Denuncian al Gobierno de Mendoza por siembra de nubes y riesgos de modificar el clima
Es por el uso de aviones que dispersan sustancias químicas en tormentas para combatir el granizo. Faltan certezas sobre sus efectos a largo plazo
La utilización de aviones para intervenir artificialmente en las tormentas quedó en el centro de la discusión ambiental en Mendoza, donde el sistema de lucha antigranizo utiliza desde hace décadas la denominada siembra de nubes, una técnica que consiste en introducir sustancias químicas en determinadas formaciones nubosas para modificar sus procesos de precipitación.
La polémica tomó fuerza luego de que la especialista ambiental Cecilia Sustersic confirmara, en una entrevista con Radio Regional, que existe una denuncia contra el Gobierno provincial por las intervenciones realizadas durante una tormenta que afectó a San Luis en enero de 2025.
Según explicó, los aviones contratados por los municipios mendocinos de San Rafael y General Alvear habrían intervenido durante varias horas sobre el mismo sistema de tormentas que posteriormente avanzó hacia territorio puntano. Sustersic sostuvo que la intervención habría intensificado el fenómeno meteorológico y contribuido a la violencia del temporal.
La especialista afirmó que los propios pilotos habrían reconocido que la tormenta se les había ido de las manos. Sin embargo, esa relación causal entre la siembra de nubes y la intensidad del temporal constituye una denuncia que todavía requiere pruebas meteorológicas y periciales para ser confirmada, según La Política Ambiental.
¿Qué es la siembra de nubes y cómo funciona?
La siembra de nubes es una técnica de modificación artificial del tiempo atmosférico que busca intervenir en determinados procesos físicos que ocurren dentro de las nubes.
Uno de los compuestos más utilizados es el yoduro de plata, una sustancia cuya estructura cristalina se asemeja a la del hielo. Al introducirlo en nubes que contienen agua sobreenfriada —gotas que permanecen líquidas pese a encontrarse por debajo de los cero grados— se busca favorecer la formación de cristales de hielo.
En Mendoza, el procedimiento se realiza mediante aviones equipados con bengalas que dispersan el compuesto dentro de las tormentas. También existen generadores instalados en tierra que liberan aerosoles para que las corrientes de aire los transporten hacia las nubes.
El objetivo del sistema antigranizo es generar una mayor cantidad de pequeños cristales de hielo que compitan por el agua disponible dentro de la nube. De esa manera, se intenta reducir el tamaño de las piedras de granizo y disminuir los daños sobre las zonas agrícolas.
Sin embargo, la técnica no permite controlar una tormenta ni garantizar que el granizo desaparezca. Su resultado depende de las condiciones atmosféricas, el tipo de nube y el momento en que se realiza la intervención.
Mendoza utiliza esta tecnología desde hace décadas
La provincia cuenta con uno de los programas de lucha antigranizo más antiguos del país. Sus antecedentes se remontan a 1959, cuando comenzaron las primeras experiencias para reducir los daños que provocan las tormentas sobre los cultivos.
En 1998, la Legislatura provincial sancionó la Ley 6.638, que creó un programa de investigaciones técnico-científicas aplicadas al diagnóstico y la modificación artificial del tiempo atmosférico.
La normativa no solamente contempla la utilización de estas tecnologías: también establece obligaciones de control. Su artículo 8 dispone que el Poder Ejecutivo debe realizar auditorías técnicas mediante organismos científicos especializados y elaborar informes sobre la eficacia de los sistemas de lucha antigranizo.
Esos informes deben estar disponibles para los interesados y servir como fundamento para decidir si corresponde mantener los programas y establecer las condiciones de futuras licitaciones.
Este punto resulta central para el debate actual: la continuidad de una tecnología que interviene en procesos naturales requiere información pública, evaluaciones independientes y estudios que permitan conocer tanto sus resultados como sus posibles consecuencias.
Aviones, bengalas y miles de intervenciones sobre las tormentas
La utilización de esta tecnología no es una posibilidad futura: existen operaciones documentadas en territorio mendocino.
Durante la campaña 2024-2025, el sistema de defensa activa del oasis sur fue adjudicado mediante licitación pública a A Fondo Group S.A., que trabajó junto a la empresa estadounidense Weather Modification International y con la colaboración técnica de Aerotec.
De acuerdo con los datos publicados por la Municipalidad de General Alvear, durante esa temporada se monitorearon 3.012 tormentas y se sembraron 45 núcleos considerados de alto riesgo de granizo, según La Política Ambiental.
Para realizar las operaciones se utilizaron dos aviones Beechcraft B200 Super King Air, equipados con radares meteorológicos y dispositivos para dispersar yoduro de plata.
El balance oficial informó:
- 61 vuelos realizados.
- 127 horas de operación acumuladas.
- 3.262 bengalas eyectables utilizadas.
- 584 bengalas de quema directa.
Las autoridades municipales destacaron los resultados del programa y señalaron que, de las 61.000 hectáreas cultivadas del oasis sur, unas 2.600 resultaron afectadas por el granizo.
Sin embargo, estos datos corresponden al balance presentado por los responsables del sistema. Para determinar cuánto de esa reducción se debe efectivamente a la siembra de nubes, resulta necesario contar con evaluaciones científicas que permitan comparar los resultados con lo que habría sucedido sin intervención.
El Gobierno nacional también habilitó la actividad
La discusión adquirió otra dimensión a partir de los cambios normativos impulsados durante el gobierno de Javier Milei.
En julio de 2024, el Poder Ejecutivo nacional aprobó el Decreto 599/2024, que incorporó expresamente la modificación artificial del tiempo atmosférico entre las actividades de trabajo aéreo.
La normativa contempla tareas de investigación y control meteorológico, siembra de nubes para incrementar las precipitaciones pluviales o níveas, dispersión de niebla y prevención del granizo.
Posteriormente, en mayo de 2026, la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) aprobó mediante la Resolución 313/2026 una nueva regulación para los requisitos de operación y certificación de estas actividades.
De esta manera, la intervención artificial de la atmósfera quedó contemplada dentro de las actividades aeronáuticas reguladas a nivel nacional.
Además, una investigación periodística publicada recientemente identificó seis sociedades comerciales que incorporaron la modificación artificial del tiempo atmosférico a sus objetos sociales: South American Weather Consultants, Lindera, Pacific Ocean, PS Logística y Servicios, Regional Air Aviation Services y Sundown Jet.
La aparición de estas empresas abre nuevos interrogantes sobre la expansión de una actividad que hasta hace algunos años estaba principalmente asociada con programas estatales de lucha antigranizo.
¿Puede provocar tormentas más violentas o impedir que llueva?
Uno de los principales cuestionamientos de las organizaciones que se oponen a la siembra de nubes es que la intervención podría alterar el comportamiento natural de las tormentas, modificar las precipitaciones y generar consecuencias sobre otras regiones.
En el caso denunciado por Sustersic, la hipótesis es que la intervención sobre una tormenta en Mendoza habría contribuido a intensificar el fenómeno que posteriormente llegó a San Luis.
Pero existe una diferencia entre la posibilidad física de modificar ciertos procesos dentro de una nube y la capacidad de controlar sistemas meteorológicos de gran escala.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) reconoce que la siembra de nubes puede modificar determinadas características de las precipitaciones bajo condiciones específicas. Sin embargo, advierte que no existe una tecnología capaz de crear sistemas nubosos que produzcan lluvia, modificar los patrones de circulación atmosférica o eliminar fenómenos meteorológicos severos a gran escala.
La organización también señala que las investigaciones sobre la siembra de tormentas de granizo todavía no son suficientes para confirmar de manera concluyente los fundamentos científicos y la eficacia de esta tecnología.
En relación con el yoduro de plata, los estudios publicados no encontraron impactos significativos sobre la salud humana o el ambiente en las concentraciones habituales de las operaciones analizadas. No obstante, la OMM recomienda evaluar los posibles efectos ambientales y sanitarios cuando se utilizan cantidades considerablemente mayores o nuevos agentes de siembra.
También reconoce que existen investigaciones que plantean posibles consecuencias no deseadas, incluidos efectos a sotavento y alteraciones ecológicas, aunque advierte que todavía necesitan mayor estudio.
Por eso, no existe fundamento científico suficiente para afirmar que la siembra de nubes provoque tornados, genere sequías o pueda controlar el clima de regiones enteras. Pero tampoco corresponde ignorar la necesidad de investigar sus efectos locales, evaluar los productos utilizados y garantizar controles transparentes sobre las operaciones.
Una discusión que excede a Mendoza
La controversia por la siembra de nubes vuelve a poner sobre la mesa una discusión fundamental: ¿hasta dónde pueden intervenir los gobiernos y las empresas sobre los procesos naturales y quién controla las consecuencias de esas intervenciones?
En una provincia donde la producción vitivinícola y frutícola depende en gran medida de la protección frente al granizo, las autoridades defienden el sistema como una herramienta para reducir las pérdidas económicas. Sin embargo, los cuestionamientos sobre su eficacia y sus posibles impactos requieren respuestas basadas en investigaciones independientes y datos públicos.
La denuncia vinculada con el temporal de San Luis vuelve especialmente importante conocer los registros de los vuelos, las sustancias utilizadas, las condiciones meteorológicas de cada intervención y los estudios que permitan determinar si existió alguna relación entre las operaciones y los daños denunciados.
La modificación artificial del tiempo atmosférico ya es una actividad regulada y practicada en Argentina. El desafío es garantizar que su utilización no quede exclusivamente en manos de quienes la ejecutan o contratan, sino que exista control científico, información pública y participación de las comunidades potencialmente afectadas.
Intervenir la atmósfera no es una cuestión menor: sus posibles consecuencias deben investigarse con rigor y no pueden quedar fuera del debate ambiental.