kilómetros por la cuenca del río Pilcomayo hasta llegar a Bolivia.
El problema afecta especialmente al sábalo, una especie de enorme importancia para la alimentación y la economía de distintas comunidades del Gran Chaco. Durante su recorrido migratorio, estos peces deben superar compuertas, desniveles y corrientes turbulentas que, según especialistas, pueden impedirles continuar el viaje e incluso provocarles lesiones o la muerte.
La situación fue documentada en una investigación publicada por Mongabay Latam, que reunió testimonios de investigadores argentinos, especialistas bolivianos y pescadores de la región. Aunque la construcción de la ruta comenzó en 1998 y terminó en 2012, sus consecuencias sobre la conectividad del sistema fluvial siguen generando preocupación.
La ruta argentina que dificulta la migración de peces hacia Bolivia
La Ruta Provincial 28 atraviesa el Bañado La Estrella, uno de los humedales más importantes de la Argentina. En ese sector existe un sistema de terraplenes y estructuras hidráulicas que permite regular el ingreso y la circulación del agua proveniente del río Pilcomayo.
Sin embargo, esas instalaciones también representan un obstáculo para los peces migratorios. El sábalo puede recorrer hasta 600 kilómetros durante aproximadamente cuatro meses, desplazándose desde sectores de Paraguay y el norte argentino hacia el Chaco boliviano.
El inconveniente aparece especialmente durante la temporada de lluvias, cuando aumenta el caudal y los peces intentan remontar el río. En ese momento encuentran estructuras de cemento y corrientes de agua que dificultan su avance.
El biólogo argentino Claudio Baigún, investigador del CONICET consultado por Mongabay Latam, explicó que uno de los vertederos presenta una pendiente cercana a los 25 grados. Además, la escasa profundidad y la turbulencia que se genera en su base complican todavía más el paso de los peces. Aunque en 2022 se construyó un tramo paralelo de aproximadamente 900 metros elevado sobre pilotes, las estructuras hidráulicas que interfieren en la migración permanecieron en funcionamiento.
Por qué preocupa a Bolivia y qué sucede con el sábalo
El impacto de estas obras no se limita al territorio argentino. En Bolivia, el sábalo constituye un recurso alimentario, comercial y cultural fundamental para comunidades indígenas, entre ellas el pueblo Weenhayek, que mantiene una relación histórica con la pesca en el río Pilcomayo.
La bióloga Ludmila Pizarro, de la Universidad Mayor de San Andrés, visitó el Bañado La Estrella en julio de 2026 y observó que las compuertas y el terraplén continuaban dificultando el desplazamiento de los peces.
Según los datos históricos citados por la especialista, la pesca anual de sábalo en Bolivia pasó de alrededor de 1.800 toneladas durante la década de 1980 a unas 40 toneladas en 2022. Sin embargo, no está demostrado que esa disminución se deba exclusivamente a la ruta, ya que también intervienen factores como los cambios en el caudal, la sedimentación, la contaminación y la presión pesquera.
Los pescadores de Villa Montes, en Bolivia, también describen cambios en el tamaño de los ejemplares. Algunos aseguran que actualmente encuentran sábalos más pequeños que décadas atrás, aunque todavía faltan estudios para establecer las causas de esa transformación.
Qué soluciones proponen para recuperar el paso de los peces
Los especialistas consideran necesario revisar el funcionamiento de las estructuras hidráulicas y buscar alternativas que permitan compatibilizar la regulación del agua con la migración de las especies. Entre las posibles medidas aparecen la construcción de pasos o escaleras para peces, modificaciones en los vertederos y una gestión de las compuertas que facilite el desplazamiento durante determinados períodos del año.
Pizarro también propone avanzar hacia una mesa técnica entre Argentina, Bolivia y Paraguay, los tres países vinculados por la cuenca del Pilcomayo, para estudiar el problema de manera conjunta. El desafío consiste en preservar las funciones hidráulicas del sistema sin interrumpir los procesos naturales del humedal. Para eso, los investigadores consideran fundamentales nuevos estudios que permitan medir el impacto de cada estructura y diseñar soluciones adecuadas.
Así, una obra vial que comenzó a construirse en Formosa en 1998 plantea hoy un desafío que excede al transporte: cómo mantener la conectividad de un ecosistema compartido por tres países y proteger una especie de la que dependen miles de personas.
Foto: Tencho / Wikimedia Commons.